07.27.2009

Dulce Sublimación

A falta de más excitantes ocupaciones, gracias el exceso de horas de espera en aeropuertos y en mi esfuerzo por aprender a escribir mejor, en los últimos meses he leído como si se fuera a acabar el mundo, el papel o la vista. Y como me ha ido muy bien, comparto los títulos (sin reseñas críticas serias, obvio):

Música para los Buitres (Raúl González). Este libro me lo regaló su autor. Eso generalmente es complicado, por aquello de “si no me gusta ¿qué le digo?”. Pero el libro es muy bueno, la historia atrapa, los personajes son muy interesantes y entonces, no tuve que mentirle al autor. Me gustó mucho el libro y lo recomiendo.

El Amante (Marguerite Duras). Un estilo único. Si alguien no ha leído a Duras y lee puras escritoras de novelas rosa ¡que despierte! Después de El Amante, he leído El Arrebato de Lol V. Stein y El Vicecónsul.

Para No Pensar (Ricardo Marín). Quiero mucho a Ricardo, así que ustedes podrían pensar que no soy objetiva. El caso es que de Ricardo, conocí primero su poesía. Soy amiga de él, porque amé su poesía desde la primer frase y después, aprendí a quererlo a él (que no es difícil). Entonces sí, les juro, que su poesía es fantástica.

El Viejo y el Mar (Ernest Hemingway). No sé si me obligaron alguna vez a leer ese libro. Nunca quise leer lo que recetaba el programa de estudios. Igual, creo que no estaba en el programa de literatura del colegio. El caso es que nunca había leído a Hemingway y El Viejo y el Mar me parece una joya. Se lee en un par de horas, porque la angustia y la emoción no dejan descansar. Es una delicia cómo Hemingway construye los diálogos (del personaje con él mismo) y la relación del personaje con la pesca, el mar, el sentido de la vida. Una delicia.

Los Ojos de los Hombres (Eusebio Ruvalcaba). Eusebio es el maestro del taller literario de los sábados. Este libro es una novela compuesta de relatos cortos. Cada relato tiene un sentido en sí mismo pero el libro completo cuenta una historia congruente y agridulce que confronta a los lectores con su propia moral, su ética y sus valoraciones.Además, el autor logra escribir desde la psicología femenina.

City (Alessandro Baricco). Compré ese libro a ciegas. Tal vez por el título o quién sabe por qué. Me devoré City y aprendí entonces, que sí es posible escribir como a uno se le da la gana y que todo se derrumbó en cuanto a reglas literarias. Nada de eso de crear personajes creíbles. Baricco crea personajes que a todas luces no existen, no pueden existir fuera de la imaginación y a quien lee, eso le importa poco. Los narradores también se salen de toda norma y una no puede hacer más que reír cuando hace esas travesuras. Eso no significa que cualquiera pueda escribir. La verdad, no puedo explicarlo, pero fíjense cuánto me gustó que después de ese me leí TODOS los libros de Barico. TODOS y cada uno de ellos (marqué con asterisco las que más me gustaron):

Seda: es la que lo hizo famoso y es hermosa, pero no es de mis favoritas.

Océano Mar *

Esta Historia *

Tierras de Cristal *

Sin Sangre

Novecento * (de este texto para teatro, se hizo una película hermosa: La Leyenda del Pianista en el Océano)

¡Acabo de descubrir que me falta una! Homero, Ilíada (¿y ahora?). Por aquí están los libros

Y por último, Hamlet (William Shakespeare). Sí, Hamlet. No había leído Hamlet y bueno, si se quiere escribir, hay que leer a los que saben escribir. Conseguí Hamlet en español, en la traducción de Joaquín Gutiérrez (que dicen los que saben, es de las mejores traducciones al español). Si no han leído Hamlet, háganlo.