No es un impostor: abrí un perfil en Facebook

Como muchos de ustedes sabrán, me he resistido durante mucho tiempo a abrir un perfil en Facebook. Para algunos, por neurosis, razones paranoicas o teorías de la conspiración; para otros, por esas mismas razones (cuando les parecen válidas) y por congruencia con mis principios acerca de la libertad de expresión y la necesidad imperiosa de que esa libertad sea sustentable, autónoma, segura y verdadera. Es decir, la libertad de expresión no siempre es libre y Facebook es una de las tantas plataformas que lo demuestran. Ahora mismo, eso no es tan importante pero créanme, dentro de algunos años lo será.

Aún la neutralidad de la internet existe (a pesar de las graves amenazas y las pésimas noticias recientes en la Unión Europea) pero todos los intentos de las empresas proveedoras de servicios de Internet están empujando hacia la privatización, como hicieron con la radio en su tiempo. ¿Alguien recuerda que la radio podría ser un medio tremendamente democratizador, si las frecuencias no se vendieran? ¿no les parece extraño, que siendo el espectro radioeléctrico un bien común, tengamos que pagar millones de millones para tener un permiso de utilizarlo?

Si no me creen, ríanse un poco con este video (lo pongo en flash por las anotaciones que le dan sentido):

Un informe del Secretario de Estado de Economía Digital francés filtrado recientemente revela el esfuerzo del Gobierno para enterrar profundamente la neutralidad de la Red en ese país.

Entonces, la libertad de expresión por medio de la Internet depende de la neutralidad de la red… algo que defienden (o negocian a cambio de un buen acuerdo para ellas, no necesariamente para nosotros) empresas como Google, Apple e incluso seguramente Facebook… porque sus negocios dependen de esa neutralidad.

Pero la libertad de expresión también depende de la libertad de generar redes y compartir contenidos e información por medio de esas redes, algo que ya no le suena tan bien a empresas como Google, Apple, Microsoft, Facebook y muchas otras. ¿Por qué? Porque el poder de esas empresas (en algunos casos sólo económico, en otros el poder es además ideológico y de control social) depende de la concentración de la información en pocas manos. Y no sólo depende de la concentración de la información, también depende de generar dependencia absoluta hacia sus servicios, productos y modelos de negocio. Es decir, Apple necesita que sólo compremos Apple porque los aparatos de Apple sólo funcionan con aplicaciones hechas por o para Apple, que venden canciones que Apple puso ahí y así seguimos… Apple es de todas, la empresa que tiene el peor modelo para nuestra libertad y es justamente la que está logrando con mayor éxito su objetivo. ¿Y las demás? Al menos no venden el aparato pero cada una en su estilo, tiene como eje central de éxito, lograr que centralicemos todas nuestras operaciones a través suyo.

Y la libertad de expresión también depende de que cada vez más personas tengan educación, alfabetización… cosas que dependen también del acceso y la apropiación de la tecnología… algo que a MIcrosoft le ha interesado durante mucho tiempo porque entre más personas tengan computadoras en un mundo en el que la mayoría cree que sólo Windows existe… más rica se hará la compañía. Pero ese interés le ha llevado a boicotear proyectos (ingenuos sí, pero bien intencionados) como el de One Laptop per Child. Esta empresa además se sostiene en un modelo extorsivo que persigue a los grandes clientes por incumplimiento de licencias pero a la vez, permite el posicionamiento de sus formatos como oficiales de facto, gracias a lo que llaman “piratería” y mil ejemplos más… sin contar con el enorme daño que le hace a los niños, ser educados como autómatas de la tecnología, cuando podrían ser creadores de la misma.

¿Y Facebook qué tiene que ver en este asunto?

Facebook ha logrado que centralicemos nuestras relaciones sociales a través suyo. ¿Qué cosa puede brindar tanto poder, como mediar todas nuestras relaciones sociales, preferencias comerciales, gustos, posiciones ideológicas etcétera? Y a pesar de que actualmente es posible manejar con cierta seguridad los niveles de privacidad en Facebook, más que compartir una foto con alguien que alguna vez me ha visto en la calle y considera que debo llamarle “amigo”, me preocupa compartir la información con quienes la usan para crearse un perfil cada vez más exacto de mí cruzando todos los datos que apenas en dos semanas he colocado. Es decir, es el típico caso de “entre más sensación de privacidad tengan, más información nos comparten a nosotros (léase la empresa Facebook y las empresas a las cuales, se les vende nuestra información) no importa si a sus amigos no se lo dicen”. O sea, hay que se menso para tener un perfil aquí y ahora puedo decirlo con tranquilidad de que no se enojen… porque ya tengo uno.

Trabajo desde hace rato en el tema de seguridad de la información y de las cosas más difíciles ha sido, tratar de que la gente comprenda que entre más confianza exista con alguien, más cuidado hay que tener con la información que compartimos por vías que no sean cara a cara en lugares seguros. También ha sido bien difícil que se comprenda:

  • Mientras dependamos de proveedores de Internet que pueden monitorear todo lo que hacemos y decimos
  • Mientras trabajemos documentos, tengamos correos y nuestra información en la red en servidores que no nos pertenecen a nosotros o a colectivos confiables
  • Mientras sigamos permitiendo que empresas con fines de lucro determinen qué podemos y no podemos hacer con los aparatos y el software que “alquilamos” (porque nuestros no son… que lo digan los que tienen un Kindle de Amazon)
  • Mientras no comprendamos que la libertad en nuestra época depende de cuál tecnología usamos y cómo la usamos

No vamos a tomar las decisiones y construir las soluciones que necesitamos para defender nuestros derechos civiles y políticos, económicos, culturales y humanos en general.

