La Brecha Musical

lastfmPor mucho que vislumbro algunas consecuencias inesperadas de todo esto de la Web 2.0 (que se le tache de Marxista es lo de menos o es de lo mejor, según se mire) y que los discursos apologéticos tengan algo de verdad, no puedo evitar la fascinación. No veo a los de Silicon Valley como titiriteros. Tal vez se parecen más a ciertos semidioses traviesos, de esos que igual sufren y se arrepienten de los resultados de sus caprichos, porque al final, todo se hace incontrolable. Acerca de eso estaré investigando… así que no hay nada definitivo ni contundente en estas afirmaciones, lo mismo que en cualquier cosa que se lea aquí, para eso está en la web y no en papel impreso.

El asunto que me trae babeando ahora es last.fm, pero no quiero hablar de lo rico que es escuchar música nueva y desconocida o lo hermoso que es mirar cómo va cambiando la industria de la música. Me interesa hablar de last.fm como un espacio donde podemos mirar las mismas contradicciones del espacio que equivocadamente denominamos “real” (esa distinción es un lastre… o al menos, una separación que en sí misma no explica nada pero ese es otro tema).

Hace poco anduve mirando, que en last.fm los grupos llamados “latinoamerica”  “rock en español”  y “se habla español” tienen en sus listas un 99% de música en inglés (bueno, es un aproximado) y en español generalmente aparece únicamente Soda Stereo (para mi gusto, demasiado británico wannabe).

¿Cuál podía ser la solución? (pensé)

¡Hacer un grupo donde se reúna la gente que escucha música en español!

Eso hicimos Beto22_ac (un mexicano de 19 años de quien no sé más que su gusto musical) y yo. Además, invitamos a participar a muchos de los que nos quejamos de eso o al menos lo mencionamos como algo importante en otros grupos. Somos 21 personas ahora en “Voces Hispanas” (el nombre está más o menos…) y por ahora en nuestras listas tenemos mucha música en español… pero no cantamos victoria, entre más personas ingresen, más se irá diluyendo “nuestra música” entre tanto Radiohead, Muse, Pink Floyd, Franz Ferdinand y todos esos que están de primeros en casi todas las listas.

Esa ausencia puede tener múltiples causas. Yo prefiero no responsabilizar a los que escuchan, gustos son gustos y oferta es oferta. La pregunta es ¿cuántos artistas hispanos y/o latinos tienen su música en last.fm? No lo sé pero calculo que muy pocos y si a eso le sumamos que muchos de los que están han sido agregados por su compañía disquera, terminamos en lo mismo de siempre: muchos de los músicos que no han grabado discos o que son independientes ni se han enterado que miles y miles de personas podrían escuchar su música si la subieran a last.fm.

De nuevo… ¿Cuál podría ser la solución?

¡Contarle a los músicos que me gustaría escuchar en last.fm que existe esta maravilla… debe ser que no saben! (pensé).

Entonces, la metiche que hay en mí hizo que escribiera correos a Amarillo, Cian y Magenta y a Francisco Murillo (de Costa Rica), a Carlos Méndez y a Papo Vecino (de Panamá), a La Gran Calabaza (de Guatemala), a Perro Zompopo (de Nicaragua) y aunque soy amiga de algunos de ellos, ni siquiera por eso he recibido un correo de “¿y cómo se hace eso?” o el esperado “¿y de qué me sirve regalar mi música ahí?” para responderles una letanía sobre Cultura Libre, un nuevo modelo de derechos de autor y estrategias novedosas de mercadeo. Nada. (Nótese que no enlazo a ninguno, porque no se pueden escuchar…).

Así que la estrategia ha fracasado… miserablemente… Tal vez debería escribirle a Manuel Monestel para que sea él quien le cuente a los demás músicos ticos por qué su música si está en last.fm y por qué tiene 133 oyentes con quienes -si quisiera- se podría comunicar personalmente para invitarlos a sus conciertos. Debe ser que 133 no parecen suficientes… grave error, grave error.

Un correo electrónico es una tarjeta postal con muchas copias

arrobaAnoche envié un correo electrónico a algunos amigos. Les escribí planteándoles una propuesta para asistir a una marcha que se ha convocado para este sábado, en contra del proyecto de ley de unión civil entre personas del mismo sexo. Obviamente proponía que fuéramos a demostrar que apoyamos el proyecto y que no aceptamos que en nombre de ningún dios, se restrinjan los derechos humanos.

Una de las personas que lo recibió lo reenvió a otras personas y esas personas lo reenviaron a otras y hoy lo recibí de regreso en una lista electrónica bastante grande. El correo incluía mi dirección con mi nombre (sería deseable que al menos eso se hubiera eliminado) y terminaba diciendo “los quiero mucho”. Así que hasta ahora, le he declarado mi amor a quién sabe cuántas personas que no conozco.

Si hubiera sabido que el correo iba a dar vueltas, no hubiera escrito algunas cosas como las escribí. Me gustó mucho que difundieran el llamado que hice, pero ahora espero represalias de quienes se sientan aludidos cuando menciono “a una horda evangélica enfurecida que cree que dios le da el derecho de prohibir el amor…” o hubiera incluído a católicos, musulmanes, judíos… El punto es que escribí “en confianza”.

No es tan grave. Lo peor que puede pasar es que vengan a casa a tirarme piedras, que me escriban en la frente una letra escarlata o que terminemos muchos y muchas, tomando la marcha intolerante y convirtiéndola en una fiesta multicolor. Sin embargo, el hecho de mirar un correo electrónico que envié sin pensar en que se haría público, evidentemente me hizo pensar en un tema en el que estoy trabajando en estos días: la seguridad de la información y la vulnerabilidad que implica que cada día más gente use la Internet sin que los que conocemos de sus riesgos, se los comuniquemos.

