Ni los crackers son una galleta, ni los hackers son delincuentes

Esta semana, hubo un gran revuelo en Costa Rica porque el sitio web de la Asamblea Legislativa fue intervenido por algún cracker. No sólo cambiaron el destino en su nombre de dominio (que implicaría un nivel “superficial” de intrusión). Alguna gente dice que se ingresó hasta el servidor donde el sitio está alojado (situación que sería mucho más grave).

Ya hace unos meses, al sitio web de la Casa Presidencial le sucedió lo mismo. En esa ocasión, quienes administran el sitio web y los servidores se lavaron las manos culpando al software utilizado (Joomla). Eso es suficientemente absurdo para una causal de despido, pero ya sabemos cómo funcionan las cosas con los sitios web de gobierno: son los más feos del mercado y por mucho, los más caros. El de la Asamblea, ya sabemos cuánto costó pero ¿los demás?

En esta y otras ocasiones, los medios de comunicación siguen repitiendo el mismo error: llaman hacker a lo que en realidad es un cracker. Y lo peor, es que el error es general. En BBCMundo en el 2008 se publicó un artículo clarificando el término:

la frase “pirata informático” se aplicaría más bien al término “cracker” que, según el Archivo de jerga de los hackers, es un “entrometido malicioso que se la pasa husmeando para descubrir información confidencial”..” (¿Qué es un hacker?)

Y aún así, siguen usando mal la palabra hacker. Lo mismo sucede en La Nación en Costa Rica, pero eso no debería sorprendernos. En el Fusil de Chispas, sí. Se supone que las personas más jóvenes o mejor informadas que estamos en contacto con la tecnologías de información y comunicación, damos charlas y escribimos sobre estos temas, debemos ser parte del cambio al compartir conocimientos.

Sobre todo, quienes nos maravillamos con la Internet y las posibilidades que nos ha brindado, debemos estar muy agradecidos y agradecidas con todos esos hackers de la Universidad de California (en Los Angeles y Santa Bárbara), Universidad de Stanford y Universidad de Utah, que inclinaron la balanza hacia su propuesta cultural de descentralización, desconfianza hacia las autoridades, anarquía cooperativa y la propuesta de que toda la información debe ser libre (lo que se llama “Cultura Hacker”). De no ser por estos atrevidos y locos genios, la Internet habría sido uno más de los experimentos que están en manos de la “inteligencia” militar y sería un servicio privado… algo que por cierto, se está intentando ahora y otra vez, es a los y las hackers del software libre, hardware libre y conocimiento libre a quienes debemos agradecer que sigan dando esa lucha.

Resumiendo: cada vez que leamos o escribamos sobre “hackers” preguntémonos a qué nos estamos refiriendo y si el término está bien empleado. De otra manera, estamos haciéndole favores a los dinosaurios que pretenden que seamos autómatas con la tecnología,  y seguimos siendo vehículo de desprestigio a los hackers. Lo mismo cuando hablemos de “piratas”… pero esa fue historia de otro post.

Hacker Space en San Francisco.

En Costa Rica está naciendo uno.

Para leer más: http://www.paulgraham.com/gba.html

Yo así no juego al FLISoL

Hace alrededor de un año, en un post que por alguna razón se perdió o borré, yo hablaba del FLISoL (Festival Latinoamericano de Instalación de Software Libre) muy animada y optimista. Ese festival se realiza en más de 200 ciudades simultáneamente en el último fin de semana del mes de abril y es impulsado por un grupo que cada año se activa para empujarnos a organizar uno en nuestra ciudad. # Por cierto, este año ese grupo ha decidido realizar el FLISoL el 9 de abril (las razones las desconozco, pero imagino que tienen que ver con la semana santa).

El caso es que el año pasado, yo formé parte de la organización del FLISoL en Costa Rica. Lo hice más por la necesidad que veía en ese momento, de fortalecer la comunidad por medio de una tarea concreta en común, que por pasión.. Escribí un post sobre eso también ¿y dónde estará? 🙁  porque considero que una de las mejores consecuencias de organizar actividades, es la cohesión grupal y la satisfacción de trabajar por objetivos comunes. Más allá del éxito o relativo fracaso de una actividad, siempre existirá esa ganancia secundaria.

