¿Cómo definir las comunidades de software libre?

Una comunidad en el sentido tradicional, se define por la geografía. Sería un conjunto de personas que habitan determinado pueblo o lugar. Sin embargo, a partir de las carencias de esas definición, la psicología social ha intentado definir mejor a qué le llamamos comunidad en términos de relaciones, interacciones y el compartir aspectos comunes.

Maritza Montero, psicóloga venezolana reconocida por sus trabajos en psicología comunitaria, define la comunidad como un grupo en constante transformación y evolución (es decir, que está en constante proceso de ser),que en su interrelación genera un sentido de pertenencia e identidad social...” (Montero, 2004: 207).

¿Es posible aplicar ese concepto a las comunidades de software libre?

No estoy tan segura. Casi me inclino a pensar que para algunos de los miembros de estos grupos, se trata de una comunidad en términos del sentimiento de compartir un espacio, intereses, necesidades, una historia y una identidad; mientras que para otros, se trata más de lo que se concibe como un grupo funcional que no implica un involucramiento necesariamente intenso y central.

Ahora… eso mismo sucede en las comunidades geográficas.

Para mí, ha sido bastante curioso comprobar cómo, en los momentos de organización de actividades o toma de decisiones, hay una gran similitud con lo que sucede en una junta de vecinos, por ejemplo. La dinámica es muy similar e incluye al vecino que siempre pregunta lo mismo o sigue estando en desacuerdo con algo que ya se discutió, pero insiste para probar si esta vez, el grupo ha cambiado de parecer. Lo mismo que el vecino que entorpece la toma de decisiones con las más variadas estrategias (tema del que hablaré cuando lleguemos al tema de los trolls). Eso quiere decir, que de todas maneras, hay distintos niveles de compromiso comunitario también en los espacios geográficos o presenciales.

Entonces ¿vale el concepto de comunidad? Partiremos de que sí. El que no vale, es el de comunidad virtual, porque considero que las características del espacio compartido no definen las características del grupo y que las comunidades de software libre comparten aspectos más profundos. Es decir, lo que amalgama a las personas que integran comunidades de software libre es una visión de mundo compartida, unos objetivos y necesidades comunes, una identidad e incluso una historia, la historia del movimiento como tal y el espacio de intercambio en el que eso ocurra, es una circunstancia y no un elemento definitorio según lo veo.

Pero es momento entonces de decir, que concibo que existen dos tipos de comunidades de software libre:

  • Comunidades de desarrollo (también llamados proyectos)
  • Comunidades de activistas

** Las comunidades de personas usuarias, desde mi punto de vista, son grupos funcionales, pero no comunidades. Usar una misma distribución de GNU/Linux y brindarse ayuda en una lista electrónica, no constituyen suficientes elementos para un sentimiento de comunidad, aunque algunas personas de estos grupos, puedan formar parte de comunidades de activistas.

Las comunidades de activistas, yo las denomino “las nuevas comunidades de software libre” para marcar un antes y un después que me parece fundamental. Hasta hace algunos años, ser parte de una comunidad de software libre era estar inscrito en una lista electrónica de un GUL (Grupo de Usuarios de “Linux” o Linux User Group) y brindar apoyo técnico. Algunas veces, se compartían conferencias y espacios donde unos le enseñaban a otros los trucos aprendidos. Encontrarse con alguien más que utilizara “linux”, era casi un milagro, e implicaba que se compartía un nivel de conocimiento técnico relativamente elevado (o la potencialidad de tenerlo). Eso era suficiente para sentirse parte de un grupo y en esos espacios, las discusiones políticas, filosóficas o conceptuales, simplemente no tenían cabida.

Esas comunidades, en cierto sentido pueden agruparse con las comunidades de desarrollo actuales: lo que relaciona a sus integrantes, es un objetivo común suficientemente fuerte y operacionalizado, que permite realizar el trabajo propuesto de forma más o menos constante y enfocada. ¿Cómo se define la pertenencia? A partir de lo que llamamos “méritos”. ¿Y cómo se sabe quién ha hecho méritos y quién no? A partir de lo que digan los registros de bugs reportados, paquetes mantenidos, líneas de código etcétera. Es decir, hay plataformas tecnológicas que permiten evidenciar quién constribuye y quién no, quién pertenece al proyecto y quién no, etcétera.

Las nuevas comunidades no la tienen tan fácil. No hay forma de cuantificar los aportes y por lo tanto, los méritos. La valoración generalmente es subjetiva y no se reconoce formalmente. Además, las comunidades de activistas están conformadas por personas de distintas disciplinas, de manera que ya no se pueden obviar los debates respecto a ¿cuál es el concepto de libertad? ¿qué es lo que queremos lograr con el software libre? ¿queremos más personas usando software libre o queremos que quien lo use comprenda y se comprometa con un cambio cultural más profundo? ¿estamos por cambiar el mundo, por sostenerlo, por regresar a como era?

Y para complicar aún más, la propuesta de libertad sirve tanto a las izquierdas como a las derechas, de manera que la complejidad de estos colectivos no pasa por cuál distribución se está usando (aunque eso brinde indicios de posiciones ideológicas) sino de a cuál movimiento se pertenece (OpenSource vs Software Libre), cuáles fines se persiguen y otros temas mucho más similares a los dilemas de las organizaciones sociales que a problemas de compilación del kernel.

Entonces, si tenemos dos tipos de comunidades muy distintas ¿cómo lograr puntos de encuentro entre ambas? Por otro lado, ¿cómo hacerle ver a quienes tienen más de 10 años de estar en la movida del software libre, que las “reglas de oro” no aplican a esta nueva modalidad? Tema para otra entrega.

Las comunidades, individualidades y mi experiencia

Hace un poco más de tres años, inicié mis pasos en las comunidades de software libre. Me parece increíble que sea tan poco tiempo y que el software libre se haya convertido tan fácilmente, en uno de los ejes transversales de mi vida.

En estos tres años, además de maravillas y satsfacciones, mucho conocimiento y mayor conciencia sobre la importancia de un cambio cultural profundo… he acumulado algún conocimiento sobre cómo funcionan las comunidades (las que conozco), cuáles son sus fortalezas, debilidades. Me he frustrado, enojado, decepcionado en igual proporción a cuánto me he emocionado y he recuperado la esperanza en que ese otro mundo es posible y existe en lugares que no son Chiapas.

Esta introducción, marca el inicio de una serie de escritos que espero compartir. Creo firmemente que hay que escribir más para y sobre las comunidades de software libre y la cultura libre en general. Creo también que desde mi perspectiva como psicóloga que algo ha profundizado en lo social y comunitario y habiendo participado en comunidades casi a tiempo completo, ése podría ser mi aporte al movimiento.

¿Por dónde comenzar?

Por mucho que me pican los dedos por iniciar definiendo ¿qué es un troll? habrá que comenzar por el principio: ¿qué es una comunidad de software libre? Y como no puedo ponerme excesivamente científica, voy a ir editando los posts conforme encuentre más datos. Es decir, en lugar de buscar todo lo que se ha escrito acerca del tema antes de escribir… voy a ir escribiendo poco a poco y mejorando el post conforme vaya encontrando información relevante. Si no lo hago así, jamás empezaré.