La semilla del PrivaFest

Actualización: Privafest Costa Rica será el 18 de marzo en el TEC de Barrio Amón. Ya tenemos sitio web: privafest.org

En cortito: Privafest será un festival de divulgación e instalación de aplicaciones tecnológicas para proteger el ejercicio de nuestros derechos digitales. Se está organizando en Costa Rica pero puede organizarse en cualquier país. Estaremos informando en la cuenta de Twitter.

El post explica la motivación que hay detrás y algunos otros detalles.


8521624548_2a1489aa94_kHace varios años ya, propuse en el primer y único Encuentro Nacional de Software Libre en Costa Rica, que empezáramos a trabajar más enfocados en los derechos digitales. Mi propuesta no tuvo acogida, tal vez porque aún parecía tener sentido seguir trabajando únicamente por la libertad de software. Lo mismo sucedía cuando trabajaba con las organizaciones de derechos humanos en Centroamérica, creían que era pura paranoia. Estamos hablando de un momento en el que Wikileaks apenas nacía, antes de Snowden, antes de Anonymous. Era OTRO mundo.

Después de eso, fundamos el Colectivo por los Derechos Digitales pero más allá de participar en la Red Ciudadana por un Gobierno Abierto (Facebook) empujando para la incorporación de representantes de sociedad civil en la comisión que ahora trabaja con el gobierno, no impactamos en absolutamente nada.

Hoy, cuando los dispositivos móviles dominan nuestras interacciones, Android es un lobo con piel de oveja, GNU/Linux y UNIX son los sistemas con los que funciona el mundo (aunque muy poca gente lo note porque no interactúa directamente con ellos), la pregunta que nos movía sigue vigente: ¿acaso somos más libres?

Evidentemente no, pero la discusión ha cambiado de colores. Si antes nos preocupábamos porque el driver de una impresora no era libre o porque no existe un procesador de textos decente, sea privativo, libre, abierto o freeware, los riesgos que hoy enfrentamos hacen que esos problemas parezcan caprichos. Hoy, el problema real son las violaciones constantes a nuestros derechos en el ciberespacio, la urgencia de proteger a los delatores cívicos, informantes, alertadores o whistleblowers (soplones no me parece apropiado) y principalmente el desdén de las personas usuarias por su privacidad. De nuevo estamos en el peor lugar del activismo: ese desde el cual la demanda está invertida, porque nosotros vemos la amenaza y sabemos cómo protegernos pero no podemos convencer a los demás de hacer lo mismo.

¿Y entonces? Creemos que existen algunas personas que sí quieren saber cómo proteger sus comunicaciones, sus datos, su privacidad. Y por eso, queremos mostrarles cómo hacerlo y hablar de por qué eso es importante. Privafest es apenas una idea, pero pronto irá tomando forma. La propuesta es organizar festivales de la misma manera en la que se organizan festivales de instalación de Software Libre.

Los estudios no son claros sobre cuánto se preocupan las personas más jóvenes por su privacidad en línea y sabemos que la humanidad ha estado dispuesta a sacrificar su privacidad por la comodidad, pero se vienen tiempos difíciles. Los niveles de riesgo son distintos, evidentemente: una cosa es contar con una aplicación de registro del ciclo menstrual aunque ello implique regalar los datos a las empresas farmacéuticas y otra muy distinta es organizar la resistencia a las políticas conservadoras de Trump. Habrá que tomar medidas, en todos los países y en distintos contextos. Después de todo, ya tenemos a los gobiernos contratando a empresas como The Hacking Team.

Así que por ahí anda la motivación y la esperanza. Ya tenemos unos cuantos voluntarios y voluntarias para el primer Privafest en Costa Rica y esperamos seguir sumando apoyo a esta iniciativa, que ya existe en otras partes del mundo, quizás con otros nombres. Pueden seguirnos en Twitter. 

Nota:

En varios países de América Latina existen organizaciones que trabajan por los derechos digitales. Las que más sigo son Derechos Digitales (Chile) y R3D: Red en Defensa de los Derechos Digitales (México) pero en el sitio RedLATAM pueden encontrar otras más, aunque no todas hacen activismo.

 

¿Por qué no apoyo la reforma de “Fotocopiar para Estudiar”?

Para mucha gente ha sido una sorpresa, mi negativa a apoyar la reforma a la Ley de Derechos de Autor que pretende otorgar a los estudiantes, el derecho a sacar fotocopias de materiales que necesitan para estudiar. ¿Cómo, una defensora del conocimiento abierto, puede oponerse a algo así? La respuesta simple es: porque ese derecho ya existe y constituye una de las excepciones al derecho de autor que nuestra ley contempla. La respuesta complicada es: porque el conocimiento abierto, el software libre y la cultura libre dependen de que se respeten los derechos de autor. También, porque esta reforma de visión cortoplacista desperdicia la oportunidad de enmendar a profundidad las leyes nacionales sobre estos temas.

Sobre la respuesta simple: aunque la redacción sea confusa y desactualizada, nuestra ley de derechos de autor contempla la reproducción con fines académicos sin fines de lucro como una excepción, lo cual quiere decir, que es permitida bajo ciertas condiciones: 1. Debe ser sin fines de lucro; 2. No debe dañar el normal comercio de la obra (es decir, no puede clonarse ni copiarse un libro completo porque eso afecta los intereses de la editorial y del autor de la obra); 3. Debe indicar los créditos y otros datos de la obra (¿Quién no ha recibido una antología mal hecha que imposibilita saber quién es el autor del  capítulo? ¿Eso beneficia al autor? ¿Le respeta?).

Entonces ¿Por qué tanto alboroto?

1. La culpa es de las editoriales

Las casas editoriales se han dedicado a desinformar a la población y a perseguir a los negocios de fotocopias. Esto ha generado el malentendido de que se persigue a los estudiantes y aunque el efecto práctico lo parezca, es diferente. Pero ojo, que esta desinformación no es solo responsabilidad de las editoriales. ¿Qué mejor campaña de desinformación que la que estamos viendo en los medios? ¿Qué mejor manera de hacerle el favor “a enemigo” que decirle a la gente que sin esta reforma no tienen derecho a fotocopiar?

