Cómo Hablar con Niñas Pequeñas

Traducción del artículo «How to Talk to Little Girls» publicado en The Huffington Post el 22 de junio de 2011 por Lisa Bloom, autora de ‘Think: Straight Talk for Women to Stay Smart in a Dumbed Down World’ (Piensa: Hablar claro para que las mujeres sigan siendo inteligentes en un mundo idiotizado).

Asistí a una cena en casa de un amigo el fin de semana pasado y conocí a su hija de cinco años de edad.

La pequeña Maya tiene el cabello café y rizado, ojos de corderita, y se veía adorable con su vestido de noche rosado brillante. Yo quería gritarle, «Maya, ¡eres muy tierna! ¡Mírate!¡Da una vuelta y modela ese vestido de vuelos, cosita hermosa!»

Pero no lo hice. Me contuve. Como me muerdo la lengua siempre cuando conozco niñas pequeñas, reprimiéndome mi primer impulso de decirles lo tiernas /lindas/ bonitas/ bien vestidas/ bien peinadas que están o lo bien arregladas que tienen sus uñas.

¿Qué hay de malo en eso? Es el rompe hielos estándar en nuestra cultura cuando le hablamos a las niñas pequeñas ¿no es así? y ¿por qué no hacerles un halago sincero para potenciar su autoestima? Justamente por lo adorables que son, quiero explotar cuando las conozco, honestamente.

Mantengan ese pensamiento solo por un momento.

Esta semana, ABC News reportó que a casi la mitad de todas las niñas entre tres y seis años de edad, les preocupa el estar gordas. En mi libro, «Think: Straight Talk for Women to Stay Smart in a Dumbed-Down World» [Piensa: Hablar claro para que las mujeres sigan siendo inteligentes en un mundo idiotizado] yo revelo que en la actualidad, entre un 15 y un 18 por ciento de niñas menores de 12 años usan máscara de pestañas, delineador y lápiz labial regularmente; los desórdenes de la alimentación aumentaron y la autoestima ha bajado; y 25 por ciento de las jóvenes estadounidenses preferirían ganar America’s Next Top Model [concurso para ser la próxima supermodelo estadounidense] que el Premio Nobel de la Paz. Incluso las mujeres universitarias brillantes, exitosas dicen que preferirían ser sexy que inteligentes. Una madre de Miami acaba de morir por causa de una cirugía cosmética, dejando a 2 hijos adolescentes. Esto continúa sucediendo y me parte el corazón.

Enseñar a las niñas que su apariencia es lo primero que usted nota en ellas, les dice que la apariencia es más importante que cualquier cosa. Las predispone a hacer dieta a los 5 años, a ponerse base a los 11, a hacerse cirugía de senos a los 17 y ponerse Botox a los 23. Debido a que nuestro imperativo cultural de que las niñas deben estar hermosas 24/7 se ha convertido en la nueva normalidad, las mujeres estadounidenses se han vuelto cada vez más infelices. ¿Qué es lo que falta? Una vida significativa, una vida de ideas y leer libros y de ser valoradas por nuestros pensamientos y logros.

Por eso es que me obligo a hablar a las niñas de la siguiente manera.

«Maya», le dije, acuclillándome hacia su nivel, mirándola a los ojos: «me da mucho gusto conocerte».

«Me da mucho gusto también», dijo ella, con la voz para hablarle a los adultos. Entrenada, de niña buena, educada.

«Ey, ¿Qué estás leyendo?» le pregunté, con brillo en mis ojos. Amo los libros. Me enloquecen. Permito que eso sea evidente.

Sus ojos se engrandecieron y la expresión facial practicada y educada abrió camino para la emoción genuina sobre este tema. Hizo una pausa, pensó, con un poco de timidez hacia una extraña como yo.

«YO AMO los libros» le dije. «¿Y tú?»

La mayoría de los niños y niñas los aman.

«SÍ», dijo ella. «¡Y ahora los puedo leer yo por mi cuenta!».

