No me ha llegado el alemán – me dice. Aún así, algunas palabras se le escapan y yo me descubro tratando de apurarlo, de adivinar cuál de todos los nombres se le ha olvidado. Él se da cuenta, “calma, ya me llegará lo que quiero decir” y luego me aconseja que pare un poco, que viva la vida con el pie lejos del acelerador.

“No es que le diga que no se case, pero ¡hay tantas cosas que conocer y aprender!”. En este punto, yo siento como si hablara con mi abuelo, como si todo eso que nunca pudo decirme don Enrique, me lo dice don Carlos hoy, mientras miramos el atardecer sobre el mar y todo lo vemos teñido de azul gris.

A Ojos CerradosDon Carlos será conocido como “Gabo” cuando se estrene la película “A Ojos Cerrados” (dirigida por Hernán Jiménez). “Gabo” será el abuelo de todos, nos veremos en él cuando seamos viejos. Sin embargo cuando hablo con don Carlos, me da la impresión de que su vida real sería un excelente guión para un otro gran filme. Mostraría sus casi ochenta años, sus programas de radio en FIDES y Radio María, su trabajo como tesorero de una importante asociación de salud, los cinco años que estuvo en el Consejo Municipal de Goicoechea, la época de futbolista en el Uruguay de Coronado (cuando les daban apenas los pasajes de bus a cambio de un entrenamiento). La película – como le memoria, que recuerda mejor lo más lejano – terminaría en el principio: don Carlos entrando a la escuela militar a sus doce años para aprender cómo es eso de usar un arma, preparándose para pelear con los liberacionistas en Guanacaste. Sería una de esas películas inspiradoras que nos quitan el miedo a envejecer.

Don Carlos se divorció hace algunos años y ahora vive solo -”así nadie me dice a dónde voy ni a qué horas vuelvo”. Me gusta imaginar que a los ochenta, se puede comenzar una carrera en el cine y mostrar a los que corretean la vida día con día, que no se trata de apurarse, sino de saborear. Don Carlos, ha hecho todo lo que le ha dado la gana hacer -excepto ir a conocer Cartagena- pero aún tiene el tiempo y la alegría para viajarse la vida.

La foto es de aquí

No estoy muy convencida del título… pero el artículo dice de forma simple lo que sucede con Georgia, Rusia, Osetia del Sur y los Estados Unidos en estos días. No sé si “le salió mal” porque -como conversé con Antonio Jara el fin de semana- es casi evidente que el show ya estaba montado y que Georgia ya había “pedido permiso” a Bush para hacer lo que hizo… y porque los halcones de Bush saben bien que jugarse esta carta -lo cual no implica demasiadas pérdidas para los EEUU- y ganar la partida, cambia en mucho el complicado mapa de la región. Al final, a quienes sale el tiro por la culata es al resto del mundo, a nosotros, como siempre.
Carolina

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Ocurre. A veces. El presidente georgiano Mijail Saakashvili creyó posible imitar a su gran amigo Bush e invadió Osetia del Sur, territorio que alguna vez formó parte de Georgia y que se convirtió en república autónoma en 1991, cuando la implosión de la ex Unión Soviética. Así tiñó de rojo la “revolución rosa” que lo llevó al poder, con el apoyo de EE.UU.: más de mil civiles osetios muertos. Calculó mal: la respuesta rusa fue contundente y Saakashvili debió pedir auxilio a su aliado norteamericano, que acusó a Moscú de agresor ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Todo al revés.

Hace un año que, a pesar de no estar en conflicto con nadie, Saakashvili aumentó en proporción sin precedente el presupuesto militar nacional: más del 86 por ciento… Esto reveló su ambición de reclamar los territorios de Abjasia y Osetia del Sur que Georgia perdió en las guerras de comienzos de los años ’90. La Casa Blanca financió el incremento y proporcionó equipos a las tropas georgianas por valor de 34 millones de dólares sólo en el 2007. No asombra que Tiflis ampliara de 850 a 2000 el número de sus efectivos en Irak, era parte del trato. A finales de ese año, Saakashvili declaraba el estado de sitio y reprimía a una multitud que reclamaba su renuncia y que lo obligó a apañar nuevas elecciones para ser reelecto. De paso, clausuró un canal televisivo y otros medios favorables a la oposición (www.allheadline.news.com, 7-11-07). No ha cambiado mucho en Georgia desde la era soviética con este paladín de “la libertad y la democracia” que dijera Bush, valores que Saakashvili dice amar: por la TV norteamericana.