Muchas veces, mis amigos no se toman en serio lo que les digo al respecto. No entienden por qué se me para el pelo cuando se abren cuentas de hotmail, cuando le ponen a su correo electrónico contraseñas que son iguales a su fecha de cumpleaños, el nombre de su perro o el de su novio (ja, que a veces es lo mismo).

Entonces, me declaro culpable. Como parte de mi trabajo, he co-facilitado muchos talleres en los que cooperamos con la gente para que aprenda a usar el correo electrónico, los buscadores y otras herramientas. Me he emocionado enormemente cuando recibo un correo electrónico de alguna de las personas que hemos capacitado, me enamoré de las señoras de sesenta años que usando la Internet, lograron que el movimiento del NO al TLC creciera y se expandiera como una buena noticia… PERO se nos olvidó hablarles de las partes innobles de usar la Internet.

Lo peor es que apuesto lo que quieran, si organizáramos una charla acerca de usos seguros de la Internet, la gente no acudiría, como pasó hace unos días con la que ofrecí como parte de la Red Costarricense de Software Libre. Todavía estamos pensando que todo es paranoia y por alguna razón mágica, aún creemos que entre el teclado, el botón de enviar y el receptor de un correo electrónico, hay un espacio íntimo.

Malas noticias: no hay tal. Un correo electrónico es una tarjeta postal que puede ser leída por el cartero, por la señora del mostrador, por quien carga los sacos de cartas, por el vecino, por los hermanos metiches y -por supuesto- por la policía que está a las órdenes de la Casa Presidencial.

“…they have tasted power…”

Hasta ahora encontré las notas que tomé en la conferencia que Alejandro Piscitelli compartió en la Fundación Omar Dengo hace poco más de un mes.

La conferencia fue una delicia, la verdad… algún día que tenga más tiempo trataré de comentarla más extensamente… sobre todo ahora que compré su libro Ciberculturas 2.0

Este video me impactó mucho. De hecho pienso usarlo en noviembre cuando presente una ponencia acerca de usos liberadores de la Internet en el IX Congreso Internacional de Psicología Social de la Liberación, a realizarse en Chiapas… sólo espero encontrar la versión subtitulada algún día…

En todo caso, para quienes mastican más o menos el inglés ¡que lo disfruten!

No basta con instalar un software libre

mente cerradaHace unos días estuve en Guatemala con varias personas que trabajan como soporte técnico o ingenieros informáticos en organizaciones sociales.

Comentábamos cómo es la relación de las personas con el cambio, lo que se debe tomar en cuenta a la hora de decidirse por inciar un proceso de “migración”* a Software Libre. No basta con los criterios técnicos, ni con preparar las máquinas, si no se realiza un proceso de sensibilización con las personas.

Uno de ellos comentaba que el cambio a Software Libre muchas veces se ve obstaculizado por dos tipos de usuario: el que le teme al cambio porque a duras penas ha podido acostumbrarse al uso de la tecnología en su trabajo (por ejemplo, alguien de más de 50 años, que tuvo que acostumbrarse al cambio vertiginoso que ha implicado al avance tecnológico reciente); y el que le teme al cambio por considerarse experto en el uso de la computadora (esa persona que conoce bien el sistema Windows, que es el “gato” en excel, a quien todos le preguntan qué hacer).

Porque sí, cambiarse a Software Libre implica tener que aprender algunas cosas, volver a ser usuario básico por un tiempo (más corto o más largo según la dedicación y las capacidades de uso), buscar por unos segundos dónde está un botón que ahora se encuentra en otro lugar. Pero no se trata solamente de eso.

Como bien lo plantea Anderson Fernandes de Alencar (del Instituto Paulo Freire), es más fácil cambiar de software privativo que cambiar nuestras mentes privativas. El cambio al Software Libre implica (o sería deseable que implique) toda una transformación en la forma en la que construimos y compartimos el conocimiento; implica un rompimiento con la lógica de consumismo y acumulación (de artefactos, del saber) para retornar a formas solidarias de construcción colectiva.

Entonces, algo tan simple como aceptar que no somos expertos, que algunas cosas no las podemos resolver individualmente, algo como solicitar ayuda en una lista de usuarios puede ser una prueba difícil si estamos acostumbrados a creer que todo lo podemos hacer solos.

Usar la lista de usuarios no es solamente solicitar ayuda y aceptar con humildad que hay algo que desconocemos, es además una manera de dejar un registro del problema que debemos resolver y de la solución para ese problema. Implica además que las personas que leen (que pueden estar usando otra distribución o no tener el problema que se presenta) aprenderán -cada uno con sus capacidades actuales- cómo se soluciona la dificultad y podrán -si fuera necesario- aplicar ese conocimiento en el futuro.

Pero además, usando la lista de soporte, estamos mostrando a los demás que todos tenemos cosas que aprender y cosas que enseñar a los demás; y que formamos parte de una comunidad que se apoya de manera solidaria y desinteresada.

Entonces, si buscamos una solución por medio de un buscador y no la encontramos, o si no comprendemos qué nos quieren decir con los comandos sugeridos, atrevámonos a usar la lista de soporte o los foros… celebremos que hay mucha gente dispuesta a cooperar, celebremos que somos libres y estamos construyendo conocimiento colectivamente.

* Acerca del uso del término “migración”: no me gusta usar el término, porque de alguna manera contribuye a posicionar el software privativo como lo oficial. El software privativo no debe verse como el lugar originario y el software libre como el nuevo lugar. Es cierto que se migra a un lugar que ofrece mejores oportunidades pero siempre quien migra, mantiene la añoranza por lo que dejó atrás. En nuestro caso no, evidentemente.

La imagen es de Monero de la Cruz, Puebla, México