Seamos Tierra Buena y Fértil
Era una lección inaugural para estudiantes de estudios generales, pero a los estudiantes no los dejaron pasar. Igual nos colamos (yo, doblemente colada porque no gozo de mi derecho a la universidad estatal).
Afuera, la gente se peleaba, golpeaba puertas, vociferaba… y sin querer representábamos el mundo de los excluidos y los “elegidos”…
“Aquí esta mi casa abierta
Hay un plato por ti en nuestra mesa
Sombra de árbol para tu cabeza
Libro abierto tu vida mi puerta
La amistad no cuestiona tu credo
A la tierra le gusta que amemos
Sin distingos de culto y bandera”
(Guardabarranco, Nicaragua)
Era una lección inaugural para estudiantes de estudios generales, pero a los estudiantes no los dejaron pasar. Igual nos colamos (yo, doblemente colada porque no gozo de mi derecho a la universidad estatal).
Afuera, la gente se peleaba, golpeaba puertas, vociferaba… y sin querer representábamos el mundo de los excluidos y los “elegidos”, de los que se conforman y de los que luchan, de los que golpean para lograr su cometido y de los que aceptan que algunas cosas no son posibles, al menos no cuando queremos. Después de todo, Leonardo Boff, consecuente como es, ofreció dar otra charla mañana para los estudiantes, los excluidos, los protagonistas de su visita que al final fueron solamente la excusa.
Adentro había muchas cámaras, mucha gente. Adentro mío había cierta extrañeza. Mi compañero de las letras y los números también se preguntaba ¿por qué habrá venido tanta gente?. Y sí, era extraño y puede ser que hasta fuera sospechoso: ¿Qué buscábamos ahí tantas personas tan diversas? ¿Qué esperábamos escuchar?
Yo, al menos, escuché lo que esperaba y más aún, lo que necesitaba. Este hombre que ha dedicado su vida a pensar, a proponer y a hacer otros mundos posibles llenó mi alforja de alimentos para el camino a seguir. Las palabras tal vez no sean textuales, pero espero no haber hecho mal los apuntes.
Boff comenzó despacio, a recordarnos nuestra crisis de sentido en un mundo donde todo se ofrece en mercancías; donde se promueve la competencia y no la cooperación. Mencionó a dos autores que a su juicio, nos sirven para pensar nuestro momento: Max Weber y Friedrich Nietzche: ellos intuyeron la raíz de la crisis. Weber, porque describe una sociedad moderna funcionalista, marcada por la secularización, lo que llevó a un desencantamiento del mundo. Estamos -dijo Boff- en la era del desencanto… Y como si quisiera acariciarnos después del golpe, nos hizo reír a todos cuando planteó el desencanto por Ronaldinho y Ronaldo en el campeonato mundial. Después nos tocó la mejilla con la pregunta ¿cómo reencantarnos? Y dejó en el aire una mariposa por respuesta.
Siguió con Nietzche y su proclama “hemos matado a Dios”. Esto quiere decir que Dios no tiene relevancia social; matando a Dios hemos dejado de construir cohesión, algo que se formaba alrededor de la idea de su trascendencia. Así, estamos en el desamparo existencial… el horizonte utópico desaparece… Más adelante aclaró que no significa que impera el ateísmo, lo que se opone a la religión es la ruptura de un lazo que liga todas las cosas. Como agravante de la crisis aparece la ruptura en la conciencia colectiva de la humanidad.
Después, se posó una nube de humo negro. Lo trajo el viento desde las fábricas, las calles, los automóviles, nuestras casas, las oficinas y los trajes de saco y corbata, vestidos por hombres y mujeres en oficinas a 13 grados en un país tropical. Leonardo Boff habló del calentamiento global y nos recordó que dentro de 30 ó 40 años va a haber inmensas devastaciones. No es suficiente adaptarse ni aminorar los efectos -argumentó, refiriéndose al informe del panel de expertos en el tema- hay que refundar el sentido de la vida, buscar un sentido más amplio de nuestro pasar por este mundo. Algo como esto salió en sus palabras: “a la desesperación y al desencantamiento hay que contestar desde un nuevo paradigma de civilización”.
Propuso entonces, que a una crisis global debe buscarse una solución global y enumeró tres componentes de esa solución posible: hay que mirar lejos hacia atrás, mirar lejos hacia adelante y mirar lejos hacia arriba.
Hacia atrás, nos preguntamos ¿de dónde venimos? Boff respondió que del Big Bang… de ese primer momento en el que estábamos todos juntos y eso explotó iniciando el proceso de evolución. Yo imaginaba todo esto, lo que somos, a usted y a mí en un abrazo del que fuimos desprendidos y mientras, Boff decía que somos seres conformados por lo cósmico, lo biológico, lo histórico-cultural y lo personal. Somos seres cósmicos porque todos esos elementos los cargamos en nuestra piel y nos guiamos por las cuatro energías fundamentales.
Antes, en el grupo todo se repartía fraternalmente y la cooperación permitió el salto de la animalidad a la humanidad. La cooperación, la solidaridad son ley fundamental del universo y de la vida humana, por eso es tan nefasto el capitalismo.
Boff recordó entonces que el código genético da cuenta de esto: desde las bacterias pasando a los colibrís llegando a nosotros, todos tenemos el mismo código, somos parientes, hermanos, primos en una comunidad de vida.
