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La Guerra contra el Compartir: ¿Por qué le importan a la FSF las demandas de la RIAA*?

Esta es una traducción propia del artículo llamado “The War on Sharing: Why the FSF Cares About RIAA Lawsuits” publicado en Torrent Freak el 13 de mayo de 2009. Las siglas RIAA se refieren a la Asociación Americana de la Industria Disquera, de Estados Unidos (Recording Industry Association of America). La nota de Lawrence Lessig la agregué yo.

El artículo fue escrito por John Sullivan de la Free Software Foundation.

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La Guerra contra el Compartir: ¿Por qué le importan a la FSF las demandas de la RIAA*?

Por John Sullivan Operations Manager, FSF.  Traducción (libre): Carolina Flores

Aquí en la FSF nosotros no hacemos mucha música, así que es natural que la gente se pregunte por qué la FSF ha estado apoyando a individuos que han sido blanco de demandas iniciadas por la Asociación Americana de la Industria Disquera (RIAA). Más recientemente, nosotros abrimos un expediente *amicus curiae* en el caso de *Sony BMG Music Entertainment, et al. v. Joel Tenenbaum* mostrando que la teoría de la RIAA sobre el daño estatutario (ver nota 1) es inconstitucional.

Algunos preferirían que nos abstuviéramos de pelear estos asuntos, sugiriendo que son una distracción del capítulo central de la FSF. Pero el oponernos a eso es de hecho una parte importante de nuestra misión de apoyar el software libre. Primero, porque esas demandas representan un intento claro de reescribir la ley de derechos reservados amenazando con dañar las metas más importantes del movimiento de software libre. Segundo, una minoría en la industria del entretenimiento usa estas demandas como garantías para justificar la tecnología DRM y otras medidas para controlar el flujo de información por medio de la Internet. Tercero, si no hay oposición, estas demandas crean una cultura en la que las personas tienen temor de compartir, tomando el compartir como hurto.

En su respuesta a nuestro escrito, la RIAA dice, “La FSF no es un amigo neutral de la Corte. Más bien, la FSF es una organización dedicada a eliminar restricciones al copiado, distribución y modificación de programas de computadoras, propiedad intelectual clásica, así como las grabaciones de sonido que son asunto de este caso”. No queda claro cuál es el objetivo legal que los abogados de la RIAA, de las firmas Holme Roberts & Owen and Dwyer & Collora creen que están logrando con este ataque. La razón por la cual las organizaciones envían esos escritos es porque tienen interés en las resoluciones de un caso. William Rehnquist definió el *amicus curiae* como, “una frase que literalmente significa “amigo de la corte” -alguien que no es parte del litigio, pero cree que la decisión de la corte puede afectar sus intereses”.

Pero aquí, es el interés público lo que estamos defendiendo, no el propio. Así como no estamos de acuerdo -como la RIAA argumenta- con que seamos más “virulentos” que una organización que intimida a todos, desde los más viejos, pasando por los estudiantes universitarios, hasta los severamente lisiados; para que entren a pagar su dinero o hacer frente a los gastos devastadores de defenderse contra procesamientos injustificables en jurisdicciones lejanas, la RIAA dice lo correcto cuando plantea que la FSF tiene una posición acerca del copyright. Aunque estamos preocupados principalmente, no por la música, sino por cómo el software puede ser elaborado y compartido para beneficiar y empoderar a todos, eso no significa que el impacto de las acciones de la RIAA se limiten a la distribución de música. Sus demandas son una campaña deliberada para reescribir las leyes de derechos reservados usando las cortes. Están intentando sentar precendentes que afectarán todos los trabajos que estén bajo el régimen de las leyes de derechos reservados, incluyendo el software.

La RIAA, la cual en su campaña de litigio representa exclusivamente a EMI, Sony Music Entertainment, Universal Music Group, Warner Music Group, y sus afliadas, quisiera cambiar los derechos reservados por un derecho ordinario de propiedad física. Por medio de estas demandas, busca establecer un control casi permanente sobre todos y cada uno de los usos de las grabaciones que sus miembros distribuyen, expandiendo el poder de los dueños de derechos reservados para incluir cosas que no son parte del corpus existente de leyes y extraer penalidades financieras de la mayoría de individuos indefensos acusados de desobedecer.

