Un señor con estrella

Papel metálico desde el techo hasta el piso, cortado en largas tiras que se movían con el viento de los ventiladores. Salía don Santiago Ferrando (un señor moreno, de baja estatura, con acento peruano). En aquel tiempo, la Gloria Estefan no era famosa. Cantaba “Regresa a mí” en Las Estrellas se Reúnen para darse a conocer como Miami Sound Machine. El pelo al estilo Farrah Fawcet (perdonen que no es brinde una referencia más actual, pero ya nadie usa el pelo de esa manera… tal vez sea como el de Jackie de That 70’s Show, rizado con rulos y secadora de pelo a todo lo que da). Y un lunar. Es el mismo lunar que la Estefan tiene ahora, pero era más grande, o al menos así me parecía.

Después de comerciales, volaba una lata de atún tesoro del mar hacia la pantalla. El efecto especial multiplicaba las latas de atún hasta el fondo como creando un túnel. Aquello era lo más chuzo que se veía en la televisión nacional (al principio) pero después fue lo más polo que se había visto en la televisión nacional (al final).

También había unas secciones presentadas por cinturones Frank. Esos no volaban pero una se preguntaba invariablemente quién diablos iba a comprar una faja por haberla visto anunciada por María Cecilia Márquez. La Márquez era una señora de buen ver que cantaba más o menos feo. La habríamos olvidado, de no ser porque años después fue famosa otra vez: era ella la que viajaba a comprar vestidos a París con un dinero que nadie sabe de dónde lo sacó su marido, Carlos Hernán Robles. Eran los tiempos en los que existía un banco llamado Anglo. O sea, estaba el BCR, el Nacional, el de Crédito Agrícola, el Popular y el Banco Anglo Costarricense. El señor Robles era gerente del extinto.

También había una presentadora que luego fue diputada por el Movimiento Libertario: Evita Arguedas. Ajá, no estoy jodiendo. Evita era muy joven y era más alta que don Santiago y no le hacía tan mal a eso del micrófono. Lo hacía mejor que como diputada, sin duda.

Pero un día don Santiago ya no apareció más con su traje y su pasión (no que se le notara porque era más bien seco, pero hay que tener pasión para presentar un programa de televisión durante 20 años seguidos). La verdad sea dicha: don Santiago era un señor presentador, porque aunque yo a esa edad no tenía criterio alguno para valorarlo, lo recuerdo como a alguien que hacía todo lo posible porque en este país se apreciara la música nacional y se le diera un lugar a las estrellas del momento. Nombres como Sandro, Camilo Sesto, Pérez Prado y la Sonora Santanera (cuando el promedio de edad rondaba los 500 años, no como ahora que son puro relevo) y nacionales como Margarita Liby, Jenny Castillo, Los Abejorros, Los Hicsos, Los Alegrísimos y quién sabe cuánta reliquia más, dejaron de aparecer -aunque fuera doblando- en televisión, a partir de la muerte de don Santiago Ferrando.

Y dejamos de ver a los atunes jugar a los platillos voladores. También dejamos de ver los cinturones Frank anunciados con la voz de don Rodrigo Sánchez (también muerto). Dejamos de ver escenografías setenteras y glamorosas wannabe -al menos hasta que llegó A Todo Dar- y sobre todo, dejamos de dar espacios constantes, respetuosos y en horario estelar, a los artistas nacionales.

Les cuento esto, para que sepan que todo tiempo pasado fue mejor. O no.

De cómo Kurt Cobain nos salvó la vida

Desde la caída del muro hasta ¿Nirvana? vivimos unos tres años de desesperación que parecían no tener intenciones de acabarse.

Se lamentaba que en “su época” el rock mexicano se había convertido en lo que el grupo Panda podía dar. O Moderatto. Moenia. ¡Háganme ustedes el favor! y entonces cuando le dije que yo escuchaba Caifanes y La Maldita en los noventas me miró fijamente con los ojos vidriosos por la envidia:
– ¿Fuiste adolescente en los tiempos del grunge?
Yo jamás lo había pensado, pero sí, el grunge nos salvó la vida.

