Ni modo. Todo me hace llorar y entonces, en lugar de negarlo, hago lo que hacemos en latinoamerica: oigo música de cabanga. ¿Qué mejor que José Alfredo Jiménez para despedirme de México?

Hablo con Gunnar, y me conforta saber que la Internet, nos permite inventarnos nuevos lugares de encuentro. No debería ser tan distinto hablar ahora, aunque ya no podamos ir con Alejandro a comer ensaladas o tomar café, haciéndole ruido al mundo (como dice Gunnar). Comienza con ellos, la lista de tesoros.

No puedo ni quiero relatar lo que ha sido este año en México. Sólo puedo decir que soy una persona feliz y satisfecha y que aunque ahora mismo o mañana eso cambiara, nadie me quita lo bailado.

También soy una persona afortunada. Hay mucha gente en este mundo que nunca tendrá una amiga como Andrea por ejemplo. Y yo, llego a una ciudad de más de 25 millones de habitantes y me encuentro con ella (gracias también a la Internet, que abre todas las puertas, aunque no todas tengan el premio mayor detrás). Por eso, es lo que más me duele, dejar de compartir con Andrea. Es casi tonto encontrar un tesoro y tener que dejarlo. Pero entonces me digo que no nos dejamos, que tenemos que ver cómo hacer para que en nuestro caso, la distancia no rompa los lazos. No habrá desayunos, cenas con vino y conversadera, noches de odiar al mundo y perder la esperanza… al mismo tiempo que nos damos cuenta, que si el mundo es una mierda, la gente que nos rodea no lo es. Tengo una casa en México, tengo una familia, una mascota y algunos amigos.

Aquí conocí a John, un irlandés con un corazón de oro y tanta sensibilidad, que no le cabe en su figura. A John, lo voy a querer siempre. Conocí a Alejandro, un joven maravilloso, soñador, fuerte, luchador y valiente. Y a Ale, le deseo que siga siempre en pie de lucha y le agradezco haberme acompañado en muchos momentos difíciles. A partir de Ale, conocí a los chicos y chicas del colectivo, a quienes admiro y agradezco que hagan realidad, pequeños sueños, todos los días. Conocí a Cinthya y a Beatriz, dos compañeras que llegué a querer y a conocer poco a poco, porque juntas logramos vernos detrás de todas esas cosas que nos estorban y no nos dejan ver la esencia. Me encontré con K. con quien viví la historia más hermosa y más injusta de todas, alguien con quien soñé y al encontrarlo, comprendí que a pesar de todo, hay cosas que no estamos a tiempo de recibir. Me encontré con Damián, un amigo que me cuidó y con quien siempre conté, sin darme cuenta. Alguien que conoció algunas partes de mí que no muestro fácilmente y a quien quiero muchísimo así, como de sorpresa. Pude abrazar a Luis Ricardo, un ser encantador, que llena el mundo con su amor y tiene su complemento perfecto con Ireri, una mujer maravillosa y mágica. Y bailé con el Paco, para quien siempre reservaré una gavetita, con todo el amor que se merece. Aprendí con Pedro Miguel, a buscarle razones a México, a leer mejor lo que sucede y a luchar sin sacrificar todos los planos de la vida. También bailé con Braulio, un alma buena y creativa, que ahora será el papá amoroso de Valentina, a quien llevará una tarde al Zócalo y le mostrará las partes mágicas de la ciudad, como hizo conmigo. Y aquí conocí a Bernardo y Shirani, porque seguramente tenía que ser en México, porque quién sabe… porque son dos ticos que quiero mucho y no me había encontrado antes. Shirani y yo, compartimos desencantos e impaciencias, nos acompañamos en los desencuentros con México y también, en sus maravillas. A Bernardo, pude verle una faceta que el escenario no deja mirar y abrir una puerta a algunos sueños. Y falta gente.. falta Raúl, César, Arturo, los compañeros de la oficina, los compañeros del taller literario (Guillermo, Maya, Eusebio), Cuauhtémoc, Álvaro, Sofía, la familia (no la de Michoacán), Mika y Mako… No se acaba la lista de tesoros pero tengo que seguir empacando. Además, no es un adiós.

Ya es tarde para seguir haciendo listas. Ya ando por las calles como almita en pena, extrañando cosas que aún están ahí de frente.

Igual, no quiero dejar de mencionar, dos cosas maravillosas que tiene esta ciudad: el transporte público y la ley de no fumado en lugares públicos.