2. La culpa es de las editoriales y de la complacencia del aparato estatal

El precio de los libros en Costa Rica es absurdamente alto y el libro es un artículo de lujo que pocos podemos pagar. ¿Se ha hecho algo para mejorar esta situación? Nada. ¿Ha obligado la reforma actual a las editoriales a sentarse a la mesa de negociación? No. ¿Dónde están las editoriales, causantes de todo este embrollo? Ni idea. Calladitas y felices con la campaña gratuita de desinformación.

La complacencia del aparato estatal no termina con el precio de los libros, también pasa por haber permitido la persecución a los fotocopiadores sin intervenir para aclarar los malentendidos.

3. La culpa es del sistema legal que no se adapta a las nuevas realidades

Hasta antes de la aparición de la fotocopiadora y posteriormente, del formato digital, todas las personas dependíamos de las editoriales, casas disqueras y distribuidoras de productos culturales. Actualmente, muchos de nosotros podemos tener una imprenta en casa (llámese procesador de textos + impresora) o de plano, ni la necesitamos (leer en la pantalla, compartir un PDF, MP3, etcétera). Es cierto que el acceso a un equipo de cómputo no es la norma pero es claro que la tendencia hacia el formato digital no se va a detener. El debate de fondo entonces es, cómo diferenciar qué constituye un delito penal y qué no.

El problema que “resuelve” la reforma actual: fotocopiar con fines académicos es legal, pero cobrar por las fotocopias no lo es

Al incluir una ganancia, la actividad con fines académicos por parte del estudiante (a quien nadie puede perseguir por ese hecho) convierte esa actividad en una con fines de lucro por parte de la empresa de copiado. Es decir, el tema aquí es ¿cuántos estudiantes tienen acceso a una fotocopiadora que no les cobre más que el costo? Ninguno. ¿Y entonces, cómo ejercemos nuestro derecho a fotocopiar con fines académicos si no tenemos el aparato? Ese es precisamente el punto que la reforma pretende resolver, de una forma que yo llamaría, desafortunada.

No se mata un elefante con un matamoscas

El debate sobre derechos de autor y el acceso al conocimiento y la cultura es muy complejo (el elefante) y va mucho más allá de otorgar un permiso a los negocios de fotocopiado (el matamoscas). ¿Por qué debemos reformar la ley de derechos de autor para otorgar un permiso especial a un tipo específico de negocio? Que me respondan los legisladores, que para eso les pagamos. ¿Qué se resuelve con eso? El ingreso mensual del negocio de fotocopias. Si se resuelve algo más, les agradezco que dejen la idea en los comentarios.

Tampoco se mata una mosca con un elefante

Al defender un extraño y cuestionable derecho a lucrar haciendo copias de materiales protegidos por el derecho de autor (la mosca), la solución que encontraron los legisladores (porque el voto fue unánime y entonces la culpa no es solo del diputado Villalta) fue eliminar las penas de cárcel para todas las infracciones al derecho de autor de obras literarias, artísticas y científicas. Entiéndase, no solo el libro de química general de un autor que ya está pensionado y tal vez estará feliz de que su libro se siga multiplicando; se  eliminan las penas de cárcel contra organizaciones, empresas, individuos que lucren con las obras del sector creativo del país. ¿Nos parece excesiva una pena de cárcel en ciertos casos? Es un tema importantísimo, pero no se resuelve con un parche.

Como promotora del conocimiento abierto y la cultura libre, abogo porque los creadores compartan sus obras y comprendan que el conocimiento que construyen se basa en el de muchas otras personas que estuvieron antes que ellos. Sin embargo, defiendo por completo el derecho que tienen para decidir cómo quieren distribuir su obra. Quienes programan software libre, decidieron compartir ese programa y es el sistema legal el que defiende sus intereses y los de la colectividad que se beneficia de su trabajo. Pero aquellos inventores, artistas, académicos que no quieren dar acceso abierto a sus obras, también tienen derecho a hacerlo. La salvedad a eso sería, que esas obras se hayan realizado utilizando fondos públicos, un debate que lamentablemente este proyecto de ley tampoco resuelve ni toca.

Lo que sí hace la reforma, es despenalizar ambos casos y dejar en desprotección a la industria cultural, a los productores de programas de cómputo y a muchos otros creadores, sean éstos micro, pequeños, medianos, grandes y enormes. Tendemos a imaginarnos siempre a la malévola industria que nos llama ladrones antes de cada película en el cine o a cualquier intermediario que recibe la gran porción del pastel. Y aunque lamentablemente sí estoy defendiendo con mi oposición, los intereses de empresas que considero perversas en su modelo de negocio; no puedo dejar de hacerlo, porque estamos también desprotegiendo a esa pequeña y mediana empresa de profesionales de ingeniería, programación, diseño gráfico, producción audiovisual entre otros campos; y porque de paso, estamos promoviendo la mafia de la piratería que ya en otros países está ligada al narcotráfico y a las redes delictivas en general. Las películas de la Avenida Central no son hechas por un padre de familia sacando copias en su computadora Pentium II, sino por distribuidores masivos de contenidos que lucran con las creaciones de otros. Y claro, esos otros probablemente sean los abusivos estudios cinematográficos con sus precios elevados y sus políticas absurdas, pero un problema complejo no se resuelve con un parche y no puedo poner mis intereses individuales sobre los intereses de la colectividad.

¿Cuál sería mi propuesta?

