La industria que se suicida y nos culpa a nosotros

Esta entrada se publicó originalmente en mi blog en 89decibeles

¿Han entrado últimamente a una tienda de discos?

Yo lo hice el sábado, como ejercicio nada más. No pensaba comprar nada pero quise hacer un monitoreo para confirmar mis sospechas.

¿Cuales eran esas sospechas? La primera, que iba a encontrar puros discos viejos. Así fue: el único disco reciente que encontré es el …little broken hearts de Norah Jones. La segunda, que iba a encontrar pura música para señores mayores de 50 años. Así fue: de haberle buscado un regalo a mi papá hubiera salido con unos diez buenos discos. La tercera, que en la tienda no iba a suceder nada interesante. Sobre esa, aclaro que eran las 10 de la mañana y acababan de subir la cortina metálica. Les daremos el beneficio de la duda.

No creo que muchos lo recuerden, pero en Barrio La California (donde ahora hay un salón de belleza, en un local ubicado casi al frente del AM.PM) estaba Auco Disco. En Auco Disco había un mae especialista en rock (Mauricio Alice) y otro, especialista en jazz (su nombre no lo recuerdo). En esa tienda se podían encontrar discos extraños, pero si no estaban, al menos se podía encontrar a alguien que decía: “No, no lo tenemos, pero qué excelente disco, es lo mejor que han sacado los de [inserte grupo aquí] porque después de que cambiaron de guitarrista, habían decaído un poco pero con ese disco están volando. Pero no, no lo tenemos, pero te recomiendo este de [inserte otro grupo] porque tiene un solo de guitarra en la canción seis que es increíble“.

Sucedía algo más o menos así, lo que quiere decir, que una llegaba a Auco Disco a las diez de la mañana y salía como a las cinco de la tarde con tres discos nuevos después de haber escuchado una selección de música espectacular. ¿Qué pasó con esas tiendas? ¿Las mató The Pirate Bay? ¡Esa es la respuesta facilista de la industria discográfica! La respuesta es, que esas tiendas jamás recibieron nada de esa industria que no fuera una factura de cobro. La industria -sobre todo en mercados prescindibles como el nuestro- se limitó a contratar artistas, encargarse de que grabaran un producto comerciable, a producir el objeto llamado disco y listo. A las emisoras de radio más comerciales, les pagan  para que programen las canciones – porque no es casualidad que “Mosa, mosa sea el éxito del verano en toda América Latina ¿verdad? – pero ¿a las tiendas de discos? Nada.

Sigamos con esa idea: a las emisoras les pagan por programar cierta música. No debe esa idea hacernos creer que el mal gusto es culpa de las disqueras. No revelaré la fuente, pero sé que el éxito de la canción “Locura automática de La Secta fue un legítimo golazo. Nadie pagó por ella. Esa canción llegó a número uno por ¿méritos? propios (no saben el esfuerzo que fue buscar esa cosa, no se las recomiendo). Lo mismo sucede en otras emisoras que no ponen reggaetón, como la que intenta salvar a la especie y donde ponen lo que nos gusta. Pero resulta, que todo eso que nos gusta no está disponible en ninguna tienda de discos en este país. Entonces, aunque quisiéramos comprar un disco o regalárselo a alguien eso es imposible. Y no me digan que es lo mismo que nos regalen un link o un disco repleto de MP3 descargados que un disco con portadita y libro, envuelto en papel de regalo.

Tal vez soy de la vieja escuela, pero el objeto fetiche disco sigue existiendo, no solo por la portada, sino por el sonido. Un MP3 de tres megas es como tomar café chorreado en una bolsa que ha sido usada ocho veces con la misma broza. Ese formato es lo peor que le ha podido ocurrir a la música y si tuviéramos algo de dignidad jamás compraríamos archivos digitales en Amazon o iTunes que no sean MP3 con una compresión aceptable. Eso, si pudiéramos comprarlos, porque ni eso es permitido. Como la industria musical no tiene interés alguno en resolver SU problema (que no es nuestro, es de esas compañías) ni siquiera ha resuelto cómo cobrar una descarga de MP3 donde se incluya el impuesto de importación (¡válgame, si es que descargar desde aquí un MP3 de un servidor en EEUU es una importación de un bien a Costa Rica!!!) para que no tengamos que marearnos entrando a los noventas en Titi Online a descubrir que no hay nada de Muse, Andrew Bird, The Killers, Death Cab for Cutie, Paramore, Björk… (créanme, los busqué todos, incluso a Norah Jones y a La Secta. Tampoco estaban).

