Hay muchas cosas de la vida que no comprenderé jamás. Hay cosas que no deben entenderse. Como la fuerza de la naturaleza.

“Las cosas pasan porque tienen que pasar” dice la gente y con eso se consuela. Y sí, seguramente los terremotos ocurren porque la tierra necesita descargar energía de alguna forma. Pero eso no nos sirve de nada a los que no nos guiamos por esas leyes. Es como si la tierra actuara por instinto y nosotros, por socialización. Ya sé, digo que no hay que entender y sin embargo comienzo a extrapolar explicaciones.

No importa. Cuando la tierra se mueve, decimos que lo hizo “con furia”. Habría millones de razones para que la tierra tuviera furia con nosotros y sin embargo, no se trata de eso. Si de verdad los terremotos se crearan por la furia de la tierra, quienes hubieran muerto en el terremoto de hace más de una semana, no hubieran sido los campesinos que la acarician, la siembran y la llenan de vida. Seguramente el epicentro habría sido en la ciudad, donde la maltratamos, donde la olvidamos porque no somos capaces ni de quitarnos los zapatos cuando cruzamos un parque.

La tierra se estremeció y en San José, la vida continuó como si nada hubiera pasado. Los titulares de hoy dicen que Vara Blanca y Cinchona desaparecieron del mapa y ¿qué sentimos frente a eso? No lo sé. Yo siento mucha tristeza y por razones que no sé dónde acomodar, también me siento culpable de mi suerte. Porque estuve en San José el día del terremoto, estaba pasando ahí los últimos días del 2008 y los primeros de este 2009 que por las pintas, promete puras tragedias (ya no sé para dónde volver a ver los periódicos sin encontrar calamidades y muerte). Estaba pasando los últimos cuatro días de vacaciones en mi pequeñito país y luego tomé un avión que me trajo muy lejos.

Pero pude ver, pude estar ahí y pude mirar con dolor cuánto nos costó despertarnos. Estamos acostumbrados a que en Costa Rica todo es de mentirillas. Es la creencia nefasta en que “La Negrita” nos protege de todo mal. Y no. Hoy, es Costa Rica la que está necesitando ayuda extranjera. Hoy somos nosotros los que miramos con asombro, desde la acera, como si no fueran nuestros muertos y nuestros caminos los destruidos.

Y hemos ayudado, hemos donado dinero, alimentos y ropa… pero muchos repiten que hay que seguir con la vida. Seguir con la vida. Me pregunto si serían capaces de ir a uno de los albergues donde 2000 personas pasan frío cada noche, donde las madres no pueden dormir por la angustia de mirar al futuro y no ver absolutamente nada, donde los niños juegan a que derrotan al miedo, a que papá ya no sufre, a que tía no murió, a que el vecino tiene una casa grande y pronto volverán al barrio que ya ni existe. ¿Podrían ir a decirle a esas personas que la vida debe seguir y que las fiestas de Palmares son el símbolo de cómo Costa Rica se sobrepone a las tragedias?

La vida sigue, sí, para algunos… para otros no, y cuando esos otros que murieron salen fotografiados en la portada de un periódico, nos indignamos y levantamos la voz al cielo en nombre de la ética. ¡Qué triste! Más de 400 niños murieron en Gaza en el más reciente genocidio de nuestra historia y de nada sirve que no salgan en las fotos. El problema no son las fotos, el problema es que volvemos la mirada hacia otro lado porque no queremos ver indigentes, ni perros callejeros, ni la corrupción de los políticos, ni el cáncer que ha carcomido nuestras instituciones. Y no queremos ver que nuestros niños murieron y por eso armamos un escándalo.

Y aunque me extrañe, no me avergüenza estar de acuerdo con las explicaciones del director de La Extra. Creo que tiene razón en lo que dice. Es muy fácil enviar un mensaje de texto y donar nueve mil colones y sentirse en paz con la conciencia. Es fácil no ver la t.v. porque sólo pasan imágenes “feas” que tildamos de amarillistas porque son crudas. Salados… porque esta vez la realidad es cruda y amarilla como las cintas que rodean los cuerpos de los muertos… Esta vez, la culpa no es del fotógrafo. Lo duro es reconocer, que la culpa no es de nadie. La tierra tiene sus propias leyes.