1. Empezar a resolver el enorme desequilibrio existente respecto a la defensa de los intereses comerciales en materia de derecho de autor frente al derecho al acceso a la cultura y el conocimiento de la colectividad (ambos consagrados en la Declaración de los Derechos Humanos). Se debe  empezar por diferenciar al crimen organizado que lucra con las copias de películas, música y libros y que falsifica zapatos, champú y medicamentos; del adolescente que descarga una canción de forma no autorizada a través de la Internet o comparte un libro en PDF. En el primer caso sí corresponde al Estado perseguir eso como un delito. En el segundo caso no y debe tramitarse por la vía civil. Eso, mientras el movimiento de cultura libre, el acceso abierto y la realidad del formato digital, le abren los ojos a la industria cultural para que entienda que su modelo de negocios está obsoleto y que criminalizando a su público meta no va a sobrevivir.

2. Abrir el debate sobre el precio de los libros y la imposibilidad de conseguir material académico de calidad en este país. Si las editoriales y distribuidoras no quieren invertir en su negocio y pretenden mantener los precios prohibitivos, entonces debemos en conjunto pensar en una solución favorable al público.

3. Difundir que el derecho a fotocopiar para estudiar ya existe. Una reforma ideal a la ley, exigiría que las editoriales incluyan en su leyenda odiosa de “Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción total o parcial…” alguna nota que indique que dependiendo del país donde esa obra se distribuye, existen excepciones al derecho de autor que anularían esa prohibición.

4. Las instituciones académicas deben asumir su papel. Les corresponde a estas resolver cómo proveer a los estudiantes de esos materiales en formato digital (por ejemplo), volver a dotar a las bibliotecas de las obras que necesitamos y tener dentro de su marco los centros de fotocopiado trabajando al costo o con ganancias que se destinen a fines que no sean el lucro.

5. Aprovechar la oportunidad para hacer una reforma real. Se debe mejorar la redacción de las excepciones que contempla la ley e incluir las que nos faltan y sí se contemplan en países de la Unión Europea. Un ejemplo de esas es la excepción para poder convertir a Braille las obras literarias. Otro tema por debatir es el acceso público que deberíamos tener ala investigación realizada con fondos públicos e incluso, a los desarrollos de software que las instituciones estatales compran con nuestros impuestos.

6. El Estado debe asumir su papel y realizar campañas informativas sobre estos temas. En la sociedad de la información y el conocimiento, la propiedad intelectual constituye como nunca antes, una herramienta que todos debemos saber manejar. Estas campañas deben incluir por supuesto, los modelos alternativos que proponen el conocimiento abierto y la cultura libre, de manera que las personas podamos elegir cómo queremos compartir nuestras creaciones, cuáles son nuestras obligaciones y cuáles son nuestros derechos.

En síntesis

En el campo de los derechos de autor todos tenemos distintos roles como autores, consumidores y distribuidores pero ahora mismo tal parece que únicamente somos víctimas de un sistema legal que protege los derechos “sagrados” de los intermediarios y desprotege el interés de las mayorías. Por eso mismo, los proyectos de ley deben pasar del populismo y el cortoplacismo, a resolver los problemas de fondo que nos aquejan. Y no, en este caso, no se trata de un avance hacia ese objetivo. La reforma para “fotocopiar para estudiar” constituye definitivamente un retroceso y desperdicia una oportunidad de oro para sentarnos a la mesa de negociación y exigir una reforma integral a la ley de derechos de autor (6683), a la ley de observancia (8039) y sus respectivos reglamentos en Costa Rica.

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Notas para lectorxs del blog:

En los comentarios encontrarán varias aclaraciones de lectores. Ojalá los lean.

* En una versión anterior yo decía que “todos tenemos una imprenta en casa”. Ahora suavicé esa afirmación. Esa frase la uso en realidad cuando hablo de cómo, por mucho tiempo, parecía una transacción razonable renunciar a algunos derechos y otorgárselos a un intermediario (por ejemplo, una imprenta) porque no teníamos los medios para acceder a ese conocimiento si ellos no imprimían los libros. Ahora esa relación de dependencia no existe en la mayoría de los casos. La frase sacada de contexto en efecto se interpreta como una postura elitista. No todos tenemos computadora en casa.

* Una versión anterior planteaba la ocurrencia de que las editoriales incluyeran la leyenda: “Esta prohibición es nula si se copia un fragmento de la obra bajo estas condiciones…”. Luego, mi amigo Gunnar Wolf me recordó que por ejemplo en México, esa excepción no existe. De ahí que editara ese párrafo.

La industria que se suicida y nos culpa a nosotros

Esta entrada se publicó originalmente en mi blog en 89decibeles

¿Han entrado últimamente a una tienda de discos?

Yo lo hice el sábado, como ejercicio nada más. No pensaba comprar nada pero quise hacer un monitoreo para confirmar mis sospechas.

¿Cuales eran esas sospechas? La primera, que iba a encontrar puros discos viejos. Así fue: el único disco reciente que encontré es el …little broken hearts de Norah Jones. La segunda, que iba a encontrar pura música para señores mayores de 50 años. Así fue: de haberle buscado un regalo a mi papá hubiera salido con unos diez buenos discos. La tercera, que en la tienda no iba a suceder nada interesante. Sobre esa, aclaro que eran las 10 de la mañana y acababan de subir la cortina metálica. Les daremos el beneficio de la duda.

No creo que muchos lo recuerden, pero en Barrio La California (donde ahora hay un salón de belleza, en un local ubicado casi al frente del AM.PM) estaba Auco Disco. En Auco Disco había un mae especialista en rock (Mauricio Alice) y otro, especialista en jazz (su nombre no lo recuerdo). En esa tienda se podían encontrar discos extraños, pero si no estaban, al menos se podía encontrar a alguien que decía: “No, no lo tenemos, pero qué excelente disco, es lo mejor que han sacado los de [inserte grupo aquí] porque después de que cambiaron de guitarrista, habían decaído un poco pero con ese disco están volando. Pero no, no lo tenemos, pero te recomiendo este de [inserte otro grupo] porque tiene un solo de guitarra en la canción seis que es increíble“.

