Escena 1: Me escapé a caminar una hora por la Ciudad de Panamá. Vía España se parece a una ciudad de verdad. Panamá siempre me ha dado la sensación de que hay mucho más mundo, más ritmo, más diversidad que en San José. Tal vez se deba a la influencia estadounidense, a un mirar (¿aspirar?) hacia el norte.

Escena 2: Varios hombres gritan a fuera de los buses. No les entiendo nada pero el barullo es espléndido. Muchos choferes suenan los pitos (valga el doble sentido, que aquí parece que no tienen sexo muy seguido, a juzgar por la necesidad compulsiva de sonar el pito del carro o el suyo propio). Los buses de colores llevan retratos pintados. Es una digna escena de tercer mundo.

Escena 3: El tráfico es horrible. El ruido es horrible. Es tan horrible que debo hacer una nota mental que dice: “sobreviví en Ciudad de México, puedo sobrevivir aquí”. Y sin embargo no. Había olvidado que los semáforos peatonales no existen en Panamá y que la cortesía tampoco. Los peatones no se atreven a hacer su “pequeña revolución” como he denominado a ese momento en el que una masa detiene el tráfico vehicular… aquí la pequeña revolución se convertiría rápidamente en un derramamiento de sangre y el triunfo de los motores.

Escena 4: Fracaso en mi intento de encontrar una librería. No tengo muy claro si camino en la dirección correcta y como siempre, hasta que no camino cierta distancia en una ciudad, no logro comprender en qué escala estaba el mapa. La escala es grande, se los garantizo. No alcanzo a llegar a Vía Brasil así que regreso, con el vaso de café Durán en la mano, con toda la pinta de turista.

Escena 5: Me silban. Varias veces me silban. Al parecer, al lado de esas morenas hermosas llenas de curvas que yo miro con envidia, mi ya-ni-tan-flaca silueta y mi piel blanca aquí son sensación. Tal vez sea por la camiseta de Debian Women que llevo puesta. No encuentro otra explicación.

Escena 6: Regreso al hotel. Pido una plancha para mi ropa de mañana y para mi sorpresa (pobre, aún esperaba algo de este hotel de 5 estrellonazos) no hay. No diré el nombre, porque la puerta no tiene cierre de seguridad y las ventanas no trancan. Por seguridad, reservaré el dato para cuando haya salido de aquí sana y salva con todas mis pertenencias.

Tienda de discos, Mall San Pedro

Se me antoja comprar un disco. El acetato de OK Computer de Radiohead. Me encantaría escuchar el OK Computer como nunca lo he escuchado en la vida: con los detalles que sólo un disco de acetato permite.
Se me antojan otros. Uno de Calamaro, uno de Norah Jones y muchos otros que a Costa Rica nunca traen (uno de Andrew Bird, por ejemplo).

Pero cuando le doy vuelta al disco y miro la leyenda con sello del FBI, que amenaza con todo tipo de multas y días de cárcel a quien infrinja el copyright, el asco se apodera de mí y me pregunto cuál es la salida. ¿Seguiré escuchando los éxitos del 2005? ¿No compraré un disco nunca más para no apoyar esta industria usurera y maldita? Porque el problema, es que tampoco descargo música… de verdad ando con los éxitos del 2005 o con canciones que conseguí antes de decidir no hacer trampa. Y ya no es sostenible.

¿Por qué trampa? Porque nunca he respetado la resistencia que no renuncia a algo. No vamos a cambiar a la industria discográfica si seguimos comprando discos, pero tampoco si seguimos bajando música de forma ilegal. Las leyes no se cambian porque muchas personas las infrinjan, sino porque demostremos que son injustas y estúpidas ¿o estoy equivocada? La verdad, en este tema no sé cuál es la salida. Hasta nuevo aviso, no compraré ni un disco.

……………………..

Comprar madera y vidrio

Es sábado. No tengo otro día disponible para comprar un vidrio que quebré y las tablas para mi cama.

Me niego a ir a EPA, la superferretería gigante que acabó con muchas mini ferreterías. Me voy a un depósito de maderas en San José y está cerrado. Los constructores no trabajan los sábados por la tarde y no soy mercado meta para este tipo de lugar. Entonces, me dirijo al lugar donde alguna vez compré unos vidrios y me trataron extremadamente bien (hago esas listas en mi cabeza, siempre). El lugar ya no existe. De nuevo, uso el mapa de la ciudad de hace un año y medio. Cuando estaba en México quería ir a imprimir a Rococó. Rococó se quemó hace años y esta semana volví a ir a buscar al muchacho amable de ojos verdes, para imprimir camisetas… porque soñé que la habían vuelto a poner donde antes estaba… Y no, sigue sin existir, igual que tantas cosas que no están donde las dejé. Soy derrotada y me voy a EPA.

Miro a los vendedores. Los jóvenes son los más hábiles y serviciales. Me pregunto si los demás son antiguos ferreteros que ahora lavan ajeno. Tal vez eran empleados de otras ferreterías. Tal vez les guste trabajar aquí ¿quién sabe? Me atienden bien y ni modo. Obtengo mis tablas y me toca aceptar, que los demás negocios desaparecerán ante estos modelos tipo Walmart.

El vidrio, sigue en la lista de tareas.

…………………….

De nuevo, me ataca la idea de hacer grafittis o pegar letreros en el carro.

CONAVI Consejo Nacional de Vidas Infelices

Cada viernes, para no decir todos los días, miles de personas envejecemos, somos más infelices, nos sentimos miserables, frustradas… faltamos a las citas, no llegamos a tiempo a ver al sobrino antes de que se duerma, no llegamos al banco a tiempo, quedamos mal con los amigos, nos ponemos de mal humor, puteamos al gobierno incansablemente, sabiendo que no pasa nada.

En Heredia, la tierra de los carriles reversibles, se puede medir la infelicidad a cucharadas. En La Uruca, hasta los postes de luz se preguntan ¿para cuándo un puente de este a oeste en el cruce de circunvalación? ¿por qué será que los puentes sólo están del otro lado, que lleva invariablemente a Escazú y afines? ¿qué tienen de inteligente los semáforos, frente a la inteligencia de los traileros y su nula consideración con los demás?

Infelicidad, así se llama eso que todos los días, a toda hora, es resultado de la ineficiencia, negligencia y del desvío de los fines del CONAVI. Concesionar carreteras… ¿cómo no?

Lo que es peor… revisando en su sitio web, me encuentro con esta sorpresa:

Asimismo, establece que el CONAVI debe ser administrado por el Consejo de Administración como máximo órgano directivo de la organización; el cual esta integrado de la siguiente manera:

  1. El Ministro de Obras Públicas y Transportes –quien lo preside-.
  2. Dos representantes del Ministerio de obras publicas y Transportes (MOPT)
  3. Un representante de las municipalidades.
  4. Un representante de la Asociación de Carreteras y Caminos de Costa Rica
  5. Dos representantes de la Unión de Cámaras y Asociaciones de la Empresa Privada.

Me pregunto:
¿Qué hacen dos representantes de la empresa privada en el CONAVI?
¿Cómo se eligen esos miembros? ¿quiénes son?
¿Por qué la UCCAEP y no otra?

Con razón la única palabra que conoce el CONAVI ahora es concesión. Adivinemos a quién se le ocurrió.

Next Page »