Dulce Sublimación
A falta de más excitantes ocupaciones, gracias el exceso de horas de espera en aeropuertos y en mi esfuerzo por aprender a escribir mejor, en los últimos meses he leído como si se fuera a acabar el mundo, el papel o la vista. Y como me ha ido muy bien, comparto los títulos (sin reseñas críticas serias, obvio):
Música para los Buitres (Raúl González). Este libro me lo regaló su autor. Eso generalmente es complicado, por aquello de “si no me gusta ¿qué le digo?”. Pero el libro es muy bueno, la historia atrapa, los personajes son muy interesantes y entonces, no tuve que mentirle al autor. Me gustó mucho el libro y lo recomiendo.
El Amante (Marguerite Duras). Un estilo único. Si alguien no ha leído a Duras y lee puras escritoras de novelas rosa ¡que despierte! Después de El Amante, he leído El Arrebato de Lol V. Stein y El Vicecónsul.
Para No Pensar (Ricardo Marín). Quiero mucho a Ricardo, así que ustedes podrían pensar que no soy objetiva. El caso es que de Ricardo, conocí primero su poesía. Soy amiga de él, porque amé su poesía desde la primer frase y después, aprendí a quererlo a él (que no es difícil). Entonces sí, les juro, que su poesía es fantástica.
El Viejo y el Mar (Ernest Hemingway). No sé si me obligaron alguna vez a leer ese libro. Nunca quise leer lo que recetaba el programa de estudios. Igual, creo que no estaba en el programa de literatura del colegio. El caso es que nunca había leído a Hemingway y El Viejo y el Mar me parece una joya. Se lee en un par de horas, porque la angustia y la emoción no dejan descansar. Es una delicia cómo Hemingway construye los diálogos (del personaje con él mismo) y la relación del personaje con la pesca, el mar, el sentido de la vida. Una delicia.
Los Ojos de los Hombres (Eusebio Ruvalcaba). Eusebio es el maestro del taller literario de los sábados. Este libro es una novela compuesta de relatos cortos. Cada relato tiene un sentido en sí mismo pero el libro completo cuenta una historia congruente y agridulce que confronta a los lectores con su propia moral, su ética y sus valoraciones.Además, el autor logra escribir desde la psicología femenina.
City (Alessandro Baricco). Compré ese libro a ciegas. Tal vez por el título o quién sabe por qué. Me devoré City y aprendí entonces, que sí es posible escribir como a uno se le da la gana y que todo se derrumbó en cuanto a reglas literarias. Nada de eso de crear personajes creíbles. Baricco crea personajes que a todas luces no existen, no pueden existir fuera de la imaginación y a quien lee, eso le importa poco. Los narradores también se salen de toda norma y una no puede hacer más que reír cuando hace esas travesuras. Eso no significa que cualquiera pueda escribir. La verdad, no puedo explicarlo, pero fíjense cuánto me gustó que después de ese me leí TODOS los libros de Barico. TODOS y cada uno de ellos (marqué con asterisco las que más me gustaron):
Seda: es la que lo hizo famoso y es hermosa, pero no es de mis favoritas.
Océano Mar *
Esta Historia *
Tierras de Cristal *
Sin Sangre
Novecento * (de este texto para teatro, se hizo una película hermosa: La Leyenda del Pianista en el Océano)
¡Acabo de descubrir que me falta una! Homero, Ilíada (¿y ahora?). Por aquí están los libros
Y por último, Hamlet (William Shakespeare). Sí, Hamlet. No había leído Hamlet y bueno, si se quiere escribir, hay que leer a los que saben escribir. Conseguí Hamlet en español, en la traducción de Joaquín Gutiérrez (que dicen los que saben, es de las mejores traducciones al español). Si no han leído Hamlet, háganlo.
La sabiduría ¿dónde quedó?
El vigilante del centro comercial le avisa a otro vigilante que ando buscando la librería SOPHOS. Una señora vestida de policía (con traje azul, pues, pero para mí todos igualmente feos) y me dice que la librería está hacia el otro lado.
- Pero ¿puedo ver todo el centro comercial o tengo que pedir permiso?
- Yo sólo quería ayudarle, disculpe.
- Ah, discúlpeme usted a mí (mientras pienso que sí, que ahora estoy en Guatemala y que aquí la tendencia es a ser extremadamente amables, tan amables, que a veces dan ganas de decirles que por favor dejen de agacharle la cabeza a cualquiera como yo). Ando a la defensiva. Olvido que hoy no estoy en México, donde nadie se acercaría a guiarme hacia el local que busco y si se me acercara un vigilante sería claramente porque soy sospechosa de algo.
En SOPHOS, el único libro de Alessandro Barico que tienen, es el mismo que yo llevaba en la mano cuando entré. No es el mejor, además. De los cuatro que he leído en mi mes de maratónica enamorada de Barico, Esta Historia es el menos maravilloso. El caso es que el libro aquí, cuesta 215 Quetzales ($26.5 US) y en México, lo compré en menos de 14 dólares. Todos los libros en la librería SOPHOS son asquerosamente caros. Me tomé el tiempo de comparar, aprovechando que he adquirido la lujosa costumbre de dar muchas vueltas por los estantes de El Péndulo y comprarme un libro por semana. Apenas regrese, iré corriendo a comprar los dos de Barico que me faltan, que no he comprado porque me parecieron caros (antes de descubrir la usura de la que son capaces los dueños de otras librerías en otros países).
Y eso no es todo. En SOPHOS debe haber unos 100 estantes con libros y de todos ellos, sólo uno ¡sólo uno tiene literatura guatemalteca! Para empeorar la situación, todos los libros tienen la pinta de estar ahí simplemente porque nadie se los ha llevado. Hay muchos libros de poesía que me atrevo a suponer, están en consignación… y mucho Asturias, no mucho más. Hace unos dos años, compré en esa librería todos los ejemplares que tenían de las poesías de Luis Carlos Pineda y por supuesto, hoy no había ni uno. Nunca lo repusieron, me encargaré de preguntarle al autor para estar segura, aunque ya lo estoy.
- ¿Sólo ese estante tiene literatura guatemalteca?
- Sí señorita
- ¿Y no les da algo de pena?
- ¿Por qué?
- Con tan buena literatura que hay en este país y ustedes tienen un sólo estante. Debería darles vergüenza.
- Es que sólo tenemos los que no se consiguen en otras librerías.
- ¡PLOP!
Compré un libro de Humberto Ak’abal, no tanto por tener ganas de dejar un cinco a ese negocio, sino porque no es fácil conseguir libros de ese poeta en otras partes. También, porque al menos, se venderá algo de un guatemalteco, en medio de tantos libros de supermercado (porque de esos, abundan en la SOPHOS y lo curioso, es que los venden en todo lado).