«¡Wow, sorprendente!» le dije. Y de hecho lo es para alguien de 5 años. Tú sigue así, Maya.

«¿Cuál es tu libro favorito?» pregunté.

«¡Voy a traerlo! ¿Puedo leértelo?»

Purplicious fue el que seleccionó Maya (nuevo para mí). Maya se acurrucó a mi lado en el sofá y leyó orgullosamente cada palabra en voz alta, acerca de nuestra heroína a quien le encanta el rosado pero es atormentada por un grupo de niñas en la escuela que visten solo de negro. Ay, se trataba de niñas y la ropa que usan y cómo su elección de guardarropa define sus identidades. Pero después que Maya cerró la última página, dirigí la conversación hacia los asuntos más profundos en el libro: las niñas malvadas y la presión de grupo y el no llevarse con el grupo. Le dije que mi color favorito en el mundo es el verde, porque amo la naturaleza, y ella estuvo de acuerdo.

Ni una vez discutimos sobre ropa, el cabello, los cuerpos o quién era hermosa. Es sorprendente cuán difícil es alejarse de esos temas con las niñas pequeñas, pero yo soy terca.

Le dije que yo acababa de escribir un libro, y que esperaba que ella también escribiera uno algún día. Ella estaba realmente emocionada con esa idea. Ambas nos entristecimos cuando Maya tuvo que irse a dormir, pero le dije que la próxima vez eligiera otro libro, que lo leeríamos y hablaríamos de eso. Ups. Esto la estimuló demasiado como para dormir y ella vino desde su habitación varias veces, toda emocionada.

Entonces, una pequeñísima dosis de oposición a una cultura que envía todos los mensajes errados a nuestras niñas; un pequeñísimo empujón hacia el valorar la inteligencia de las mujeres; un breve momento de dar intencionalmente modelos a imitar. ¿Cambiarán pocos minutos con Maya nuestra industria multibillonaria de la belleza, los shows en vivo que degradan a la mujer, nuestra cultura maniaca por las celebridades? No. Pero yo cambié la perspectiva de Maya, al menos por esa noche.

Intenten eso la próxima vez que se encuentren con una niña pequeña. Es posible que ella se sorprenda y se muestre insegura al principio, porque pocas personas le preguntan sobre su mente. Pero sea paciente y continúe. Pregúntele qué está leyendo. Qué le gusta y qué no le gusta y por qué. No existen respuestas incorrectas. Usted estará únicamente generando una conversación que respeta su inteligencia. Para chicas más grandes, pregúnteles sobre eventos de actualidad: contaminación, guerras, los recortes a los presupuestos educativos. ¿Qué le preocupa a ella del mundo exterior? ¿Cómo lo arreglaría si tuviera una varita mágica? Es posible que usted reciba respuestas intrigantes. Dígale sus ideas, logros y sus libros favoritos. Bríndele un modelo de lo que una mujer pensante dice y hace.

Y permítame conocer las respuestas que usted reciba en twitter y Facebook.

He aquí una contribución para cambiar el mundo, una niña a la vez.

Para más consejos sobre cómo usted y su hija pueden seguir siendo inteligentes, asómese a mi nuevo libro «Think: Straight Talk for Women to Stay Smart in a Dumbed-Down World» (en inglés) www.Think.tv.

Bajarse de la nube

Cuando por alguna extraña razón debo ir a la ventanilla de un banco, me hace sonreír cuando llega «Doña Juanita» y saluda al cajero por su nombre, antes de que el cajero le diga de regreso «¿Cómo está don José? ¿sigue enfermo? ¡qué mal, ojalá mejore!» y así…

Desde hace años, pago los recibos en línea, hago transferencias electrónicas y pago casi todo con tarjeta de débito. Cuando quiero efectivo, paso a un cajero electrónico y nunca, nunca me toca hacer fila… excepto hoy.