Me llegó por correo electrónico una llamada de atención hacia la entrevista que el director de Diario Extra le hizo a Ottón Solís. De otra manera no hubiera leído nada, porque la opinión y la posición de quien se denomina “líder del PAC” me tiene sin cuidado desde hace muchos meses.

Lo primero que me hace fruncir el ceño es el concepto que este señor tiene de “lo político”, como si algo tan amplio e importante se pudiera reducir en lo electoral. La respuesta es absurda… cuando hablamos del panorama político estamos hablando justamente de eso que menciona como lo no político (de la crisis, de la inflación, de la pobreza) y de cuáles soluciones se plantean desde el gobierno y desde las instancias que canalizan (o no) los intereses de la gente, o sea, los partidos políticos.

Lo segundo… “-¿Qué le ha dado el PAC al país en estos casi 2 años de ser oposición?” y Solís responde que le ha dado dinero. Según él, tenemos a un partido que está en la Asamblea para disminuir el gasto y dar el ejemplo de austeridad… y se da el lujo de decir que han hecho una revolución. Me atrevo a decir que los diputados y diputadas del PAC que tienen dignidad (porque los hay) han hecho su pequeña revolución justamente porque han efectuado una lucha a lo interno de un partido de paños tibios y medias tintas. A algunos de ellos les debemos grandes cosas que no pasan necesariamente por el hecho de no tener choferes ni viajar de gratis.

Esta es mi favorita: “-Los opositores lo acusan que apenas pasó el referendo abandonó el Partido y se fue a dar charlas y consultorías fuera del país” a lo que Solís responde: “-Lo que uno esperaría es que reconocieran que a un costarricense lo tomen en cuenta para ir a hablar sobre temas importantes”. ¡Plop! Ya tenemos un presidente de ego grande y palabras vacías… evidentemente no necesitamos otro así.

Pero lo realmente grave, es la estrategia que Solís plantea: la amenaza. No es posible que su solución a la crisis y sus negociaciones de préstamos para construir escuelas e instalaciones deportivas se basen en usar al presidente Chávez (Chaves según La Extra) como fantasma o coco para asustar. Además, se olvida que Chávez es presidente de un país, y a un presidente -le caiga bien o mal- alguien que es líder de un partido, debe hablarle con respeto.

Para rematar, sale con la frase ganadora: “Si algo le da pánico a los países es que la crisis lleve a que empiecen a elegir Chaves en otros países, si nosotros no mantenemos los niveles de empleo vamos a tener situaciones delicadas, vienen las elecciones, cuidado surge un Merino o alguien que les parezca peligroso, y con eso Costa Rica puede conseguir plata regalada, porque eso hace reaccionar a otros países, para tener a Costa Rica a este lado, los países no quieren que la crisis se refleje en inmigrantes”.

La frase es un enigma. La relación de ideas entre “que empiecen a elegir Chaves”, “situaciones delicadas”, “cuidado surge un Merino o alguien que les parezca peligroso” y cómo inmediatamente después dice que así conseguiríamos dinero regalado, es bastante confusa (casi incitadora). Por otra parte, más o menos plantea que “para tener a Costa Rica de este lado” ¿de la derecha? -pregunto yo- se debe usar el miedo. A los países -¿del bien?- les dará miedo el desempleo en Costa Rica y que expulsemos a nuestra población hacia sus “hermosos” territorios… y también les dará miedo que elijamos al señor Merino de presidente porque puede recibir financiamiento de parte del presidente venezolano… esa es nuestra carta ganadora entonces y Solís nos ayudará con esa tarea aunque le atribuya a los demás sus propios temores.

Es claro que Solís es uno de esos que consideran que el diputado José Merino es peligroso. ¿Por qué lo considera peligroso? Pues no sabemos, sólo lo relaciona con Chávez. En lo personal el presidente venezolano me parece peligroso por su estilo militar, autoritario y chabacano; porque aunque respeto profundamente su obra y defiendo con el corazón lo que el pueblo venezolano ha conquistado con su administración, no confío demasiado en su concepción de democracia (aunque pensándolo bien, de poco le sirvió la “democracia” al pueblo venezolano antes de Chávez). De todas maneras, “la peligrosidad” de Chávez se forma de características que el señor Merino por supuesto no tiene. Lo bueno, lo ha demostrado ya en múltiples ocasiones y lo ha demostrado con hechos, le pese a quien le pese.