Sucedía algo más o menos así, lo que quiere decir, que una llegaba a Auco Disco a las diez de la mañana y salía como a las cinco de la tarde con tres discos nuevos después de haber escuchado una selección de música espectacular. ¿Qué pasó con esas tiendas? ¿Las mató The Pirate Bay? ¡Esa es la respuesta facilista de la industria discográfica! La respuesta es, que esas tiendas jamás recibieron nada de esa industria que no fuera una factura de cobro. La industria -sobre todo en mercados prescindibles como el nuestro- se limitó a contratar artistas, encargarse de que grabaran un producto comerciable, a producir el objeto llamado disco y listo. A las emisoras de radio más comerciales, les pagan  para que programen las canciones – porque no es casualidad que “Mosa, mosa sea el éxito del verano en toda América Latina ¿verdad? – pero ¿a las tiendas de discos? Nada.

Sigamos con esa idea: a las emisoras les pagan por programar cierta música. No debe esa idea hacernos creer que el mal gusto es culpa de las disqueras. No revelaré la fuente, pero sé que el éxito de la canción “Locura automática de La Secta fue un legítimo golazo. Nadie pagó por ella. Esa canción llegó a número uno por ¿méritos? propios (no saben el esfuerzo que fue buscar esa cosa, no se las recomiendo). Lo mismo sucede en otras emisoras que no ponen reggaetón, como la que intenta salvar a la especie y donde ponen lo que nos gusta. Pero resulta, que todo eso que nos gusta no está disponible en ninguna tienda de discos en este país. Entonces, aunque quisiéramos comprar un disco o regalárselo a alguien eso es imposible. Y no me digan que es lo mismo que nos regalen un link o un disco repleto de MP3 descargados que un disco con portadita y libro, envuelto en papel de regalo.

Tal vez soy de la vieja escuela, pero el objeto fetiche disco sigue existiendo, no solo por la portada, sino por el sonido. Un MP3 de tres megas es como tomar café chorreado en una bolsa que ha sido usada ocho veces con la misma broza. Ese formato es lo peor que le ha podido ocurrir a la música y si tuviéramos algo de dignidad jamás compraríamos archivos digitales en Amazon o iTunes que no sean MP3 con una compresión aceptable. Eso, si pudiéramos comprarlos, porque ni eso es permitido. Como la industria musical no tiene interés alguno en resolver SU problema (que no es nuestro, es de esas compañías) ni siquiera ha resuelto cómo cobrar una descarga de MP3 donde se incluya el impuesto de importación (¡válgame, si es que descargar desde aquí un MP3 de un servidor en EEUU es una importación de un bien a Costa Rica!!!) para que no tengamos que marearnos entrando a los noventas en Titi Online a descubrir que no hay nada de Muse, Andrew Bird, The Killers, Death Cab for Cutie, Paramore, Björk… (créanme, los busqué todos, incluso a Norah Jones y a La Secta. Tampoco estaban).

Todo esto me lleva a la pregunta, la cual formulo con todo respeto (NOT): ¿¿¿Qué putas esperan que hagamos??? Es indignante; sobre todo porque en el mejor de los casos nos van a vender una descarga de un café aguado que no nos permitirá escuchar todos los detalles que sí nos permitiría un acetato o una menor compresión. En el peor de los casos, los grupos post-MP3 terminarán grabando música que no tendrá armónicos ni sonidos ocultos porque ¿pa qué? ¿si nadie lo va a oír?. Ya hasta lo admiten: “Además, algunos músicos e ingenieros de audio dicen que el formato MP3 está cambiando la forma en la que los estudios mezclan las grabaciones. Ellos dicen que el formato MP3 “aplana” las dinámicas — las diferencias en tono y volumen — en una canción. Como resultado, mucha de la nueva música que sale de la industria tiene un sonido similar, y no hay nada como un enfoque en crear una experiencia de escucha dinámica. ¿Para qué trabajar tan duro creando sonido complejo si nadie puede detectarlo?” (Rolling Stone, The Death of High Fidelity, 26 de diciembre de 2007, tomado de aquí).

Por eso no me sorprende el post de Adrián sobre la venta de discos viejos. El precio no tiene nada que ver. Las causas tienen que ver con el objeto fetiche disco y lo que significa o no significa para la gente que jamás ha comprado uno. Adrián también pregunta si alguien aquí sigue comprando discos. Le respondo que yo lo haría si en las tiendas vendieran algo de lo que me gusta. Lo hago a pesar de la náusea que siento al leer: “Este fonograma es una obra intelectual protegida en favor de su productor… SE PROHIBE SU COPIA TOTAL O PARCIAL…” (así, en mayúsculas, gritándole a quien solo es culpable de haber comprado el disco y defendiendo al productor, no al artista). Pero tengo clarísimo que casi nadie compra discos porque comprar discos ya no es una experiencia gratificante; porque si comprar un disco es hacer clic para esperar quince días a que llegue a la casilla, mejor damos el clic en un enlace de descarga.

Pero hay otra razón por la cual la gente no compra discos. En una de mis charlas sobre la dictadura del todos los derechos reservados, pregunté a los 30 estudiantes veinteañeros si habían comprado un disco alguna vez. Uno respondió que sí, porque es cantautor y comprendía el esfuerzo que significa hacer un disco, para un músico local de un país como el nuestro. Los demás jamás lo habían hecho. ¿Será posible entonces que esos jóvenes jamás hayan escuchado música de verdad? ¿Será posible que si no es por conciertos, lo que ellos consideran música es un conjunto de deslavados MP3 a punto de llenar 1 TB en su computadora? ¿La gente no compra discos porque no diferencia un sonido del otro?

