N









Creía que en las mañanas
a escondidas, me harías el café
para tratar de aprenderte
la justa medida del agua


por las noches
cuando llegaras en automático
a contarme las hebras del cabello
te iba a cerrar los ojos
para decirte al oído
“amor, quitate la gabacha”


en la escena
miraba nuestros libros revolcándose
el sol filtrándose entre las hojas
de tu plantita de hierbabuena


ingenua,
con tus palabras
hice un hermoso nido
porque pensaba
que habitaríamos ahí


De última hora
un zopilote
ha ocupado la casa
las telarañas
me cobijan los huesos
y pasan días
en los que ni siquiera
te recuerdo

Amuleto







Por cada una de las alas
que tenés en la espalda
yo tengo puñaladas


Dos soles en tu pecho
son mis cuatro rasguños
de nada despreciable
profundidad


Te cambio
ese tribal en el brazo
por la muleta que cada cierto tiempo
debo sacarme de la manga
un par de tus tatuajes
por una verdadera herida de guerra


y de antemano
pido perdón