Heredia centro, viernes 17 (o sea, inicio de fin de semana de pago). La fila en cada cajero (hay dos) tiene unas 12 personas cada una. No tengo más remedio que esperar, porque dejé el carro estacionado con un señor que vende boletas municipales de estacionamiento y en mi cartera no hay ni 100 colones. Ese es mi estado natural, porque como ando siempre en la nube, el dinero para mí, es un conjunto de bytes.

Pero no para Heredia centro. No para muchas personas que ahora mismo estarán también haciendo fila frente al cajero automático y no tienen acceso a Internet o simplemente no se han acostumbrado a eso de no contar el dinero y ni siquiera tocarlo. Y entonces me entra la psicóloga que antes de estar sentada detrás de un escritorio o de gastar la agenda entre reuniones, facilitaba talleres para uso de Internet con personas usuarias básicas de las máquinas… Y me doy cuenta del siguiente problema:

1. La gente que no utiliza el Internet Banking tiene un uso más lento del cajero automático, cosa que aumenta la fila. Podríamos suponer que quien tenga un uso más que inicial de las computadoras, no engrosaría las filas del banco.

2. La gente que no utiliza el Internet Banking debe sacar más dinero de los cajeros automáticos y ¿quién sabe? Tal vez hace los cálculos de alquiler, agua, luz, teléfono ahí mismo en el momento de indicar el monto que quiere sacar.

3. La gente que no está familiarizada con las máquinas, desconfiará del cajero automático y contará hasta dos veces el dinero para asegurarse que no falta un billete. Puede pasar que el cajero automático mienta y no te dé nada (le ha pasado a alguna gente que conozco) pero ¿a alguien le han dado menos billetes en un cajero automático?

Peeero, antes de que comiencen a pensar que estas personas son retrógradas y no sé qué más… permítanme decirles que esa fila tiene sentido y hasta es comprensible… Si no se usa el Internet Banking ¿cómo se sabe cuánto dinero hay en la cuenta? La forma de saber cuánto se gasta, es tener el dinero en la bolsa y contar lo que queda. Es decir, usar la tarjeta de débito TIENE que acompañarse del revisar la cuenta bancaria, o lo que se genera es un caos financiero terrible… Es el caso de mucha gente joven que ni siquiera sabe en qué gastó el salario ¡pero eso no puede pasarle a doña Juanita, ni a la mamá de tres niños! Y entonces la fila tiene todo el sentido y es cuando me doy cuenta que la perdida soy yo.

Y el mundo cambia pero doña Juanita sigue yendo a pagar la luz con el cajero de ventanilla y lo saluda por su nombre o pregunta «¿y a dónde lo mandaron que hace tiempo no estaba por aquí?». El mundo cambia pero no se prepara a la gente para el cambio y entonces los cajeros automáticos siguen pareciéndose a las ventanillas del banco, sólo que sin saludo, sin nombre y sin historia.

Para todo sirve la tecnología

El diario La Prensa, de Honduras, publicó la fotografía de Isis Murillo mientras era cargado después de que los militares golpistas le dispararan en la cabeza. La foto no muestra la sangre de su camisa y sobre todo, la sangre que brotaba de su cabeza. ¿Con qué se retocó? Con algún programa de cómputo. Para eso sirve la tecnología.

El mismo día, un joven comenzó a denunciar. Escaneó La Prensa. Luego la fotografió, para mejorar la resolución de la imagen. Para eso sirve la tecnología.

Un blog publicó la denuncia. Muchos leyeron. Muchos reprodujeron.Para eso sirve la tecnología.

El diario tuvo que publicar ambas fotos y pedir una disculpa (para eso no sirve la tecnología, hay cosas que no tienen remedio).

A Edgardo, de 16 años, mi más grande respeto por su denuncia. A la familia de Isis, no sabría qué decirle. Para eso, tampoco me sirve la tecnología, ni las lágrimas que lloro por Honduras.

Disculpa de La Prensa
"Disculpa" de La Prensa