No tengo muy claro a dónde quiero llegar. La industria discográfica es aborrecible. Una industria que en lugar de innovar se dedica a demandar a adolescentes por descargar canciones, a tratar de pasar leyes que restringen nuestras libertades en Internet, a colocar DRMs que nos convierten en rehenes de nuestros aparatos* y nos obliga a escuchar apenas el aroma de la música, merece todo mi desprecio. Si a esto le sumamos, que esa industria tampoco nos permite descargar sus migajas de forma legal porque no ha comprendido que la Internet no necesita de un furgón que atraviese las fronteras, además de mi desprecio merece toda mi lástima y mi más sentido pésame.

Pero también el pésame es para la música, la de verdad, la que no está comprimida debajo del zapato de un pésimo formato. También es para los músicos independientes que aún no se dan cuenta de que rogándole un espacio a esa industria solo se suman a la etiqueta de despreciables, cuando lo que merecen es que los frutos de su trabajo ingresen a su cuenta bancaria.

Sin embargo, hay muchas cosas buenas que han salido de todo este absurdo. Bien por los que se han unido a proyectos como el de Autómata (aunque sea en mp3) y por sueños hechos realidad como Musopen (que ha logrado que la música que es de dominio público en la teoría, lo sea en la práctica). Bien por la Electronic Frontier Foundation y la lista de abogados dispuestos a defender a las personas acusadas de descargar ilegalmente la música en los Estados Unidos. Bien por las licencias Creative Commons que permiten compartir libremente.

Todas esas son soluciones en crecimiento, aunque ninguna de ellas permite que yo pueda comprar el disco del panameño Carlos Méndez. Por suerte un amigo, que sabe que yo a Apple jamás le daré uno de mis cincos, me compró los archivos en iTunes. Se lo agradezco mucho, aunque hubiera preferido ir Auco Disco y que Mauricio me dijera que el EP del 2007 que tengo de Carlos, es mejor que el disco que grabó en el 2009.

* Mis aparatos no tienen DRM’s porque uso software libre. También uso el formato ogg.

La imagen es de verbeeldingskr8

Algo de lo mucho que jamás pasará en Twitter

Una de las cosas que más me gusta de identi.ca es la posibilidad de seguir el contexto completo de una conversación. Eso es algo que la plataforma de Twitter no permite. Mi hipótesis prejuiciosa indica también que la plataforma de twitter privilegia la superficialidad y que las personas usuarias se han acostumbrado demasiado bien a no profundizar en los temas.

Les traigo hoy un excelente ejemplo: un hilo de identi.ca que inicia con la siguiente afirmación:

lostnbronx
“cc music with the NC clause is only cool if all you wanna do is listen. if you wanna use it, though, it gets friggin’ complicated!”

y desarrolla un buenísimo intercambio sobre el tema del copyright, abolicionismo, derecho moral, plagio, dominio público etcétera. Es como tomarse un café con pura gente desconocida e interesante.

Aquí pueden leerlo y si quieren, entrometerse

Ni los crackers son una galleta, ni los hackers son delincuentes

Esta semana, hubo un gran revuelo en Costa Rica porque el sitio web de la Asamblea Legislativa fue intervenido por algún cracker. No sólo cambiaron el destino en su nombre de dominio (que implicaría un nivel “superficial” de intrusión). Alguna gente dice que se ingresó hasta el servidor donde el sitio está alojado (situación que sería mucho más grave).

Ya hace unos meses, al sitio web de la Casa Presidencial le sucedió lo mismo. En esa ocasión, quienes administran el sitio web y los servidores se lavaron las manos culpando al software utilizado (Joomla). Eso es suficientemente absurdo para una causal de despido, pero ya sabemos cómo funcionan las cosas con los sitios web de gobierno: son los más feos del mercado y por mucho, los más caros. El de la Asamblea, ya sabemos cuánto costó pero ¿los demás?

En esta y otras ocasiones, los medios de comunicación siguen repitiendo el mismo error: llaman hacker a lo que en realidad es un cracker. Y lo peor, es que el error es general. En BBCMundo en el 2008 se publicó un artículo clarificando el término:

la frase “pirata informático” se aplicaría más bien al término “cracker” que, según el Archivo de jerga de los hackers, es un “entrometido malicioso que se la pasa husmeando para descubrir información confidencial”..” (¿Qué es un hacker?)

Y aún así, siguen usando mal la palabra hacker. Lo mismo sucede en La Nación en Costa Rica, pero eso no debería sorprendernos. En el Fusil de Chispas, sí. Se supone que las personas más jóvenes o mejor informadas que estamos en contacto con la tecnologías de información y comunicación, damos charlas y escribimos sobre estos temas, debemos ser parte del cambio al compartir conocimientos.

Sobre todo, quienes nos maravillamos con la Internet y las posibilidades que nos ha brindado, debemos estar muy agradecidos y agradecidas con todos esos hackers de la Universidad de California (en Los Angeles y Santa Bárbara), Universidad de Stanford y Universidad de Utah, que inclinaron la balanza hacia su propuesta cultural de descentralización, desconfianza hacia las autoridades, anarquía cooperativa y la propuesta de que toda la información debe ser libre (lo que se llama “Cultura Hacker”). De no ser por estos atrevidos y locos genios, la Internet habría sido uno más de los experimentos que están en manos de la “inteligencia” militar y sería un servicio privado… algo que por cierto, se está intentando ahora y otra vez, es a los y las hackers del software libre, hardware libre y conocimiento libre a quienes debemos agradecer que sigan dando esa lucha.

Resumiendo: cada vez que leamos o escribamos sobre “hackers” preguntémonos a qué nos estamos refiriendo y si el término está bien empleado. De otra manera, estamos haciéndole favores a los dinosaurios que pretenden que seamos autómatas con la tecnología,  y seguimos siendo vehículo de desprestigio a los hackers. Lo mismo cuando hablemos de “piratas”… pero esa fue historia de otro post.

Hacker Space en San Francisco.

En Costa Rica está naciendo uno.