Todo esto me lleva a la pregunta, la cual formulo con todo respeto (NOT): ¿¿¿Qué putas esperan que hagamos??? Es indignante; sobre todo porque en el mejor de los casos nos van a vender una descarga de un café aguado que no nos permitirá escuchar todos los detalles que sí nos permitiría un acetato o una menor compresión. En el peor de los casos, los grupos post-MP3 terminarán grabando música que no tendrá armónicos ni sonidos ocultos porque ¿pa qué? ¿si nadie lo va a oír?. Ya hasta lo admiten: “Además, algunos músicos e ingenieros de audio dicen que el formato MP3 está cambiando la forma en la que los estudios mezclan las grabaciones. Ellos dicen que el formato MP3 “aplana” las dinámicas — las diferencias en tono y volumen — en una canción. Como resultado, mucha de la nueva música que sale de la industria tiene un sonido similar, y no hay nada como un enfoque en crear una experiencia de escucha dinámica. ¿Para qué trabajar tan duro creando sonido complejo si nadie puede detectarlo?” (Rolling Stone, The Death of High Fidelity, 26 de diciembre de 2007, tomado de aquí).

Por eso no me sorprende el post de Adrián sobre la venta de discos viejos. El precio no tiene nada que ver. Las causas tienen que ver con el objeto fetiche disco y lo que significa o no significa para la gente que jamás ha comprado uno. Adrián también pregunta si alguien aquí sigue comprando discos. Le respondo que yo lo haría si en las tiendas vendieran algo de lo que me gusta. Lo hago a pesar de la náusea que siento al leer: “Este fonograma es una obra intelectual protegida en favor de su productor… SE PROHIBE SU COPIA TOTAL O PARCIAL…” (así, en mayúsculas, gritándole a quien solo es culpable de haber comprado el disco y defendiendo al productor, no al artista). Pero tengo clarísimo que casi nadie compra discos porque comprar discos ya no es una experiencia gratificante; porque si comprar un disco es hacer clic para esperar quince días a que llegue a la casilla, mejor damos el clic en un enlace de descarga.

Pero hay otra razón por la cual la gente no compra discos. En una de mis charlas sobre la dictadura del todos los derechos reservados, pregunté a los 30 estudiantes veinteañeros si habían comprado un disco alguna vez. Uno respondió que sí, porque es cantautor y comprendía el esfuerzo que significa hacer un disco, para un músico local de un país como el nuestro. Los demás jamás lo habían hecho. ¿Será posible entonces que esos jóvenes jamás hayan escuchado música de verdad? ¿Será posible que si no es por conciertos, lo que ellos consideran música es un conjunto de deslavados MP3 a punto de llenar 1 TB en su computadora? ¿La gente no compra discos porque no diferencia un sonido del otro?

No tengo muy claro a dónde quiero llegar. La industria discográfica es aborrecible. Una industria que en lugar de innovar se dedica a demandar a adolescentes por descargar canciones, a tratar de pasar leyes que restringen nuestras libertades en Internet, a colocar DRMs que nos convierten en rehenes de nuestros aparatos* y nos obliga a escuchar apenas el aroma de la música, merece todo mi desprecio. Si a esto le sumamos, que esa industria tampoco nos permite descargar sus migajas de forma legal porque no ha comprendido que la Internet no necesita de un furgón que atraviese las fronteras, además de mi desprecio merece toda mi lástima y mi más sentido pésame.

Pero también el pésame es para la música, la de verdad, la que no está comprimida debajo del zapato de un pésimo formato. También es para los músicos independientes que aún no se dan cuenta de que rogándole un espacio a esa industria solo se suman a la etiqueta de despreciables, cuando lo que merecen es que los frutos de su trabajo ingresen a su cuenta bancaria.

Sin embargo, hay muchas cosas buenas que han salido de todo este absurdo. Bien por los que se han unido a proyectos como el de Autómata (aunque sea en mp3) y por sueños hechos realidad como Musopen (que ha logrado que la música que es de dominio público en la teoría, lo sea en la práctica). Bien por la Electronic Frontier Foundation y la lista de abogados dispuestos a defender a las personas acusadas de descargar ilegalmente la música en los Estados Unidos. Bien por las licencias Creative Commons que permiten compartir libremente.

Todas esas son soluciones en crecimiento, aunque ninguna de ellas permite que yo pueda comprar el disco del panameño Carlos Méndez. Por suerte un amigo, que sabe que yo a Apple jamás le daré uno de mis cincos, me compró los archivos en iTunes. Se lo agradezco mucho, aunque hubiera preferido ir Auco Disco y que Mauricio me dijera que el EP del 2007 que tengo de Carlos, es mejor que el disco que grabó en el 2009.

* Mis aparatos no tienen DRM’s porque uso software libre. También uso el formato ogg.

