Yo sólo conocía los pecaditos de maní, pasas y arroz tostado









“Tus regalos deberían de llegar”
(Fito Páez)
Me pidieron que dijera mis pecados y me sentí en la obligación de inventar que tenía uno. Mentí para cumplir con el requisito (eso debe llamarse meta-pecado o algo así). Si ahora tuviera yo ese extraño ritual de confesarme, buscaría al padre más guapo de la cuadra, esperaría a que me pregunte “¿has tenido pensamientos impuros?” y cerraría los ojos para imaginarme debajo de la sotana.


Me vestí de blanco hasta la cabellera (de ese recuerdo tengo media foto tomada por un desconocido). La costurera del pueblo se dio gusto metiendo vuelos y encajes por todas partes. Por suerte nunca más me vestiré de pastel de bodas.


Como corresponde, comí la galleta suiza sin el dulce. Tal vez eso marcó para siempre que nunca más hiciera fila por semejante representación de un cuerpo. No estoy segura si fue eso o una relación directa con la estafa: con el dinero que me dieron los invitados, mi mamá pagó los recibos vencidos de la luz. Debí suponer que dios no iba a intervenir y ya hace tiempo que dejé de esperar, aunque no olvido nunca que ambos me deben mis regalos.

una buena razón para usar lentes oscuros









Me preguntó como estoy
le hablé del clima


fue una sorpresa ver
como siguen ahí
las chispas de sus ojos
mientras los míos
a duras penas
reflejan un simulacro


soy un vestigio
de la que fui
esa tarde
cuando cerré
mi puerta en su cara
mientras la lluvia
le empapaba los pies
y sus sandalias


me preguntó como estoy
le hablé del clima


en eso me he convertido
en un cliché
en eufemismos
en capas de maquillaje

lunedad









desde aquí
las luces
parecen ojos llorosos


sumémosle a eso
el melancólico reflejo
de la lluvia en la calle
y este silencio
interrumpido de vez en cuando
por algún motor


que esta ciudad
sufre falta de sexo
no puede negarlo nadie