02.05.2008

¡A echarle huevos!

Monumento a la Revolución. El Salvador. Mejor conocido como “el chulón” (el desnudo)… Yo siempre he dicho que a la revolución le faltan huevos… ¿lo ven?

A don amor no le pesan los años y yo no supe si le pesan los muertos. Tampoco supe si le pesan sus hijos e hijas que murieron luchando en las montañas o en los comandos urbanos. Sé que le pesa el quinto, el que no pudo más y un día de supuesta paz decidió conseguirla para él mismo con el fusil que antes mataba al enemigo. Ese le pesa.

Don amor cuenta uno a uno los detalles del principio, de cuando jesucristo bajó a la tierra y les ofreció su reino en esta vida. Cuenta de la ilusión de descubrir que hay un pecado estructural y cuenta muchos pueblos recibiendo las verdades. Cuenta los niños que leían la biblia y encontraba que hay un mundo que a ellos pertenece. Cuenta sonrisas, esperanzas de un mundo nuevo en construcción.

Pero la muerte perseguía y los demonios consumían la tierra. Los demonios no quisieron soltarle la soga al pueblo y los mataban, infundían el terror y torturaban y mutilaban y se burlaban, se enriquecían con los cadáveres y ellos sí, ellos sí comían chiquitos, ellos sí.

Así que no había otra opción -cuenta don amor- como no habrá otra opción si todo sigue como ahora. No había más opción que los fusiles, que la guerrilla liberadora.

No había, porque no hay nadie que deba ver cómo matan a su gente, a su muchacha valiente, a su Rutilio, a su Romero, a su vecino, a su mujer y a sus cipotes y pueda quedarse en el asombro. Nadie debía y nadie deberá. La lucha sigue, sigue, sigue, sigue, sigue, sigue, sigue…