Imagínense ir a un bar, escuchar un concierto completo, tomarse unos vinitos y regresar a casa sin apestar a cenicero… y sin haberse contaminado los pulmones con humo de tabaco. Ya sé que el aire aquí de todas maneras, no es el mejor que podemos respirar, pero el cigarrillo en especial, es de las cosas más molestas que existen para quienes no fumamos, aunque digamos que no nos importa.

También que  imagínense que fuera posible tomar un bus que va por su carril exclusivo, desde Lomas del Río en Pavas, hasta Cartago. Imagínense que en lugar de tomar tres buses para eso, se tomara sólo uno y que en lugar de tardar dos horas, tardáramos 45 minutos. Eso, más o menos, es el metrobús. Y sí, tiene policías pesadísimos, máquinas absurdamente enredadas… pero pasa cada dos minutos y agiliza muchísimo el trasladarse en una ciudad gigantesca como esta.

Y el metro… ¿qué decir del metro? Imagínense que ese recorrido lo hacen en 20 minutos… y que se aprende a sortear las aglomeraciones, a definir las rutas más convenientes, a esquivar las bolsas, los vendedores de cds, el agua de lluvia… y de todas maneras,se llega a tiempo.

Sé que el transporte público de San José, obsoleto y absurdo, me va a sacar más de un enojo ahora que regrese… porque además, el metrobús no hace ruido… mientras que las latas que circulan por chepe parecen un tractor. Y si a eso le sumamos, que en Costa Rica se llama bus de lujo al bus que aquí es el más barato… pues claro que ir a Guanacaste se me hace más duro que irme en un viaje del doble de duración en México…

09.13.2009

Cardenche

Hace unos días, compré un disco que recopila canciones de varios cantautores jóvenes mexicanos. Se trata de una mezcla de música de la que se presenta en El Foro del Tejedor de la Librería El Péndulo. El foro es un lugar incómodo, donde no venden café por las noches y el ambiente nunca se pone a tono con la música… sin embargo, ahí he podido escuchar alguna de la mejor música que he encontrado en México, específicamente, del grupo de cantautores que hacen trova, pop y mezclas de muchos géneros regionales del país.

Otro día contaré sobre los que más me gustan. Ya hablé sobre David Aguilar, pero hay otros. Llevo discos autografiados, con permiso de compartir (si me alcanza el tiempo, ya les daré una habladilla de cultura libre a ver si lo logramos). Lo que quiero mostrar hoy es algo de la música regional mexicana que acabo de encontrar.

La canción cardenche

El disco de recopilación trae una canción de Juan Pablo Villa (de quien no he escuchado nada más) muy hermosa. Rebuscando encontré que es una canción de Coahuila y Durango, de la zona lagunera. El género es poco conocido en México y está en peligro de extinción. La gente que aún lo canta es mayor de sesenta años.

La versión de Juan Pablo no está en verdadero cardenche. Más bien se me parece en su estilo, a las canciones de los pueblos nómadas de los desiertos africanos. Tradicionalmente se canta a tres voces y sin instrumentación extra. La crearon a mediados del siglo XIX los campesinos, quienes cantaban cardenche al final de las arduars jornadas de trabajo en las plantaciones. Quienes la cantan, no se acompañan de más instrumentos que la voz, sino de un licor llamado Sotol. Es parte fundamental del canto.

Y se llama cardenche por los cardos. Es decir, la canción cardenche duele, es desgarradora y se te clava como las espinas del cactus de donde proviene el nombre. Las espinas duelen al entrar pero duelen más al sacarlas. Y así suenan las voces.

Aquí está la canción de Juan Pablo Villa, ilustrada con hermosas imágenes del desierto http://www.youtube.com/watch?v=P0SaTWqmErU (en flash)

Aquí hay un fragmento de un documental sobre la canción cardenche. Al final, se escucha la misma canción, a tres voces y sin instrumentos extra (en ogv).

Aquí, mi amigo p00k4 encontró la canción completa. Está en formato abierto gracias a tinyogg :D

Dicen que Lila Downs hizo una versión también. Pero no me gusta Lila Downs :-)

La letra la pongo aquí. Aprovecho para enlazar a la definición de “ejido“, un tipo de propiedad que existe en México y yo no termino de entender.

Ya me voy a morir a los desiertos

Yo ya me voy
a morir a los desiertos me voy del ejido
y esa estrella marinera
sólo en pensar
que ando lejos de mi tierra
y no más que me acuerdo
me dan ganas de llorar

pero a mí no me divierten los cigarros de la dalia
pero a mí no me consuelan esos tragos de aguardiente
sólo en pensar
que dejé un amor pendiente
y no más que me acuerdo
me dan ganas de llorar

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