Iba a decir que quién sabe por qué, me da por escribir estas cosas para el año nuevo… pero claro que se sabe por qué. Si todos tuviéramos una música propia, más o menos como el estilo de personalidad expresado en canciones, las mías serían tangos o rancheras (de las de antes, que a estas alturas de la vida ya no cae nada bien el machismo).
El caso es, que todos tenemos nuestro ritmo y nuestra manera de ver la vida. Yo por ejemplo, soy increíblemente afortunada, porque tengo el amor repartido en un archipiélago y puedo ir de isla en isla a dar abrazos y a recibirlos. Pero a la vez, me da por entristecerme en estos días, de tanto extrañar a la gente que más quiero. No es sencilla la vida sin tener tierra firme donde poder compartir con todos a la vez, pero al mismo tiempo, qué felicidad tan grande saber que hay un pedacito de tierra sembrada en tantos lugares.
Aquí es donde seguiría una larga retahíla pseudofilosófica acerca de la vida, el amor y París en primavera… pero resulta que este año, no sé muy bien ni dónde estoy parada ni hacia dónde navegan los barcos. Regresé hace poco de México, porque una cosa es que aterrice el avión y otra cosa es que aterricen mis pies… ahora tengo un sobrino hermoso que necesita de su mamá, de sus tíos, de los amigos, de los abuelos y que no cuenta con su papá, lamentablemente. Tengo un trabajo formal que me obliga a centrarme y a ponerme un poco más seria de lo que planeaba… y estoy en proceso de buscar una casa dónde vivir, dónde escribir, dónde tratar de reencontrarme con los amigos y amigas, porque muchos de ellos están tan lejos como si siguieran separándonos miles de kilómetros y porque falta acomodar qué pasó en esos 365 días y a dónde nos han llevado nuestros caminos propios. Y tocará aceptar, que en algunos casos, esos caminos ahora son paralelos, pero no son el mismo.
El 2009 fue un año maravilloso pero también muy fuerte. La cantidad de acontecimientos y tesoros que encontré, aún no los he podido asimilar. Algunos de esos tesoros, siguen estando aquí conmigo aunque estemos lejos, porque la distancia no puede separar ni romper si no la dejamos… pero algunos tesoros los perdí, por estar viendo hacia el lado equivocado… o fue necesario dejarlos sembrados para que echen raíces tierra adentro (que no enterrados). Hay que aceptar que existen momentos, lugares y circunstancias para todo y que muchas veces, no basta con encontrar el lugar que nos hace decir “de aquí soy”.
Así que no hay mucho qué decir. Los deseos de año nuevo siempre los repetimos, y hacemos listas con los propósitos como si fuera cosa de pedirle deseos a un santo. Yo creo que ya está bueno de hacernos los mensos.
Al menos yo, ya no tengo muchas nubes que me disfracen el panorama y no tengo excusas para no hacer las cosas que me hacen feliz. Entonces, en lugar de pedir deseos de año nuevo, intentaré dedicarme a ser feliz, sin más drama. Tal vez lo consiga, tal vez no, pero el tiempo no para y los aviones tampoco.



Alicia on 2010.01.02
Creo que eso es lo mejor, dedicarnos con más fuerzas a los intentos propios (aunque caerse duela aún más), a los vuelos propios, y observar con más cuidado, y ojalá pudiéramos hacerlo sin andar poniento tantas etiquetas… se vive más en paz. Feliz Año Caro, otra vez con muchos fuegos artificiales
Victor EM on 2010.01.14
Hola Carito, siglos de no pasar, tenemos que tomarnos un cafe… muy largo… fuerte abrazo!!