Imagínense ustedes que en Hola Juventud… Espero que recuerden ese programa, pero es capaz que no… aquí vamos: Hola Juventud fue el programa de videos más importante de la televisión nacional por siempre. Fue Nelson Hoffman quien me escandalizó los ojos con los videos de Queen mientras yo me preguntaba cómo sería ese mundo que había más allá del camino entre la casa y la escuela, donde existían hombres como Freddie Mercury con sus labios pintados, sus chapitas en las mejillas y mallas brillantes. Me preguntaba qué otras cosas no estaban en los programas de primaria ni entre los discos de acetato de mis papás. ¿Qué era ese rollo de un tal Boy George? y ¿qué ondas con la tal Sabrina que cantaba espantoso pero tenía su video siempre en primeros lugares? Al respecto, he aquí un poema de Ricardo Marín:

Sabrina Salerno

Y fue en esa tarde
al apagar el Atari
que algo se ponía duro
como el mundo.

Hola Juventud

Y cuando terminó Hola Juventud (tal vez con nuestra juventud y definitivamente con la de Nelson Hoffman) se terminó una época. Se acabaron las tardes de pegarse a la tele para que él con su calva y cola de caballo dijera: “a continuación, Roxette con ¿Cómo lo haces? (o sea, How do you do) y luego I want to sex you up” (que la decía en inglés porque ¿cómo traducir eso?). Pero antes de acabarse -que no iba a hablar yo de Hola Juventud sino del ser adolescente en los noventas- imagínense esto:

Michael Bolton, Rod Stewart, Paula Abdul… pop, pop, pop, pop rock, más pop, tecnho pop, más pop y lo que haya sido que cantaba Mariah Carey. Ya se había descubierto el fraude de Milli Vanilli, un par de tipos que habían sido bailarines de la Sabrina ya mencionada pero no cantaban ni los pollitos; una de las tantas estafas de esa industria musical que ahora nos trata a todos de ladrones. Y de pronto, Nirvana con Smells like teen spirit. Imagínense la escena en tonos de gris y una con cara de morirse sin siquiera tener ganas de cambiar los canales porque no tenía cable ni otro programa al cual huir. Y aparece Kurt Cobain diciendo que el mundo es una mierda y que estamos todos hartos de que todos se hagan los que no saben que el mundo es una mierda. Hartas de que nos quieran convencer de que las cosas están tuanis y que queremos salir del cole, entrar a la u, endeudarnos, casarnos, tener hijos, convertirnos en señores y señoras de más o menos éxito, aburrirnos jugando cartas o bingo y envejecer hasta convertirnos en abuelas sentadas en la mecedora a las cuatro de la tarde esperando el pan. Suena bien eso de esperar el pan a las cuatro de la tarde, pero lo demás no necesariamente sonaba bien.

Por más que intento, me quedo corta tratando de explicar. Les hablo de la vida después de la primera guerra del golfo, cuando ya CNN nos había advertido que la vida real parecía un videojuego, imbéciles como George Bush dominaban el mundo y ya no existía quien le dijera a los gringos que el planeta no era su parque de diversiones. Desde la caída del muro hasta ¿Nirvana? vivimos unos tres años de desesperación que parecían no tener intenciones de acabarse. Del rock y la rebeldía solo quedaban Scorpions y Bon Jovi (que comparándolo con el pop, digamos que es rock). Para una adolescente promedio, en tiempos en los que la Internet era más o menos ciencia ficción, Smells like teen spirit no podía tener un mejor nombre. Y a partir de ahí, Alice in Chains, Pearl Jam, Soundgarden, Stone Temple Pilots, Temple of the Dog (¿sí escucharon ese proyecto?) y luego las propuestas nacionales como Hormigas en la Pared, Flores Muertas, La Nueva P… todos ellos nos salvaron la vida por marcar un antes y un después en una época plagada sobre todo, de aburrimiento y de una total y profunda desesperanza que ni siquiera éramos capaces de nombrar.

Se ha estudiado poco sobre cómo la música es el primer aroma de los cambios y sobre la forma en la que los movimientos sociales se anuncian abiertamente en los movimientos musicales sin que el sistema de control parezca darse cuenta. Para mí, esa es una verdad y por eso hay que ponerle atención a los intentos de controlar las expresiones artísticas. Yo digo por ejemplo, que en el rock urbano mexicano posterior al terremoto del 85 ya se veía venir el levantamiento zapatista del 94. A ese levantamiento, que transformó el mundo más de lo que se haya admitido, le debemos la vida como la conocemos hoy, porque nos volvió a despertar la esperanza de que el poder también habita en otra parte, en nosotros mismos.

Pero no me quiero ponerme más seria. Les regalo este reportaje que la cadena MTV realizó sobre el movimiento zapatista. Por si no lo sabían, los zapatistas realizaron la mejor campaña gratuita de medios que haya visto la historia previa a la Internet 2.0 y MTV – para bien o para mal- fue parte de eso. Era otra MTV. Eran otros tiempos.