Pero los derechos reservados no son ni tuvieron la intención de ser así. De hecho, los derechos reservados requieren que el público renuncie a algunos de sus derechos, tales como la libre expresión y la libre asociación, en aras de promover otro de sus intereses fundamentales -el progreso de las ciencias y las artes útiles. En el trabajo “Malinterpretando los Derechos Reservados” (Misinterpreting Copyright), Richard Stallman, presidente de la FSF, describe una analogía entre esta compensación y las adquisiciones del gobierno. Cuando se realiza cualquier tipo de compra para hacer obra pública, el gobierno busca (aún cuando no lo haga perfectamente) minimizar la cantidad de dinero de los contribuyentes que gastará para obtener los bienes que necesita. Esto significa que se pagará un precio que los proveedores encontrarán aceptable, al tiempo que se evitará ser amedrentado por aquellos proveedores que argumenten que los bienes valen más de lo que realmente cuestan. Cuando la marina de guerra estadounidense fue acusada de pagarle a Lockheed $640 por cada inodoro para algunos de sus aviones, es comprensible que la gente estuviera furiosa, porque el gobierno había despilfarrado los fondos públicos.

En el caso de los derechos reservados, lo que el gobierno está gastando es la libertad de la gente, para obtener réditos para los bienes públicos culturales y científicos. Ahora mismo, los gobiernos están despilfarrando esa libertad. Están gastando muchísimo y recibiendo muy poco como retribución. Muchos autores y artistas le están diciendo al gobierno que los trabajos pueden hacerse sin semejante gasto. El movimiento internacional de software libre ha estado proveyendo esto por varios años ya, habiendo producido exitosamente un sistema operativo completamente funcional en GNU/Linux, el cual puede ser usado, compartido y mejorado libremente, por cualquiera que quiera hacerlo; y más recientemente ha habido gente haciendo cosas similares en enciclopedias, libros de texto y el mundo de las artes (incluyendo la música).

Previamente, debido a que se requería equipo grande y caro, los lectores y escuchas normales no tenían los medios para hacer copias fácilmente. Los derechos reservados restrictivos no les afectaban negativamente. Pero ahora, porque mucha gente tiene la posibilidad de ejercitar fácilmente su libertad, la carga impuesta por las restricciones de derechos reservados en nuestra sociedad se ha vuelto inaceptablemente pesada. Así como estas restricciones han llegado a ser muy pesadas, se han vuelto menos necesarias (el costo de hacer publicaciones es mucho menor ahora, se requiere menos incentivos). En lugar de aceptar esto, el gobierno se ha colocado en el lugar de los que con avaricia, a la manera de los que vendieron los inodoros de $640, ven una oportunidad de congelar lo que se trata de una contingencia y una consecuencia del negocio, en un derecho permanente y natural para ellos mismos, expandiendo los poderes de propiedad bajo la ley de derechos reservados, más allá de sus fronteras actuales e históricas.

En los Estados Unidos, la nueva administración sigue parcializado en contra de la gente. El vice presidente Joe Biden recientemente habló en una actividad del MPAA (Motion Picture Association of America), adoptando el lenguaje de “piratería” de la industria cinematográfica, diciendo “Es hurto puro”. Biden también le aseguró a la MPAA que el Presidente Obama encontraría el zar apropiado para los derechos reservados. Su actitud no es sorprendente, dada su actitud impaciente como senador, para patrocinar y apoyar la legislación impulsada por la RIAA. Fue él, después de todo, uno de los senadores estadounidenses invitados a tomar la champaña de celebración de la Digital Millennium Copyright Act (DMCA) auspiciada por la MPAA, RIAA y la Business Software Alliance. Obama mismo ha llamado a Tom Perrelli y Donald Verrilli, ambos antinguos abogados de la RIAA, para que ocupen cargos en la Produraduría General de la República.

Si vamos a lograr leyes de derechos reservados que sean sensatas, tenemos que evitar la confusión entre la institucionalización de la avaricia corporativa y las artes. De hecho, al parecer la mayoría de los artistas está en desacuerdo con la RIAA. Artistas de Sony han reportado gana apenas $0.045 por cada canción vendida en iTunes y la mayoría de ellos nunca recibirán ni siquiera eso de parte de Sony. Como un ejemplo dentro de muchos, la cantante Courtney Love responde a los cargos de piratería diciendo: “¿Qué es piratería? Piratería es el acto de robar el arte de un artista sin intención alguna de pagar por ello. No estoy hablando del software tipo Napster. Estoy hablando de los contratos de las compañías disqueras más importantes”.