Rusia no es precisamente un dechado en la materia, pero el régimen de Saakashvili no se diferencia de una satrapía corrupta. Human Rights Watch y Amnesty International denuncian desde hace tiempo la práctica de la tortura en las cárceles, por otro lado repletas de opositores políticos. Son juzgados por “traición a la patria”. Le sucedió a Irakli Okruashvili, ex ministro de Defensa, cuando en el 2006 decidió formar un partido de oposición. “Trabajé con Mijail Saakashvili durante más de seis años. Era su mano derecha. Al minuto de pasarme a la oposición, me llamaron criminal”, declaró este hombre profundamente antirruso y que tampoco vacilaría en invadir Osetia (www.spiegel.de, 4-1-07). Algunos sugieren que los habría separado el reparto del botín. A saber.

La táctica de la “blitzkrieg” empleada con éxito por los nazis fue un fracaso para el georgiano. Hay aspectos militares del ataque francamente curiosos. Saakashvili creyó que podía ocupar un territorio que limita con Rusia sin cortar la frágil línea de abastecimiento que une a los dos países: un túnel de casi 3000 metros de altura que atraviesa la cadena montañosa del Gran Cáucaso y que la aviación georgiana podía haber cerrado con pocas bombas del lado de Osetia del Sur. Pero el túnel siguió abierto y la razón no estribaría en una falta de conocimientos estratégicos de los militares georgianos. Pareciera que fue otra cosa: Saakashvili habrá pensado que Moscú no reaccionaría para evitar más tensiones con EE.UU. y la Unión Europea.

Esta imitación de la costumbre de invadir que practica la Casa Blanca no tomaba en cuenta ni el poderío militar ruso, ni la determinación absoluta del Kremlin de impedir que EE.UU. se meta en sus zonas de influencia, ni el escaso –por ahora– deseo de Washington de enfrentar militarmente a Moscú en territorio ruso. El presidente georgiano tampoco incluyó en sus cálculos el temor de Occidente a que se viera interrumpida a bombas rusas la salud del oleoducto que va de Bakú al puerto turco de Ceyhan y transporta hidrocarburos de Azerbaiján sorteando el monopolio de los ductos rusos. La reacción de EE.UU. fue cauta: anunció ayuda para su “aliado democrático” pero sólo envió dos vuelos con asistencia humanitaria y abundó en amenazas verbales. Incluso los países de la OTAN no se mostraron de acuerdo con la posibilidad de imponer al Kremlin sanciones económicas: Rusia satisface entre un 20 y un 25 por ciento de las necesidades energéticas de Europa Occidental. El petróleo es eso: petróleo.

El Kremlin aceptó –con condiciones– la tregua que el presidente francés Nicolas Sarkozy le presentó en nombre de la Unión Europea, pero no frena las matanzas y saqueos de las milicias separatistas de Osetia del Sur y, al parecer, tampoco el movimiento de sus tropas en Georgia. El conflicto se abre en una región donde el peligro de una tercera guerra mundial no es una fantasía. Aun así, no falta la nota cómica: el candidato republicano John McCain declaró su interés en mantener “buenas relaciones entre EE.UU. y Rusia, pero en el siglo XXI las naciones no invaden a otras naciones” (www.washingtonpost.com, 14-8-08). Olvidadizo el hombre.

