Renqueamos de la rodilla izquierda
De la elección de ayer, hay muchas lecturas posibles y sin rmbargo, ningún análisis podrá determinar cómo fue que sucedió este desastre. Ningún análisis explicará, porque doña Jenny decidió salir a votar a las cinco de la tarde. Ni por qué la gente de transportes del PAC en la Escuela Roosevelt no quiso hacer el esfuerzo extra para llevarla a Alajuelita, aún cuando no alcanzara el tiempo, como comprobamos al llegar a la puerta de la escuela. Ningún análisis podrá decir dónde está el 48% que votó por el NO; si se unieron a Otto Guevara porque su oposición al TLC era un asunto de rechazo a los Arias; si se unieron a Laura Chinchilla porque piensan que ya todo está perdido; o si se quedaron en la casa como hoy pienso que debimos hacer muchos y muchas de nosotros.
Leo esa última frase y me pregunto si de veras pienso que debimos quedarnos en casa. ¿Viendo el circo por la televisión o comiendo pizza en la cama? “Demokracia: ese muerto no lo cargo yo”, decía un ataúd ficticio que llevaban los anarkos en una manifestación pequeña en San Pedro. Me pregunto entonces cuáles muertos cargaremos.
Lo cierto, es que el mal sabor de esta elección no se parece en nada a la devastación del 8 de octubre de 2007. En nada. Ayer no hicieron fraude. Ayer el 70% de los electores activos del país eligió ir hacia la derecha; un veintialgo por ciento decidió quedarse en el centro contradictorio -en cuenta los que sabemos que desgraciadamente, hacia la izquierda no había ninguna otra opción viable ni más decente que la del PAC- y un porcentaje menor pero importante que decidió apoyar al PASE. La izquierda quedó donde estaba hace diez años, detrás de un cero y una coma.
Entonces ¿qué queda?
Por una parte, hay que asumir que vivimos en un país conservador, temeroso del cambio. También habrá que asumir, que quienes se atreven al cambio, van estrepitosamente hacia la derecha que los seduce con sus mensajes simplistas de menos impuestos y mano dura contra la delincuencia. Puras soluciones light.
También hay que aceptar, que el individualismo ha regresado para quedarse. Atrás quedaron las articulaciones comunitarias del movimiento dle NO y nuevamente cada quien medita su voto ¿medita? de acuerdo con lo que se supone, le conviene más en su ámbito más personal. Nada más. Si el gobierno concesiona las carreteras y los puertos, a mí lo que me importa es llegar a Caldera en media hora, porque de todas maneras, no voy ni tan seguido y no me cuesta tan caro ese peaje una vez cada seis meses. Si concesionan la de San Ramón, tampoco me importa que haya gente que quede incomunicada ni que se me viole el derecho al libre tránsito, porque seguramente debe haber caminos vecinales que pueda usar la gente que no puede pagar. Los que los necesitan, que los busquen. A mí me preocupa que no se dañen las llantas de mi 4×4. Nada más.
Y entonces, tenemos dos opciones. No se me ocurren más alternativas que sean legales y estén dentro del marco de la institucionalidad democrática aceptado.
Una, es el valeverguismo (perdonen mi español). Sea que lo justifiquemos diciendo: “por ese montón de mulas yo ya no muevo un dedo, si quieren comer m… que se la coman sin mi ayuda” o diciendo: “el pueblo ya eligió y la voz del pueblo es la voz de dios y la verdad, debemos aceptar que eso quiere la mayoría”, podemos ir a encuevarnos en una cómoda posición que nuevamente sería la mejor muestra de individualismo.
La otra, es asumir que el espacio de incidencia y cambio posibles no está ni estará en el ámbito político-electoral. Lo teníamos bastante claro antes de que nos metieran a organizar un referendo para el CAFTA y podríamos tenerlo claro ahora. La mayoría quiere ir hacia la derecha -aunque de esa gente haya un gran sector que no sabe qué dice el contrato que firmó ayer- pero las minorías seguimos teniendo derechos que debemos defender.
La primera opción no me interesa ni pensarla. La segunda, tiene a su vez varias vertientes posibles y es ahí donde ya sabemos que perderemos la fuerza y la potencialidad de logro. Esos espacios de incidencia serán más o menos radicales, más o menos eficaces, más o menos desgastantes.
En lo personal, creo que no hay espacios en medio. O se continúa por la vía institucional, tratando de organizar iniciativas reales, fuertes, coordinadas y legales que generen mecanismos de auditoría, participación y un verdadero espacio para la rendición de cuentas por parte de nuestros representantes; o se toma la ruta hacia la confrontación violenta con el poder hegemónico de los hermanos Arias y los autores intelectuales de su gestión gubernamental. Aquel espacio de gritar consignas y caminar por San José para acudir a una tarima donde alguien recitará el mismo discurso gastado, amenizado por la ilusión de que el pueblo unido jamás será vencido, está agotado. Ya no sirve para nada de lo que sirvió en el pasado, aunque mucho le debamos a esa gente que no ha dejado de levantar su puño en alto.
La vía institucional puede convertirse en rendición. La vía confrontativa puede convertirse en un suicidio simbólico pero también real.
No sé ustedes ¿cómo lo ven?