La RIAA no cesa en manipular la ley de derechos reservados para dañar a los artistas y al público. También usan sus demandas como palanca para argumentar por el control sobre cualquier tecnología que pueda ser usada para distribuir música. Por ejemplo, han presionado para que se requiera que todos los puntos de acceso de conexión inalámbrica a Internet sean cifrados y cerrados, para restringir tecnologías como BitTorrent y otras formas de distribución entre iguales (peer-to-peer), para imponer topes al ancho de banda a los usuarios domésticos de Internet y para monitorear el tráfico por medio de los proveedores de servicios. Esos esfuerzos dañan directamente al software libre. Porque los desarrolladores de software libre alrededor del mundo trabajan de forma colaborativa y dependen de las redes de libre distribución para mover el software, datos y sus conversaciones. En particular, la tecnología peer-to-peer hace que esto sea más sencillo y más barato para personas que tienen menos ancho de banda disponible, y por lo tanto, es un medio poderoso de impulsar la distribución del software libre y los esfuerzos por su amplio desarrollo.

La RIAA hace nuevos ataques al software libre cuando usan estos casos de compartir archivos como arma para defender la Digital Millennium Copyright Act (DMCA). Fue la RIAA la que atacó al científico de Princeton Ed Felten por querer publicar información matemática útil, porque su información de utilidad general podía ser usada para descifrar su esquema específico DRM. Sony no vio problema alguno en instalar secretamente herramientas en las computadoras de los usuarios, para permitir el espionaje entre ellos y bloquear ciertas actividades. Estos esfuerzos por volver a las computadoras en contra de sus usuarios y por restringir la información técnica son claramente incompatibles con el software libre. Si permitimos que la RIAA gane indignantes daños en estas demandas, estamos permitiéndoles que fabriquen evidencia de pérdidas debidas a copias illegales, las cuales después serán usadas para exigirle al Congreso, mayores controles sobre nuestra tecnología.

Entre el gobierno y el público, las demandas de la RIAA crean una cultura que enmarca estos asuntos en términos que hacen más difícil que el software libre tenga éxito, al crear una cultura que tenga temor de compartir. Esto lleva a la confusión como en el reciente caso de una maestra de escuela que asumió que un estudiante que estaba entregando discos de GNU/Linux en clase, estaba quebrantando la ley. Apenas se le puede culpar a ella por tener esta impresión, si las demandas de la RIAA y la propaganda constantemente permea los medios de comunicación, empujando a que todos asuman que compartir está mal a menos que se diga lo contrario.

El enfoque que la RIAA hace de este asunto como “propiedad intelectual” es otra forma clave de difundir este miedo. Citan nuestra oposición a este concepto en su respuesta a nuestro escrito, y están en lo correcto. El uso del lenguaje de “propiedad intelectual” amenaza con minar el movimiento de software libre. El término agrupa conceptos disparatados como derechos reservados, patentes y marcas registradas, las cuales, legalmente son distintas. La RIAA quisiera agruparlos porque haciendo eso aumenta el tamaño de extorsión que pueden obtener. Al dibujar una analogía con la propiedad física, borran las historias existentes detrás de esas áreas específicas de la ley y racionalizan los daños obsenos que están solicitando. Complica la discusión de estos temas de manera que no se encuentren buenas soluciones y si se usa en lugar de una discusión clara acerca de derechos reservados en el terreno de la música, entonces la gente lo aceptará de igual manera cuando se discute de software.

La nota al pie es que por el arte, así como por el software, la ley sensate de derechos reservados debe facilitar y promover el compartir, para que todos se puedan beneficiar de lo que se produce y participar de forma significativa en la producción. Para el software, la manera más sencilla de compartir, es poner el código en el dominio público y no requerir de ninguna licencia de usuario final (End User Licensing Agreement (EULA)) o patente. Cualquiera puede estudiar y usar el software, hacerle cambios al mismo y redistribuir las versiones que se cambiaron a quien se quiera. Sin embargo, esto deja la puerta abierta para que otra gente use los derechos reservados para hacer algunos cambios a ese software y eliminar la libertad, redistribuyendo sus versiones sin las libertades que estaban originalmente ahí. La ley de Derechos Reservados permite que la gente haga un rol de intermediario así, interceptando los trabajos que tenían la intención de ser libres y convirtiéndolos en programas propietarios para controlar a los usuarios.

Para asegurar que el software escrito para ser libre permanezca libre, la FSF usa una licencia de derechos de autor llamada la Licencia Pública General GNU (GNU General Public License (GPL)). La GPL dice que cualquier persona es libre de usar, copia, cambiar y distribuir las versiones modificadas del software al que está ligada la licencia, siempre y cuando traspase las mismas libertades a cualquiera que reciba el software. La GPL puede hacer esto porque la ley de derechos de autor le da a los poseedores del derecho reservado la autoridad de delinear esos términos. En lugar de usar esa autoridad para hacer ilegal el copiado, la FSF usa esa autoridad para hacer ilegal que sea ilegal hacer copias.