Página 12

Cuando hacíamos Voces del Tercer Mundo en Radio U, muchas veces mi papá preguntaba: “¿de qué es el programa de hoy? y yo respondía algo como “hoy hablaremos sobre Zimbabwe” (el enlace lleva al Factbook de la CIA, buen lugar para empezar a entender un país y después, buscar profundidades en otra parte). ¿A quién le importa Zimbabwe? parecía decir él con la mirada. A nosotros nos importaba, investigábamos mucho para hacer el programa, buscábamos música africana para ponerla entre segmentos y sí, hacíamos un programa de dos horas donde tomábamos un conflicto que era completamente extraño para nosotros y para el público, tratábamos de comprender sus raíces históricas y culturales y contribuíamos así -un poquísimo- a hacer del mundo un lugar más integrado.

Hoy, leyendo el Fusil de Chispas, me encontré con un post que hablaba sobre China y el debate acerca de las violaciones a los derechos humanos en ese país y cómo mucha gente ha criticado que los juegos olímpicos se estén realizando justamente ahí. Se mencionaban conflictos como el que está ocurriendo en Nicaragua o países como Corea del Norte, Sudán y por supuesto, el nuevo estallido de la tensión que nunca termina de escaparse en lo que fue la Unión Soviética: la guerra entre Georgia y los separatistas de Osetia del Sur.

Fue entonces cuando me di cuenta de la triste realidad: mis ojos se han limitado a enterarme de lo que pasa en América Latina (obligada por mi trabajo); por mi dieta de realidad post-referendo me he desconectado de las noticias nacionales (me salvo porque leo blogs y recibo listas de correo) pero sobre todo, he comenzado a pensar mi mundo en pequeñito.

Al parecer, hay una función elemental de las imágenes televisivas… las imágenes tocan más que las letras en un titular. Si viera más CNN (aunque despúes tenga que ir a buscar la misma noticia en otros medios para filtrar tanta propaganda) estaría más enterada de lo que pasa en el mundo y por supuesto, hubiera sabido antes que no existe algo llamado Odesia del Sur… pero también, pienso cuánta falta hace el programa de radio que hicimos por última vez hace unos tres años ¿o más? porque estos conflictos son tan complejos, que es bien difícil tomarse el tiempo para comprenderlos y porque no es lo mismo que cada uno de nosotros tenga que hacer la investigación completa, a que se haga una investigación y se comparta con los demás.

No existía la Wikipedia cuando hacíamos Voces. En sus inicios ni siquiera había Internet, lo que tenían era a Juan José y Antonio (enciclopedias vivientes) compartiendo lo que sabían y cómo entendían el mundo. Hoy, entré a leer qué es Osetia del Sur  y me encontré un artículo realmente bueno. Por primera vez deseé que la Wikipedia no cambiara todos los días, para que la discusión no termine tergiversando la base que nos permite comprender un poco mejor qué está pasando.

Aunque fuera por la pena de haber equivocado un nombre de un lugar y por admitir que no sé un carajo de lo que está pasando cruzando el charco, me puse a investigar y a escribir esto. Este conflicto me recordó evidentemente el de Chechenia, sólo que esta vez “los malos” parecen ser “los buenos”. No lo creo ni por un segundo. Si Rusia está metida en esto, es porque en este caso -a diferencia de Chechenia- puede ganar poder y fortalecerse, no porque les importe demasiado si se matan georgianos contra osetas. Toca ver quiénes son los separatistas y quiénes son los georgianos… porque a los rusos de Putin ya deberíamos conocerlos al menos un poquito.

Para leer ahora, antes que cambie todo:

“El 12 de noviembre de 2006 se celebró un referéndum no reconocido por Georgia con un 91% de participación, en donde el 99% votó por la independencia de Georgia y la unión con Osetia del Norte y Rusia, Eduard Kokoiti fue ese día reelegido por más del 96 por ciento de los votos a favor” (en Wikipedia).

Y para ver algo aún más extraño: “El camarógrafo ruso acusó a CNN por haber usado su filmación de fuerzas georgianas atacando a civiles rusos en Tskhinvali, la capital provincial de Osetia del Sur. CNN afirmó que mostraban rusos atacando georgianos en el pueblo georgiano de Gori”

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