Hoy duermo en mi propia cama
En Guate, compré un libro que me encargó una amiga. Es un libro aparentemente infantil, pero ojo. Mientras esperaba a que saliera el vuelo, comencé a pasar las hojas con mucho cuidado y leí. Leí y descubrí que es un libro maravilloso, lleno de historias lindas y sencillas, con frases tan plenas como (…como las que busco en mi desordenada libreta y ahora no encuentro).
“Soñar es contarse historias que todavía no se conocen”
“Un capricho no es más que una chispa de mal humor”
“Enfadarse es empujar una pared que no se moverá nunca”
Mientras leía y anotaba algunas frases (las cuales, por cierto, no encontré), me arrepentí de no haber comprado uno para mí. Después pensé que acumular libros es uno de los lujos imposibles cuando se anda en fase nómada (pero igual quiero uno). “Princesas“, de Philippe Lechermeier y Rébecca Dautremer es un tesoro que tendré que comprar cuando viaje de nuevo a Guatemala.
La idea del ser nómada me quedó dando vueltas en la cabeza. Me pregunto si es posible vivir así por largo tiempo. Y da miedo decirlo, pero lo cierto es que estoy viviendo la época más emocionante y rica de todas las épocas. Da miedo decirlo, porque no estoy segura de querer que se acabe y dice la sabiduría popular, que no hay que alardear para que no echarle agua a la fiesta (¿será a la sopa? ¿qué tiene que ver el agua con la fiesta?). Eso me hizo pensar en otra cosa: es muy loco cómo la mayor parte del tiempo nos resistimos a los giros que da la vida. Luchamos contra eso, contra el dolor de separarnos de alguien que queremos, contra el hecho de que las cosas hayan cambiado de lugar y ya no queramos permanecer. Nos resistimos una y otra vez a las vueltas que nos exigen que tomemos decisiones o nos confrontan con situaciones en las que alguien ya tomó una decisión y no nos queda más que aceptar eso. He pataleado mil veces por la forma en la que se han dado las cosas en mi vida, y sin embargo, los tropiezos me han traído hasta donde estoy hoy. Casi parece que ha sido un buen plan desde el inicio y que no tenía gracia que me lo contaran de antemano.
Otra frase de “Princesas” dice así:
“Ser la misma en otra parte lo cambia todo”
Y así es. No es que haya perfección, no es que haya FELICIDAD (así, con mayúsculas) ni plenitud constante. Lo que hay son chispas y la sensación de que no es posible ni justo, aspirar a más. No importa que se queden besos en conserva, no siempre se pueda hacer todo lo que se quiere, pero se puede querer mucho, todo lo que se hace.
Ya estoy en casa, haciendo la digestión de un mes de exceso de emociones, aprendizajes y delicias.



Alicia on 2009.07.10
Eso es lo lindo de estar en otra parte, cuando el universo es otro y nada puede ser igual. Y me parece genial que ahora, visto para atrás, todo, hasta los golpes, tengan ese sentido mágico de llevarte a sonreír donde es lo que es.