A pesar de esto, la FSF continúa trabajando para reducir el poder de las restricciones que imponen los derechos reservados, al pelear contra estas demandas, entregando escritos en casos específicos y recolectando contribuciones para el RIAA Expert Witness Fund (Fondo de Expertos Testigos de la RIAA). No tenemos la intención de dispararnos en nuestro propio pie apoyando propuestas para reducir el alcance de los derechos reservados, los cuales podrían debilitar la forma en la que la GPL protege la libertad, sin debilitar al mismo tiempo, la forma en la que compañías como Microsoft y Apple lo usan como un arma para arrebatar la libertad *. Pero tampoco vamos a apoyar el abordaje expansivo de la RIAA para dar más poder a los dueños de derechos reservados a costa del público, con el argumento de que eso “fortalecería” la GPL. No aceptaremos perder la GPL como un escudo efectivo a menos que sea parte de un plan confiable que haría el software libre en general. Pero tampoco lo confundiremos con la meta final, que es lograr un mundo donde la gente no sea llamada criminal cuando quieren saber qué es lo que está haciendo el software ahora en su computadora, o por compartir una copia con sus vecinos, o para mejorarlo y compartir sus mejoras.

Ejecutivos como Rolf Schmidt-Holtz de Sony Music Entertainment deben recibir el mensaje y echarse para atrás. A pesar de que dijeron en diciembre, que detendrían las demandas contra indoviduos, la RIAA ha interpuesto 62 demandas más sólo en el mes de abril. Los ciudadanos están cansado de ver cómo sus gobiernos malgastan su libertad para enriquecer a estas millonarias corporaciones y están cansados de ser intimidados. Continuaremos nuestro trabajo para apoyar esta oposición a la Guerra contra el Compartir y para restablecer o reemplazar la ley de derechos reservados para lo que se proponía, el progreso en la ciencia y las artes para todos.

CC-BY-ND

Nota:

1. Lawrence Lessig dice acerca del daño estatutario: “Para casos de “violaciones voluntarias” la Ley de Copyright especifica algo que los abogados llaman “daños estatutarios”. Estos daños permiten que el dueño de un copyright reclame 150.000 dólares por cada violación”.

* Esta sección fue especialmente difícil de traducir. El texto original dice: “We do not intend to shoot ourselves in the foot by supporting proposals to reduce the scope of copyright that would weaken the way the GPL protects freedom without simultaneously weakening the way companies like Microsoft and Apple use it as a weapon to take away freedom”. Si usted piensa que ka traducción tiene fallos, por favor deje un comentario para que podamos mejorarla colectivamente.

¿Tenés una idea? ¡te la robamos! (o la verdadera piratería)

En octubre del año pasado, escribí sobre un concurso organizado por Google llamado 10 al 100. El post se llama “Regálame tus ideas ¿sí?”

Hoy recordé ese post, porque en el Fusil de Chispas se promociona un concurso organizado por Scotiabank, que usa el mismo principio. Muchos jóvenes van a regalar sus ideas de mercadeo al banco, a cambio de participar para ganar un premio baratón de un viaje más $10000 US (al que mejor le va).

Pensándolo individualmente y como ganador, no suena tan mal. Pero me fui a leer una de las cláusulas y así supe que se trata del mismo engaño que hizo Google (aunque en el caso de Scotiabank debo decir que es aún más descarado):

“b) Todos los ensayos presentados, y las ideas asociadas a este, una vez activada la aplicación, se entienden cedidos los derechos de propiedad intelectual, y las ideas asociadas a este, pasan a ser propiedad de Scotiabank y el uso de cualquiera de los mismos no constituirá una violación de los derechos de autor del participante. El participante cede los derechos de autor a Scotiabank desde el momento que ingresa en el concurso y dentro de las facultades cedidas se contemplan.” (reglas del reto)

En el caso del concurso de Google, el proceso de recepción de ideas cerró el 20 de octubre pasado y aún no han puesto a disposición del público una sola idea porque recibieron más de 150 mil… Me pregunto si estarán patentando o registrando las 150 mil ideas a nombre de la empresa y por eso se tardan tanto.

Así que no. No me emocionan esos concursos ni me parecen maravillas de la creatividad. Al ingenioso que ideó el concurso, sí deberían darle un premio (seguramente se lo dan y es cien veces más jugoso que el viaje a Jamaica).

Nota:

Existe una organización de la ONU que se supone, debe velar por la protección de lo que se llama Propiedad Intelectual (término de por sí, engañoso) pero sus empleados están muy ocupados ayudando a que se patenten semillas, en lugar de monitorear estas trampas que violentan los derechos de los autores.