Para leer más: http://www.paulgraham.com/gba.html

Argentina Copyleft

Hace algunos meses, la organización argentina Vía Libre (una de las ¿o la más? activa y respetable de las organizaciones que investigan y difunden la cultura libre en habla hispana), publicó el libro Argentina Copyleft. Debo admitir que no lo he leído, pero soy capaz de recomendar un libro editado por Vía Libre a ciegas, porque he leído los anteriores y por que confío plenamente en el trabajo de la compa Beatriz Busaniche.

Hoy retomo el tema, porque en El Clarín se publica una nota sobre el libro y porque el viernes pasado, tuve el gusto de compartir -en la Universidad San Judas Tadeo, con estudiantes de periodismo que cursan la materia de sociología con el profesor Antonio Gutiérrez- una lección sobre la Internet y cómo podemos reivindicarla como espacio de libertad. El caso es que sé que los estudiantes vendrán al blog a buscar información para el curso y quiero recomendarles (a ustedes y a ellos), que descarguen el libro y lo disfruten (en formato pdf): Argentina Copyleft, para descarga libre.

Piratería y Software Libre

Traducción de “Piracy and Free Software” publicado por Mako Hill el 11 Oct 2010 en Copyrighteous

Este ensayo es un resumen de mi presentación en el taller Inlaws and Outlaws, realizado del 19-20 de agosto, 2010 en Split, Croacia. El taller reunió a defensores de la piratería, con participantes de los movimientos de cultura y software libres.

En Por qué el software no debe tener propietarios, Richard Stallman explica que, si un amigo le pide a usted un software y la licencia de ese software le limita compartirlo, usted tendrá que elegir entre ser una mal amigo o violar la licencia de ese software. Stallman sugiere que las personas usuarias deberán elegir el menor de dos males y elegirán violar la licencia. Él enfatiza que es injusto pedirle a una persona usuaria que haga una elección como esa.

En años recientes, los partidos piratas han crecido a lo largo de muchas partes del mundo desarrollado. Por supuesto, la piratería sigue siendo el medio primordial de distribución en la mayor parte del resto. Los defensores del acceso a la información se han reunido y organizado bajo la etiqueta de “piratas”, representando la elección de compartir por sobre el cumplimiento de los términos de la licencia.

Los movimientos de software libre y de código abierto (FLOSS) y de cultura libre parecen tener una reacción de confusión y conflicto ante todo esto. Por un lado, los mayores proponentes de varios partidos piratas son incondicionales hacia el software libre y varios partidos piratas han hecho de la defensa del FLOSS un componente de sus plataformas políticas. La oposición clara de los Partidos Piratas hacia las patentes de software y los DRM tienen resonancia en las comunidades, tanto de FLOSS como de cultura libre. Por otra parte, los líderes del FLOSS -incluyendo a Stallman- nos han advertido acerca de las políticas anti-copyright de los piratas. Líderes de culture libre, como Lawrence Lessig, repetidamente y vociferando ha denunciado la piratería, y han tratado como una afrenta cuando se les asocia con piratería, distanciando su trabajo y a ellos mismos de la piratería.

Las personas defensoras del FLOSS y la cultura libre ¿deben adoptar a los piratas como compañeros de lucha o condenarlos? ¿Debemos elegir entre estar con los piratas o estar contra ellos? Nuestras comunidades no parecen tener articulado un consenso claro y consistente.

Creo que, intuitivamente, si usted toma una posición firme basada en principios, en favor de la libertad de información y distingue entre principios y tácticas, es posible tener una respuesta matizada “a medio camino” hacia la piratería. A la luz de una creencia basada en principios, de que las personas usuarias deben tener la posibilidad de compartir información, podemos concluir que no hay nada éticamente incorrecto en la piratería. Las licencias tienen poder legal pero están protegidas por leyes de “propiedad intelectual” que son injustas. Habiendo dicho eso, los principios no son la única razón por la cual, las personas activistas deciden hacer las cosas. Muchos trucos políticos son malas ideas, no porque sean incorrectas, sino porque no funcionarían y tendrían efectos secundarios negativos. Las tácticas también importan. Aún cuando no exista nada éticamente incorrecto con la piratería desde la perspectiva del software libre y la cultura libre, ésta puede aún así ser una mala idea. Existen al menos tres razones tácticas que podrían motivar al software libre y la cultura libre a no apoyar la piratería o a no participar en movimientos o política favorable a la piratería.

Primero, un irrespeto sistemático por el copyright, mina el respeto por todas las licencias, las cuales han sido de un beneficio táctico enorme para el software libre y un factor de éxito cada vez más creciente para la cultura libre. Las licencias Copyleft como la GPL o la CC-BY-SA tienen poder sólo porque el copyroght lo tiene. Como ha sugerido Stallman, las acciones anti-piratería con acciones anti-copyleft. Eso no tiene que ser un argumento en contra de los intentos de limitar el copyright. De hecho, creo que nosotros debemos reducir el copyright. Pero debemos dar los pasos cuidadosamente. En el clima actual del copyright, creo que copyleft ofrece una nueva ventaja. ¿Por qué los demás deberían respetar nuestras licencias si nosotros no respetamos las suyas? Mirando a largo plazo, debemos sopesar los beneficios de promover la violación sistemática de licencias privativas con la adhesión a los movimientos de software y cultura libres.

Segundo, la piratería es fundamentalmente retrógrada. Parte de su resonancia como símbolo político proviene del hecho de que la piratería representa una manera en la que los consumidores de bienes mediáticos pueden pelear contra de un grupo de compañías que les ha atacado a ellos (con demandas, sistemas DRM y satanizaciín en la propaganda) por compartir de formas que la mayoría de consumidores creen, son naturales y socialmente positivas. Como resultado de eso, la mayoría de quienes defienden la piratería que hablan en contra de las DRM en los estarían tan felices de usar NetFlix para subir películas restringidas por las DRM por $5 al mes como estarían felices de descargarlas gratuitamente. Los mejores month as they were to download for free. Los mejores gritos de batalla no siempre se traducen en los más robustos movimientos.