No formo parte del Frente Amplio (de hecho, seguramente estoy inscrita en el PAC, como muchas personas que en las elecciones pasadas creímos en su propuesta) ni soy cercana al señor Merino, pero de todas formas, me indigna que a falta de altura, se comiencen a bajar pisos. A Merino le sobra la valentía que a muchos les falta, por eso es peligroso. Pero es peligroso para las aspiraciones electorales del PAC, no para Costa Rica.

Pronto voy a vivir la palabra “migrante” y será mía. No será lo mismo, claro está, no será igual ser migrante allá que ser migrante acá. Sobre todo, porque a vos, Natividad, lo que te pasaba era que además de migrante eras pobre (o sea, viniste a este país buscando subsistir).

Si comparamos, seguramente allá seré más pobre de lo que soy aquí. Sin embargo, no es posible comparar tu vida Ramón, trabajando bajo el sol y/o la lluvia  todos los días (es que aquí a veces pasan las dos cosas al mismo tiempo) que la vida que llevaré como extranjera cómodamente discriminada. Porque discriminada seré, no vayás a creer que no. Me tacharán de extraña porque me gusta el pasito duranguense. Se me notará que soy de otro país cuando me detenga en las plazas a escuchar un vendedor de cds “piratas”, a un payaso diciendo albures o al siempre-igual organillero del Zócalo. Eso será lo rico Ramón, que cuando uno vive todo el tiempo en un mismo país, poco a poco los colores se destiñen, las canciones aburren y la gente se convierte en un fondo indiferenciado y monótono… pero allá, todo será nuevo.

Ojalá no se me pegue el acento, como a vos Ofe, que se te pegaron las echrres arraschradas de los ticos. Seguramente algo de mi forma de hablar se perderá en el camino. Si me toca elegir, lo que no quiero perder es el “vos”. No sólo porque con el “vos” fascino a Tirso cuando hablo (según él, así sonaba Borges), también porque el “tú” me sigue sonando a novela mal actuada. Tal vez me sentiría algo falsa haciendo dramas hablados en “tú”, tal vez me acostumbre y sea objeto de burla cuando venga de visita a Costa Rica.

Siempre quise irme a vivir a otro país, a otro lugar que no sintiera como mío. No sé muy bien cuánto tiempo durará la aventura. Ahí está la diferencia: para mí, irme se trata de una aventura, nadie me obliga, no me lo dicta el hambre de mis hijos como a esos millones de mujeres nicaragüenses, salvadoreñas, mexicanas; no me expulsa una guerra, ni siquiera me expulsa un pasado que quiero olvidar. Me empuja el desencanto, el hastío, un poco el aburrimiento de sentir que todo es viejo, conocido, gastado. También me mueven las ganas de crecer y me impulsa el viento leve de una inmortal ilusión.

No sé cuánto se tardará el hastío en alcanzarme. Me es difícil pensar que en un país como México, sea posible aburrirse o sentir que muchas cosas han dejado de ser intensamente interesantes. No puedo imaginar que los colores de la tierra, de la música, de la comida, de los acentos, de la política, del metro, de las plazas, de los mercados, del taquero de la esquina, de las librerías, de los nuevos amigos, del amor o de las danzas, lleguen a desteñirse un día, como se me han desteñido el blanco, el rojo y el azul de una bandera mancillada por la ambición. Por otro lado sé que sucederá y también sé que la bandera que me cubrirá por algún tiempo está quizás más mancillada que la “mía”, pero no importa, porque de eso se trata el viaje. Cuando descubra que siempre voy a querer regresar a caminar en mis calles, a escuchar el “¿diay mae?” de los amigos, habrá valido la pena. Y si me sorprendo eternamente seducida, sin ganas de regresar, habrá valido la pena también.

Si no me come la enorme ciudad, pronto podré contar cómo se sobrevive en el D.F.

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