¿Y dónde quedó la pasión?

Yo conocí a la comunidad tica en un FLISol. Migré mi computadora en uno de esos y al año siguiente , ayudé a organizar el primero que se ha hecho como el colectivo denominado Red Costarricense de Software Libre. Un festival como ése, transformó en mucho mi relación con la tecnología y mi trabajo en general, pero esa consecuencia no es la norma.

Recuerdo que ese año, en el 2008, reflexionamos sobre lo estratégico o no de instalar software libre en computadoras de personas que en realidad conocen poco del tema, están poco comprometidas con un cambio que va más allá de un sistema operativo y no tendrán suficiente soporte para soportar la tentación de regresar al “malo pero concido” Windows. Por eso, en el 2009 se hicieron charlas pre-FLISol con la idea de que la gente se llevara programas que corren sobre Windows o MAC un mes antes de cambiar el sistema. La idea era que instalaran y tuvieran tiempo de acostumbrarse a las nuevas herramientas para que tomaran la decisión de cambiarse de forma consciente y preparada. Jamás supimos si eso resultó así, porque no hicimos un seguimiento pero al menos, nos quedamos tranquilos pensando en que habíamos efectuado un proceso, no un día de locura temporal instalando máquina tras máquina como atacados…

En el 2010 no retomamos esa idea de proceso. Nuevamente convocamos a la gente a llegar con su computadora y esa vez, llegó muy poca. ¿Por qué? Tal vez porque trabajamos en una universidad privada y la gente no siente que esos espacios son abiertos… Tal vez porque la gente que ya iba a cambiarse lo ha hecho… el caso es que nos preguntamos esa vez si debíamos ir a instalar fuera del Valle Central pero no nos movimos para hacerlo… Nos preguntamos por qué incluso la gente de la comunidad que había confirmado su asistencia después no asistió… Me pregunté si era responsable de nuestra parte, dejar computadoras mal instaladas y a medio camino como ocurrió en algunos casos… y quedé convencida de que el FLISoL, si se hace mal, es contraproducente, antiestratégico y termina siendo un placebo para la comunidad que puede quemar fiebre un día al año… Y nada de eso quiero promover con mi trabajo voluntario por la difusión y el crecimiento del software libre.

Entonces no, yo ya no apoyo el FLISoL a secas, sin un proceso de preparación y seguimiento posterior. Lo apoyaré cuando cada persona que instale asuma el soporte posterior de algunas personas o busque alguien que lo haga en su nombre. Si por cada computadora instalada debiéramos apoyar a su persona usuaria por correo electrónico o por teléfono durante un mes después… ¿cuántas estaríamos dispuestos a instalar? Pocas… y así debería ser… es más o menos como el eslogan de “tenga los hijos que pueda hacer felices”… “Instálele software libre a personas que pueda apoyar en ese cambio”. De otra manera, mejor quédese en casa compilando su kernel y se divertirá igual…

¿y entonces se trata de alcahuetear a la gente?

No. Se trata de reflexionar acerca de cómo hacemos las cosas. Si se hace una charla previa sobre filosofía del software libre, se entrega un OpenDisc y se brinda soporte en una lista electrónica y un mes después se instala un nuevo sistema, las necesidades de ayuda (ojalá) serán mínimas y la persona ya sabrá cómo funciona una lista, cómo se pide ayuda, dónde se puede buscar y por qué debe asumir la parte que le corresponde de ese aprendizaje. Pero mirar a alguien una única vez, instalarle un sistema y después no recordar ni cómo se resolvió el problema de una wireless rabiosa… es un sinsentido que al fin y al cabo no nos hace ningún favor.

Lo que dije del movimiento de Software Libre lo mantengo: “El movimiento de Software Libre en todo el mundo está conformado por personas solidarias que están dispuestas a brindar su esfuerzo y trabajo para que haya un acceso real y libre a la tecnología”… pero ese esfuerzo no sólo debe ser de código… las computadoras las usan las personas y es a ellas a quienes debemos respetar y acompañar.