Tercero, a través de su enfoque en la reacción, un diálogo acerca de la piratería evita el compromiso con las preguntas difíciles acerca de con qué vamos a reemplazar el actual sistema fracturado de copyright. Una posición basada en principios sugiere que es nuestra prerrogativa ética, el crear modelos alternativos. El movimiento de software libre ha sido exitoso porque ha creado esa prerrogativa y entonces, lentamente en el tiempo, ha brindado ejemplos de alternativas factibles. Una posición basada en principios para el software libre no requiere que se provean de nuevos sistemas factibles inmediatamente, pero hace del desarrollo de aproximaciones sustentables y creativas, una prioridad. Atacar el sistema sin siquiere intentar hablar acerca de modos alternativos de producción es insustentable. El software libre y la cultura libre hacen un llamado por una revolución. La piratería hace un llamado a un amotinamiento.

La piratería, en estos tres sentidos, puede verse como táticamente imprudente, sin que necesariamente sea antiética. Tomando una posición basada en principios, es posible construir y trascender, el comentario de RMS. En términos de la cultura libre y el software libre, podemos sugerir que la piratería no es éticamente incorrecta, pero que es una forma imprudente de intentar promover el compartir. Sin ser hipócrita, podemos decir: “No pienso que la piratería sea antiética. Pero no la apoyo”.

Shakira: ¿no has pensado en ponerte un parche negro en el ojo?

Shakira: ¿no has pensado en ponerte un parche negro en el ojo?

En un post del 23 de mayo de 2010, titulado “Undermining African Intellectual and Artistic Rights: Shakira, Zangalewa & the World Cup Anthem” (Subestimando los derechos intelectuales y artísticos de África: Shakira, Zangalewa y el himno de la Copa Mundial), Dibussi Tande hace un recorrido increíblemente completo, por varios ejemplos del despojo que han sufrido los artistas africanos en lo que se refiere a sus derechos de autor.

El post habla de Manu Dibango y el caso de Michael Jackson tomando frases de Soul Makosa y grabándolas en “Wanna Be Startin’ Somethin’” del disco Thriller (leer nota en The New Yorker). Cosas parecidas ya había hecho James Brown y tiempo después, Missy Elliot (no con música de Dibango, pero con música africana). Lo mismo pasó con “The Lion Sleeps Tonight”.

Pero el post se enfoca sobre todo, en el “himno” del mundial, que fue plagiado a Ze Bella del grupo camerunés Golden Sounds, que grabó la canción en 1985. Zangalewa (el nombre original de la famosa “waka waka” que Shakira grabó) está basada en una canción que era parte de los desfiles militares en Camerún (los miembros de Golden Sounds eran casi todos, parte de la guardia presidencial de ese país africano). Como comenta Tande, los orígenes se remontan a la II Guerra Mundial.

Las cosas ya no son como antes. Esta vez, apenas la canción de Shakira salió al aire, personas de todo el mundo reconocieron de inmediato haber escuchado antes esa melodía. Ya no estamos en los tiempos en los que cualquiera puede inventarse ser el marqués de Curridabat (como sucedió por estas tierras hace muchos años) para ligarse -con éxito- a una condesa europea de verdad. Ahora, no sólo vuelan los chismes, también la cultura. Como muestra, el blog de una estación radiofónica, que rescata el recorrido que determina el origen de la canción.

El caso es que la canción de “waka waka” había sido grabada también por Las Chicas del Can (un grupo ochentero dominicano, compuesto por mujeres) con el título de “El Negro No Puede” (supuestamente, original de Wilfrido Vargas). Vargas tampoco pagó por los derechos de grabar la canción, pero ahora se ha atrevido a hacer aspavientos de demandar a Shakira por usar “su” obra (menuda cáscara). El video de Zangalewa se puede ver aquí y el de El Negro No Puede, aquí (en formato OGG gracias a http://tinyogg.com).

¿Y quién podrá defenderlos?

Como manifestaba Ze Bella en una entrevista: “Nosotros estamos realmente imposibilitados para ir ahora a los Estados Unidos a reivindicar nuestros derechos. Hay al menos una treintena de grupos en el mundo que han hecho versiones de Zangalewa…” (traducido del francés).

Actualmente, Sony Music se ha visto obligada a negociar con el autor original. La FIFA declaró que su himno del mundial, era original de Shakira pero tenía un coro similar a la canción de Golden Voices. Sobre el avance de las negociaciones no se conoce mucho más.

El post continúa exponiendo el ejemplo del uso no autorizado que hace la marca Puma, de la imagen Ngando Pickett (un hombre que es la mascota no oficial de los leones de Camerún). Todos lo hemos visto en las vallas publicitarias. Que quede claro: esta persona no recibe ni un centavo. ¿Se puede llamar a eso un uso justo? Ngando ha enviado muchas cartas a Puma. No le han respondido ninguna y él sabe que está indefenso ante una corporación, que usa su foto sin pedirle su consentimiento.

Tande termina su artículo, planteando lo esperable: si Shakira recibirá millones de dólares por la venta de su disco, algunos de esos millones deben ir a las manos del compositor de la canción. Y claro, eso tiene muchísimo sentido y es bastante justo.

Aquí inicia mi parte editorial

Sin embargo, lo que me parece interesante en este caso, es cómo la campaña en Internet logró atraer la atención de los medios y obligó a la disquera a admitir, mostrando una vez más la incoherencia de la industria discográfica en cuanto a derechos de autor y copyright se refiere. Al parecer, los únicos derechos que le importan a Sony Music son los suyos (los del artista ¿quién sabe?).

Pero también, este asunto me genera muchas preguntas: ¿Quién defiende lo que es de dominio público? Nadie. Hemos asumido que lo que es de todos, no es de nadie… y como no es de nadie ¿quién debe protegerlo? ¿Pertenecía Zangalewa al dominio público? Es probable, pero nadie lo reclamó en 1985 y el grupo Golden Sounds entonces es titular de los derechos de la canción.