¿Y entonces, por qué uso Facebook?

Porque la gente lo usa y es aquí donde se comunican, donde hacen campañas e invitan a los cumpleaños. Es decir, uso Facebook para poder analizarlo pero también para reencontrarme con la gente que al parecer, se olvidó de que tomarse un café no sustituye decir “me gusta” en una frase que escribí.

Y sin embargo, no creo que lo use por mucho tiempo. Sigo esperando a que un día se despierten y cierren su perfil, me llamen para que les explique cómo se hace para usar software que no les espíe ni los ate a una única tecnología (o a varias con los mismos fines) y se unan a la resistencia. Y no me avisen por Facebook, por favor.

La computadora en mi bolsillo

Esta es una traduccion libre y no-oficial de la entrada “The computer in my pocket” del blog de Mako Hill.
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Si no estamos mal con las proyecciones, para finales de este año, el mundo será el hogar de 3 billones de teléfonos móviles. Eso es casi un teléfono por cada uno de los seres humanos vivos. Aunque estos teléfonos abren todo un mundo de nuevas e importantes oportunidades en comunicación, creatividad y cooperación — y es importante no subestimar ese hecho — éstos también representan un paso hacia un tipo de antiutopía tecnológica no muy diferente a la que Stallman plantea en El derecho a leer. Los teléfonos representan una de las tecnologías más cerradas, propietarias y por lo general, no libres entre las que son más distribuidas. Las implicaciones para la libertad de software y el empoderamiento tecnológico son una calamidad.

Pero a pesar del hecho de que los teléfonos móviles representan lo que puede ser la amenaza más gigantesca a la libertad de software en la actualidad, la comunidad de software libre — con un número de notables excepciones a las que quiero a la vez agradecer y poner creciente atención — ha permanecido en su mayoría, silenciosa acerca de este asunto.

Conozco a apasionados defensores de la libertad de software que trabajan sin descanso para que ellos mismos y el mundo, se deshagan de un puñado de blobs binarios en el kernel Linux — trabajo importante del cual todos nos beneficiamos. Y aún, algunos de esos “de línea dura” no parecen ajustar sus teléfonos a los mismos estándares que sus laptops. La decisión de Ubuntu de lanzar un nuevo driver binario sigue siendo más controversial que el hecho de que la gran mayoría de la población usuaria de computadoras no conoce otra cosa que las computadoras basadas sobre un teléfono, las cuales permanecen increíblemente no libres y casi por completo son imposibles de liberar si las comparamos con las computadoras personales. Para la mayoría de las personas usuarias de computadoras, no hay opción y esencialmente, tampoco esperanza para liberar sus aparatos actuales.

Me deja perplejo que cualquiera, especialmente los defensores del software libre, se pongan felices con esas computadoras no-libres [1]. Creo que parte de la razón descansa sobre el hecho de que la mayoría de los usuarios de teléfonos móviles, y aún la mayoría de de los usuarios a quienes les importa la libertad de software y la autonomía tecnológica, no conciben sus teléfonos como computadoras. Concebir nuestros teléfonos como computadoras, no resolverá todos los problemas a los que he aludido, pero hacer eso sigue siendo el primer paso esencial hacia cualquier solución. Mientras debemos trabajar aún para construir teléfonos libres que sean viables, ampliamente accesibles y convincentes, debemos convencer primero, tanto a las personas usuarias como a las desarrolladoras, de que esta es una meta importante. Recordarle a la gente que nuestros teléfonos -tanto libres como no libres- son computadoras poderosas de uso general sigue siendo una parte importante y todavía, en gran parte no satisfecha, de este proceso.

Debemos encontrar formas de recordarnos a nosotros mismos y a los demás, del hecho de que los teléfonos modernos son computadoras poderosas con interfaces poderosas que son útiles para una inimaginable variedad de aplicaciones arbitrarias. Debemos enfocarnos en el hecho de que estas computadoras tienen micrófonos, sensores, y otros sensores y que les confiamos nuestros secretos más íntimos y datos más sensibles. No debemos olvidar que, en casi todos los casos, estas computadoras siguen siendo controladas, completa y definitivamente, por compañías en las cuales, muy pocos de nosotros confiamos del todo.

No estoy seguro de cómo lograremos cumplir esta tarea. Pero más de nosotros debemos pensar largamente y de forma creativa sobre este problema. Yo seguiré llamando a mi teléfono “mi computadora” como un primer paso, muy personal. He hecho esto la semana que pasó y ha llevado a conversaciones con conocimientos algo confusos.

Por supuesto, esto no hace que mi teléfono sea menos libre. Pero sí significa que estoy hablando más acerca de lo no libre que la mayoría de nosotros llevamos puesto en forma demasiado silenciosa. En este punto, eso parece un progreso.

[1] Como muchos defensores de software libre, mi teléfono también es una computadora que correo una combinación de software libre y no libre. Lo uso infelizmente y estoy haciendo lo que puedo para cambiar esto.

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Notas de Caro:

Entre los comentarios al post de Mako, encontré algo sobre el proyecto Replicant, que trabaja para que los teléfonos HTC Dream  puedan correr con software 100% libre. Necesitan desarrolladores… a ver si alguien se apunta.

Por otro lado, no sé si cuajará el asunto, pero hay alguna posibilidad de que la Universidad de Sao Paulo en Brasil, tome el proyecto del Freerunner como suyo. Leer más en LWN.