Hadoop salió esta mañana de su casa muy temprano. Tomó su mochila y se despidió de su abuelo A.P.H. “Ve con calma Hadoop, recuerda organizar muy bien todo y no acelerarte demasiado”, le dijo. Después se quedó hablando solo, como casi siempre pasa. Porque una vez que el abuelo A.P.H. comienza una historia, la enlaza con otra que se enlaza con otra y no termina jamás. Hadoop ha llegado a pensar, que él deja a su abuelo cuando termina el desayuno, sale a la calle, espera el bus y aquel sigue hablando sin que le importe que ya nadie lo escucha. Pero lo cierto es, que cuando regresa de la escuela, el abuelo A.P.H. sigue la historia de la mañana como si las seis horas de clases nunca hubieran ocurrido.
A Hadoop, le encantan las historias de su abuelo A.P.H. Le parece increíble cuántas cosas ha hecho: repartidor de correos, especialista en servicio al cliente, archivista, bibliotecólogo, guardia de seguridad. Ésa es su época favorita, cuando se aseguraba, de día y de noche sin parar, que nadie entrara a robar la información que resguardaba. Por eso pasa tanto tiempo con él con cualquier excusa: hacer el café para alimentar al gato Tom, cocinar Spam, o preguntarle cuál es la mejor forma de hacer las múltiples tareas simultáneas que le asignan todos los días. Hadoop no necesita ayuda para hacer sus deberes, pero le gusta preguntarle al abuelo cómo lo haría él. “Una cosa a la vez Hadoop, una cosa a la vez”, le dice. “Pero si puedo hacerlo todo, abuelo… yo puedo hacerlo todo al mismo tiempo y me sale bien”, le dice Hadoop con impaciencia.
Esta tarde, Hadoop regresó de nuevo con una nota de su maestra. “Nunca se queda quieto, señor A.P.H. Ha organizado a todos sus compañeros y ahora se han repartido las tareas… Y eso, señor A.P.H. es sumamente eficiente… pero usted comprenderá que no podemos permitir el desorden dentro del aula. Le agradezco que por favor hable con él y le jale un poquito la trompita”.
“No es desorden, abuelo… es al contrario… todos nos ayudamos a hacer las cosas y compartimos las tareas… porque aprendemos más”, le dice Hadoop a su abuelo A.P.H. “Eso está bien Hadoop, pero tenemos que encontrar una manera de que en la escuela entiendan eso. Por ahora, déjame que te cuente una historia de cuando me encontré a Tom y era un gatito pequeñito…”. Y así siguieron hasta que fue la hora de dormir y Hadoop no quería descansar. Como todos los días.
Historia por: David Narváez y Carolina Flores

