La propiedad intelectual en el caso de la artesanía en Costa Rica

En Costa Rica, como en el resto del mundo, el sector artesano está siendo seriamente afectado por la importación de artículos de bajo costo que compiten con sus creaciones. Estos objetos en la mayoría de los casos no pueden ser considerados como imitaciones pero por ser vendidos a precios menores que los elaborados a mano en el país, muchas veces son preferidos por los turistas.

El caso más connotado es el de la Asociación de Artesanos Pura Vida en contra de Café Britt. Lo recordé el año pasado cuando entré a una de las tiendas Britt del Aeropuerto Juan Santamaría y escuché a una pareja de turistas conversar con tono molesto, acerca de los bajos precios de los artículos en contraste con los que habían comprado “afuera”. “Debe ser que esta es una tienda subsidida por el gobierno”, alcancé a escuchar. Y claro, tuve que meterme en la conversación para decirles que por favor leyeran la etiqueta de lo que estaban viendo y revisaran dónde estaba hecho. Me respondieron sorprendidos y hasta me regañaron: “¿Cómo ustedes permiten que esto suceda?”. No tuve respuesta pero decidí realizar esta pequeña investigación que hoy pongo a disposición de ustedes.

Se relata en este trabajo el caso de esa Asociación en contra de Britt, para fundamentar si existe propiedad intelectual irrespetada en los hechos que se han denunciado. Por si no quieren leer, la respuesta corta es: no, no existen bases para demandar. Pero ojalá lean, porque a partir de ese caso, menciono brevemente una posibilidad de creación de una marca colectiva para algunos artículos de artesanía y diseño local en el país.

Se presenta además, una selección de mecanismos de regulación de la propiedad intelectual que se pueden aplicar a la artesanía. Se han seleccionado de acuerdo con un trabajo realizado por Koziner para el caso de la artesanía boliviana, en el cual esa autora se inclina por  las denominaciones de origen y marcas colectivas, como los más viables. De ahí que el diseño industrial (figura que podría utilizarse también para artesanías) no se profundice; algo que se fundamenta también en que el enfoque de este trabajo se dirige hacia la promoción de una alternativa colectiva, más que una protección individual de diseños.

Considero que las marcas colectivas y denominaciones de origen son alternativas válidas para evitar la apropiación con fines meramente comerciales, de las creaciones culturales y expresiones de las comunidades. Esto requiere de procesos colectivos bien realizados y de una cohesión social importante, pero también, de abandonar el discurso fácil sobre la propiedad intelectual como un demonio por erradicar. La cultura libre no se sostiene permitiendo que otros se apropien de lo que queremos compartir, sino protegiendo de la apropiación indebida y permitiendo que todos tengamos acceso a los bienes culturales. En medio de eso, los artistas deben recibir remuneración por su trabajo y por eso, considero que esas dos figuras son buenas opciones para empezar a cambiar nuestro abordaje en algunos casos.

 

 

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