Y somos seres culturales e históricos, porque biológicamente el ser humano es un ser defraudado. Tenemos que crear nuestro hábitat, nuestro hogar. Somos obligados a hacer historia, cultura, a intervenir en nuestra realidad. Por eso hay mil formas de estar presentes en el mundo, tantas culturas, tantas diversidades, porque podemos ser humanos de mil formas diferentes. Pero también somos seres con historia personal, cada uno es irrepetible, es uno y es único. Por eso cada persona culmina el proceso de evolución, porque tenemos la capacidad de decidir. Por más presiones que haya, siempre hay un punto de decisión personal, cada uno es responsable de su destino y tiene la capacidad de ejercer su libertad.
(Lo que pasa es que no asumimos los riesgos, pensaba yo, y cuestionaba si eso es realmente cierto en nuestro mundo actual tan despiadado).
Entonces dimos un salto hacia adelante y nos plantearon los retos fundamentales:
Garantizar el futuro de la tierra, porque ese futuro no está garantizado. Tenemos que actuar por que si no, vamos al encuentro de las devastaciones. Tenemos que amar la tierra -dijo Boff- con la visión de los astronautas que miran desde lejos, porque en esta pequeña tierra está mi familia, está mi patria. Y no hay diferencia entre la tierra y la humanidad, dice citando a Atahualpa Yupanqui, la tierra y la humanidad son la misma cosa, nosotros somos tierra, por eso hombre viene de humus (tierra fértil y buena). Esta tierra ya no aguanta y nosotros tenemos que ver cómo garantizar el futuro de esta tierra. Somos huéspedes de la tierra y debemos preservarla por amor a nuestros hijos, a aquellos que aún no han nacido, porque debemos aprender a amar lo invisible.
(La frase queda flotando y es como un balde de agua fría “aprender a amar lo invisible”… no sabemos hacer eso y ¡es tanto lo que no vemos! No vemos la energía que pasa de mi brazo a su brazo cuando se rozan, no vemos a la madre que sufre esperando noticias, no vemos ese impulso vital… es menos lo que vemos que lo que todo el tiempo, a cada segundo pasamos por alto y sin embargo nos regimos por la vista).
Hemos construido una máquina de muerte que puede destruir de 25 formas la humanidad. El 70% de la inteligencia mundial está dedicada a proyectos de guerra. Solamente una humanidad insana puede llegar a esta expresión de la demencia.
Poco a poco, llegamos donde pensaba. En este punto, recordé a Santiago Alba Rico diciendo “yo recomiendo casarse” para decirnos que en esta vida hay que comprometerse con el otro, acompañarlo, construir juntos. Boff dijo algo similar, cuando planteó cómo hay que garantizar la unidad de la familia porque el gran riesgo es hacer la bifurcación entre los que disponen de todos los recursos de vida y pueden llegar hasta los 130 años y los que mueren a los 50 ó 60 años, que son la mayoría. Los ideales de igualdad y de unión son muy débiles, el gran riesgo es que no nos consideremos como semejantes, que nos veamos como otra especie, desiguales. Necesitamos a la familia humana sentada junta alrededor de la mesa.
(¡la familia humana sentada junta alrededor de la mesa! Y en medio de esa escena tan bella, a mí se me cuela una botella de coca-cola, como un anuncio de tv que hábilmente pasaron mil y una veces… almorzar en familia está permanentemente manchado de negro caramelo… y sin embargo, la propuesta es otra… lo que propone Boff no es la familia nuclear (aunque bien puede ser), sino la familia humana, sentada de cuclillas sobre la tierra, con los pies descalzos para sentir lo fresco).
Pero -continuó Boff- hay que garantizar también la singularidad e identidad de América Latina, porque presenciamos una hamburguerización del mundo. Tenemos que defender la etapa planetaria de la humanidad, donde el planeta es la casa común pero con sus experiencias culturales, con la riqueza, con la convivencia de las diversidades.
América Latina tienen la más grande biodiversidad del planeta, una profusión fantástica del misterio de la vida… tenemos el regulador del clima del planeta y eso es una enorme responsabilidad. El futuro de la humanidad en términos ecológicos pasa por América Latina. Por eso hay que rescatar la sabiduría de los pueblos originarios, un saber ecológico que debe ser recuperado y revisitado.
Y por último, Boff nos invitó a mirar hacia arriba, con una visión espiritual del mundo. Para él, es la manera más inmediata de salir de la crisis. Espiritual no quiere decir religioso, las religiones no tienen el monopolio de la espiritualidad. El universo tiene un mensaje que decirnos, todas las cosas tienen su otro lado y el ser humano es aquel que puede escuchar los mensajes de la realidad. El ser humano es el que tiene la capacidad de crear los valores del amor, la amistad, la compasión, el cuidado por la tierra.
“Nosotros hemos elegido la vida y estoy seguro que todos ustedes también han elegido la vida” fueron sus palabras de despedida. No hubo preguntas para él, pero cada uno llevaba las suyas propias. Leído, lo que dijo puede sonar triste y lamentable. Si es así, no logré transmitirles la enorme esperanza que me traje adentro después de escuchar a Leonardo Boff. Luego tendremos el archivo de audio y podremos todos y todas escucharlo.
El discurso esta disponible a traves del siguiente link:
Boff, L. – Las Humanidades Hoy en América Latina


