T

El de hoy


la blanca se resiste
una línea tenue se dibuja
y la separa torpemente del negro
los dos se mueven
se contonean
bailan


permanezco
mirando
hasta que empiezo
a parecer sospechosa
no sé por qué me importa
termino con aquello
empuño la cuchara
y mezclo


El de ayer


la espuma se parece
a cuando yo de pequeña
simulaba malteadas
sacadas de la lavadora
es perfecta
tan perfecta
que da pena atacarla


con el bombardeo de azúcar
le hago un cráter
me espero
contemplo
hasta que empiezo
a parecer sospechosa


y no,
no estamos en el café La Habana

fracaso 25









Mamá no soporta escuchar ese nombre
el nombre de la traición
es que ella es así
tiende a poner la culpa
en la canasta equivocada
y siempre dice que los hombres aquí
que los hombres allá
que se van más allá
el día que les da la gana


son las 7 con 40 en el mío
en tu más allá sumale dos
las palmeras se mueven
al ritmo del tambor
de los frenos de un carro de 1954
fabricación soviética


alguna vez fue el anzuelo de un gran conquistador


la pintura le brillaba
como mis ojos cuando subías en mi
igual que en 1960 que en 1980
subían las negras guapas
y ya no
ya nadie sube


tampoco brillan mis ojos
mi mamá sigue odiando el nombre de tu calle
pero a mí me recuerda el barrio chino
tu estación del metro
la librería de la esquina
donde verás mi ausencia
cuando mojés los libros con deseo
a través de la ventana


acordate de mi
no hace falta que lo pida
no pasarás de la puerta

NS/NR









con el rojo del freno
me putearon desde lejos
me dijeron que pase
con un pestañeo de luz frontal


alguien me dijo gracias
con las luces de parking
tal vez me estaba haciendo ojitos
en otro romance efímero


en un abrir y cerrar de luces
el camionero me avisa
que me acerco a abominables azules
representantes de esa cosa
que llamamos LA ley


me da por preguntarme
¿qué se dirán las luciérnagas?
¿serán como nosotros
buscando respuestas
en las estrellas?

Canciones para una cabanga









por leer un poema


por escuchar a Calamaro
y aparecer de nuevo
en la línea gris
de microbuses de Morelia


por tomar un mal café


por dormir de más
y no querer despertar
a un mundo agujereado
por la ausencia


por desperdiciar en un vómito
las copas de vino y la anestesia


por mirarte conectado
en el messenger
y soportar hacer silencio
por respeto al muerto


por un estómago
eternamente vacío


por un balcón
que no recibe serenatas


por deshidratación
inanición de besos
por hastío


por todo eso
me he sentido morir
desde que huiste


pero tienen razón
esos que dicen
que de amor, nadie se muere

Sin título









lo único que crece
es el nivel del drama
la pasión ha regresado
a su etimología
y al final,
todo es siempre una mierda


cojo la mierda
para rayar paredes
y escribir estas cosas
que no pasan de ser
baratillos de lástima


aquí adentro,
lo único que crece
es el umbral del dolor
la novedad
es que esta vez
se ha ido hasta el hambre


y a mí me da lo mismo


prefiero perder kilos
como pierdo el amor

La casa es un lugar común









Cuando me toca explicarme el amor, intentar lo imposible, tratar de evitar el dolor del silencio, se me ocurre pensar en el amor como si fuera una casa. No sólo porque una casa debería ser un refugio contra el frío, contra el hambre, contra ese viento que amenaza con arrasarlo todo, contra ese calor que seca los ojos y el alma. No sólo porque colgamos móviles encima de la puerta para saber si hay intrusos cruzando el umbral del espacio íntimo de la casa.


No sólo es una casa porque puede tener jardín y cuidar de un jardín requiere de paciencia, observación de los detalles y comprensión de los ciclos de la vida… Yo digo que el amor es una casa porque con el tiempo, dejamos de pintarle las paredes (que tanto oyen y callan, las pobres); dejamos de limpiar las cañerías (donde se acumulan resentimientos, desperdicios, reclamos); dejamos que las canoas se llenen de hojas caídas (como recuerdos, cuentas pendientes, fotos viejas y sobre todo preguntas que no pudimos hacer); no tapamos las goteras (y la presión del agua termina por explotar en los días de tormenta).


Y como para mí, el amor es como una casa, propongo que sea una casa de alquiler. Así, renovamos cada 30 días las ganas de habitarlo.


Hoy, por ejemplo, tuve ganas de comprar el periódico y revisar uno por uno los clasificados.