La imagen es de verbeeldingskr8

Salir

Mi amigo Adrián Solís me hizo el enorme favor de recomendar una lectura: el artículo “Rethinking “Out of Africa”” del paleoantropólogo Christoper Stringer. Es el fundador y mayor defensor de la teoría sobre la evolución denominada “Out of Africa” (Salida de África).

El artículo es extenso e impresionante por la cantidad de elementos que abarca. Quise dejarlo registrado en este blog porque además de su tema central (los nuevos descubrimientos sobre la evolución del ser humano moderno) el artículo es en sí mismo una muestra de cómo avanza la ciencia (a partir de retomar conocimientos anteriores, remezclarlos, evaluarlos críticamente, demostrarlos o refutarlos, incluso cuando eso implica renunciar a teorías propias) y cómo el compartir conocimiento está en la base de todo el progreso en la ciencia. Pero el artículo también es una joya que muestra cómo ha ido avanzando la computación y cuál era la situación de los científicos hace apenas 20 años: “¡Así, lo que a mi me tomaba de hecho casi cuatro años puede lograrlo un buen estudiante ahora en unas pocas semanas!“.

Sobre el primer punto las lecciones son evidentes. Mientras en la actualidad existe una pugna con respecto al conocimiento abierto vs. la privatización de la ciencia e investigaciones básicas (algo que pasa evidentemente por el tema de financiamiento para la investigación cientfica básica en nuestros países), los países en desarrollo le hacen el juego a los países desarrollados y se convierten en maquila científica o permanecen retrasados por no tener recursos financieros para “consumir” el conocimiento privatizado (vean por ejemplo, el tema de revistas de medicina). Sobre el segundo punto, la inquietud central es si verdaderamente estamos aprovechando las ventajas que tenemos como generación. Sobre esto, recomiendo la charla de Conrad Wolfram “Teaching kids real math with computers” en Ted Talks).

Para las personas interesadas en el tema de la evolución, básicamente dice lo siguiente:

  • Recientemente se descubrió el linaje de los hobbit ‘Homo floresiensis’. No está claro aún si se trata de humanos o no. Se piensa que podrían corresponder a una especie surgida hace dos millones de años, la cual permanecería en aislamiento hasta su extinción hace unos 17 mil años.
  • Sobre el Homo erectus, lo que ya sabemos: especie originaria de África probablemente, originando linajes “que continúan en el Lejano Oriente en China y Java, pero que finalmente se extinguen. En Europa, tal vez dio origen a la especie Homo antecessor, “El hombre Pioneer”, conocido en el sitio de Atapuerca en España. Una vez más, que se extinguen“.
  • En la parte occidental de Europa, se conoce de la especie Homo heidelbergensis, la cual se encontró en Europa, Asia y África. Se pensaba que existían dos rutas: los seres humanos modernos y los neandertales. “Pero ahora sabemos debido a los Denisovans, que de hecho heidelbergensis tuvo tres rutas. De hecho, los Denisovans parecen representar una rama del linaje Neandertal“.
  • Al norte del Mediterráneo, la especie heidelbergensis dio lugar a los Neandertales y en el Lejano Oriente dio lugar a la Denisovans. En África heidelbergensis se convirtió en los humanos modernos, extendiéndose desde África hace unos 60.000 años, pero permaneciendo ahí por algún tiempo“. Y aquí es donde el artículo nos deja enormes preguntas. Se sabe ahora que aunque los Neandertales y Denisovans desaparecieron físicamente, genéticamente no se extinguieron. Los estudios recientes de ADN indican que en los humanos modernos (Neandertales en el oeste de Asia y Denisovans en el sureste de Asia) permanecen porcentajes de ADN de estas especies . Esto rompe con la idea de que los seres humanos modernos provenimos de forma absouta de África y evidentemente despierta muchas inquietudes:

Los científicos buscarán en el ADN y se preguntarán: ¿es funcional? ¿realmente hace algo en los cuerpos de esas personas? ¿Está afectando el cerebro, la anatomía, la fisiología, y así sucesivamente? Eso va a ser un foco enorme de investigación para los próximos años, porque por un lado, mirar estos genes ayudará decirnos qué es lo que en realidad hace Neandertal a un Neandertal, qué es lo que hace moderno a un ser humano moderno, qué hace aun Denisovan un Denisovan. Pero posiblemente también muestran que, como los multirregionalistas han argumentado en el pasado, los fósiles robustos encontrados en regiones como Australia podrían ser un reflejo del flujo de genes arcaicos.

 

Sinceramente, el artículo es una joya. El autor explica de la forma más sencilla posible el tema pero además, da una lección de ciencia que pocas veces haya leído en un artículo tan corto (al menos, para su enorme valor didáctico).