Raro encantamiento
Me enteré de la existencia de David Aguilar por mi amiga de lastfm llamada fujisol. Es una mexicana que vive en Chile y nuestra afinidad musical es tan alta, que ella ya adivina cuando algo me va a gustar (va más allá de lo que hace el software). Esta vez, me mandó sólo una canción y en el instante, quedé flechada con el “Raro Encantamiento”.
Entonces busqué a David y me encontré con su MySpace. Ahí anunciaban que tocaría el viernes 17 en el Foro del Tejedor de la Librería El Péndulo en Zona Rosa.
Mi mapa de la ciudad tiende a invertirse en mi cabeza. Salgo del metro y camino en la dirección contraria a donde voy, bajo del metrobús y calculo que una calle estará a la izquierda y termina siendo dos calles más siguiendo directo. Pregunté en un par de esquinas dónde está la calle Hamburgo y al fin llegué.
De entrada me senté en una mesa que tenía una sola silla (como si me estuviera esperando). La sensación de triunfo iba transmutándose en extrañeza (como cantaba José Capmany) porque el concierto no empezaba. Después, cerré los ojos y decidí disfrutar de haber ido sola. Viéndolo bien, eso me permitió compartir la mesa y un plato de comida con una pareja de desconocidos. También, me permitió jugar con Diego (un bebé de poco menos de dos años) al fort-da, él botaba su carrito de bomberos y yo lo recogía una y otra vez.
David canta con una voz particular. Hay un encanto especial en esa mezcla de la música de banda de Sinaloa (su lugar de origen) con la guitarra sencilla, las armonías extrañas y las letras de polaroid. Su música es de hoy, su mirada también y capta de la vida cotidiana algo de esencia mezclada con lo ácido del desencanto.
David cantinflea cuando presenta sus canciones. Eso sólo acentúa la sensación de ternura que despierta, como si quisiera atrapar el mundo con palabras.
“Soy palabras nudo, ya sé,
no hay nada cuerdo en todo esto,
porque las palabras si se trata de tí,
no responden, se empiezan como a pelear,
por tu culpa hay desorden literal,
mil disculpas ya no tardo en cantinflear”
Anoche, invitó a todos sus amigos a cantar. Cantó Leticia, cantó Huezo una excelente canción, cantó Roberto el boliviano con su hermosísima voz y el foro se convirtió en una fiesta de amigos.
Para mi sorpresa, de pronto apareció Bernardo Quesada y aunque nunca hemos sido amigos, nos dimos el abrazo de compatriotas… nos encontramos. Hablamos de Francisco Murillo y la conexión con la música de David. Le hablé de Carlos Méndez de Panamá. Nos sorprendimos de las propuestas de estos jóvenes mexicanos. Después se acabó el tiempo y nos encendieron las luces para decir adiós.
Ahora David ya no está en el D.F. Está viviendo otra vez en Sinaloa para grabar con una banda de la región. Sus discos son todos grabados en casa, cosa que parece increíble. Porque a David le falta producción pero talento, originalidad e imagen, le sobran. La producción se hace, lo demás no se encuentra muy a menudo. Pero en México, al parecer, la música chatarra es lo que apoyan las disqueras. Tendrá que venir Joaquín Sabina o alguien a descubrirlo, como pasó con Jorge Drexler, quien tocaba abandonado en los bares de Montevideo.
David y Bernardo no sabían que existe lastfm. Les pareció maravilloso cuando les conté, pero hay que ver cuándo suben su música. Ya hay cientos de oyentes esperando.