No sea bruto, vote por Chiricuto
Últimamente no he tenido tiempo de escribir ni de asomarme a los registros para saber si alguien lee en esta pizarrita donde pongo las ideas. No importa mucho si leen o no, pero cuando leen y comentan, me demestran que lo que he dicho es mentira. Tengo un post escrito quién sabe en cuál compu, donde hablo de la campaña tan lamentable… pero ya ni sé cómo recuperarlo. Así que esto es lo que sale sobre el tema.
Acabo de leer el post de Cristian. Dice muchas de las cosas que he tenido atragantadas todos estos días, sobre todo, acerca del problema que implica votar por Laura Chinchilla (lo de que cae bien, pues no lo comparto, yo la tengo en mis pesadillas) .
El caso es que hasta hace una semana, hacer el berrinche de decir que por Ottón jamás votaré de nuevo porque es un traidor y un cobarde… ya no me queda. Porque toca votar y toca hacerlo dentro de unas pocas horas. Y porque estamos enfrentados a un problema serio en este país. La papeleta da ganas de llorar -y no dudo que salga con lágrimas de la mesa de votación- y la situación política es realmente lamentable. Pero quedarnos en la casa no es una opción y tampoco votar nulo -a menos que no nos importe favorecer que Chinchilla alcance el 40%- de manera que hay que asumir la realidad: el menos malo es Ottón y nos pese cuanto nos pese, nos duela como nos duele el papel que ha hecho la mayoría de la fracción del PAC, critiquemos cuanto critiquemos que uno de los supuestos líderes del NO saliera huyendo a Estados Unidos cuando más necesitábamos de alguien que diera la cara… a pesar de todo eso, sigue siendo el menos malo y el menos malo es lo que hay.
De nada sirven los berrinches míos, ni los de esos que dicen que no votemos nunka más. No votaremos nunca más cuando tengamos otro sistema político que nos asegure algo mejor que lo que la democracia nos ofrece (o lo que le arrancamos a regañadientes) y este sistema no se caerá con grafittis, pedradas, pañuelos en la boca y puños en alto. Si vamos a disentir, dejémonos de habladas y hagámoslo. Y si no estamos dispuestos, entonces dejemos de pegar gritos como bebés, que ya estamos grandecitos.
Mi voto por diputados, no lo pienso dos veces: será por el Frente Amplio porque es el partido de Merino y es donde está Eva. Tampoco por mucho más y de ese tema no quiero ni hablar. Y para presidente, aunque me duela y me retuerza, le pondré una equis a Ottón Solís. No hay de otra y la decisión es ahora.
Iba a decir que quién sabe por qué, me da por escribir estas cosas para el año nuevo… pero claro que se sabe por qué. Si todos tuviéramos una música propia, más o menos como el estilo de personalidad expresado en canciones, las mías serían tangos o rancheras (de las de antes, que a estas alturas de la vida ya no cae nada bien el machismo).
El caso es, que todos tenemos nuestro ritmo y nuestra manera de ver la vida. Yo por ejemplo, soy increíblemente afortunada, porque tengo el amor repartido en un archipiélago y puedo ir de isla en isla a dar abrazos y a recibirlos. Pero a la vez, me da por entristecerme en estos días, de tanto extrañar a la gente que más quiero. No es sencilla la vida sin tener tierra firme donde poder compartir con todos a la vez, pero al mismo tiempo, qué felicidad tan grande saber que hay un pedacito de tierra sembrada en tantos lugares.
Aquí es donde seguiría una larga retahíla pseudofilosófica acerca de la vida, el amor y París en primavera… pero resulta que este año, no sé muy bien ni dónde estoy parada ni hacia dónde navegan los barcos. Regresé hace poco de México, porque una cosa es que aterrice el avión y otra cosa es que aterricen mis pies… ahora tengo un sobrino hermoso que necesita de su mamá, de sus tíos, de los amigos, de los abuelos y que no cuenta con su papá, lamentablemente. Tengo un trabajo formal que me obliga a centrarme y a ponerme un poco más seria de lo que planeaba… y estoy en proceso de buscar una casa dónde vivir, dónde escribir, dónde tratar de reencontrarme con los amigos y amigas, porque muchos de ellos están tan lejos como si siguieran separándonos miles de kilómetros y porque falta acomodar qué pasó en esos 365 días y a dónde nos han llevado nuestros caminos propios. Y tocará aceptar, que en algunos casos, esos caminos ahora son paralelos, pero no son el mismo.
El 2009 fue un año maravilloso pero también muy fuerte. La cantidad de acontecimientos y tesoros que encontré, aún no los he podido asimilar. Algunos de esos tesoros, siguen estando aquí conmigo aunque estemos lejos, porque la distancia no puede separar ni romper si no la dejamos… pero algunos tesoros los perdí, por estar viendo hacia el lado equivocado… o fue necesario dejarlos sembrados para que echen raíces tierra adentro (que no enterrados). Hay que aceptar que existen momentos, lugares y circunstancias para todo y que muchas veces, no basta con encontrar el lugar que nos hace decir “de aquí soy”.
Así que no hay mucho qué decir. Los deseos de año nuevo siempre los repetimos, y hacemos listas con los propósitos como si fuera cosa de pedirle deseos a un santo. Yo creo que ya está bueno de hacernos los mensos.
Al menos yo, ya no tengo muchas nubes que me disfracen el panorama y no tengo excusas para no hacer las cosas que me hacen feliz. Entonces, en lugar de pedir deseos de año nuevo, intentaré dedicarme a ser feliz, sin más drama. Tal vez lo consiga, tal vez no, pero el tiempo no para y los aviones tampoco.