En Guatemala, la expresión “pura vida” es una marca registrada de la Cervecería Costa Rica para distribuir la cerveza Imperial. Un día de tantos, el oe oe oe oe de los estadios aparecerá en un disco y será sujeto a las restricciones de copyright tradicionales… Zangalewa era una canción de la II Guerra Mundial, inventada ¿por quién? y ahora, objeto de litigios sobre quién es el dueño. Y todo Camerún es dueña de la canción, pero Camerún no recibirá dinero por eso. ¿Debería recibirlo? No lo sé. Tampoco sé si Ngando Pickett debería recibir dinero por su foto. Hay cosas que no se resuelven con dinero. Tal vez es tan simple como nombrar las cosas y darle el crédito a quienes lo merecen… pero también, dejar la hipocresía de perseguir a todo aquel que ose copiar un archivo digital, bajo acusaciones de robo a computadora armada. El punto, es que debemos reconocer que es absurdo este sistema y que un mundo en el que la FIFA persigue a los vendedores ambulantes en Sudáfrica y se encarcela al vendedor de piñatas por usar la imagen de Winnie Pooh es claramente, un mundo enfermo de avaricia.

¿Con qué cara nos dirán piratas ahora? ¡Que se ponga Shakira el parche negro en el ojo entonces! ¿No será hora de asumir que la cultura circula a pesar de todos los muros y todas las DRM que se le impongan? ¿No será momento de darle crédito a las personas por sus obras de la misma manera en la que queremos que se nos dé crédito por las nuestras? Tal vez ahí esté la clave de todo: si quiero que se me paguen millones por mi obra y se persiga a cualquiera que haga una copia no autorizada… debo aceptar entonces que el autor original al que despojé de su obra para hacer la mía, me persiga y me lleve a la cárcel. En cambio, si asumo que no despojo de su obra a nadie y que por el contrario, le rindo honores renovándola y difundiéndola por el mundo y si además, me ocupo de que se conozca a cuánta gente le debo gratitud por ese resultado final del proceso creativo… no sólo dejo de morder el anzuelo del egoísmo y el despojo, sino que cambio el mundo y retorno a la lógica del compartir… que era la que usábamos los seres humanos antes de que se desatara la locura del copyright.

No sé ustedes, pero yo ya estoy harta de la avaricia y la mezquindad. También estoy harta de la hipocresía. Los artistas, científicos y “creadores” quieren proteger “sus ” derechos pero poco les importan los derechos de los demás… mucho menos, los de las grandes mayorías, que somos al fin y al cabo, la humanidad casi completa.

Y no se trata de buscar que los artistas se mueran de hambre “regalando” sus obras, pero hay que construir un modelo alternativo que evidentemente no le permitirá a los más famosos vivir como viven ahora. Tal vez tengan que dejar de comprar zapatos de dos mil dólares el par… qué pena ¿no? Y ese modelo debe acoger a los que no son tan famosos y no pueden comprarse zapatos… No será nada fácil, pero hay que hacerlo ahora, porque eso nos salvará de más Shakiras inaugurando el mundial en África mientras los artistas africanos la miran por la t.v. haciendo una burda imitación de sus cantos.

Joel Tenenbaum es un valiente

Yo quería escribir más y traducir un post de Joel Tenenbaum acerca de las donaciones de dinero que ha recibido, en apoyo por la demanda que la RIAA le impuso y por la cual, se le ha condenado a pagar $675,000 dólares. Pero no tengo energía. Lo enlazo más abajo.

Suponíamos que la corte iba a caer en la trampa de las disqueras. Siendo éste el segundo caso que gana la RIAA, las cosas se están poniendo bien peligrosas. Y nosotros, como si nada. Va de nuevo, no se trata de defender que se irrespeten los derechos de reproducción (copyright)… se trata de que se deje de llamar piratas a las personas que comparten archivos y se les deje de tratar como criminales. Compartir música no hace a Joel similar a un violador, un secuestrador, un presidente ladrón, un abogado de empresa farmaceútica que exprimió el sistema de seguridad social de un país que llamaremos, a modo de ilustración “Costa Rica”, etcétera.

Joel admitió que compartió música. Un día (esperemos que no muy lejano) será un héroe para nuestra libertad. Porque apelará y seguirá peleando contra este absurdo. Joel no pagará y dice que está discutiendo con las personas que donaron, si usar el dinero para pagarle a su equipo de abogados… o para donarlo al Fondo para Expertos sobre las Demandas de la RIAA de la Free Software Foundation.

Joel se toma en serio su papel y lo hace como se debe. A veces, aunque lo primero que queremos hacer es quitarnos los problemas de encima, nos toca estar a la altura de las circunstancias y hacer historia.

Lo peor, es que estas demandas dan verdaderas ganas de no comprar un sólo disco más a esas disqueras ¿y entonces? Ya se está coordinando el boicot ¿lo sentirán?

Más info

Buscar imágenes compartidas con licencias de Creative Commons

Una por otra.

Desde hace mucho, no colocaba fotografías en mis posts del otro blog porque no quiero andar pasando por encima de los derechos de autor de nadie. Hoy encontré que el buscador Google tiene una alternativa para buscar imágenes protegidas con licencias de Creative Commons y otras licencias como la GNU FDL. Sí, en Google, ni modo. No vaya a ser que use el otro.

Ahora 0p0 me acaba de indicar algo muuuucho mejor. Creative Commons tiene su propio buscador (algo que me hace preguntarme ¿dónde y cómo difunde sus noticias esta gente?). El caso es que ya no hay que usar buscadores en otro lado… aquí está la mejor opción:

http://search.creativecommons.org/

En el caso de Goole, cuando se buscan imágenes, hay que ir a búsqueda avanzada y elegir la opción “etiquetadas para reutilización” en el espacio de “derechos de uso”. Así, todas las imágenes que el buscador va a encontrar, tendrán algo que ver con las licencias Creative Commons. Y digo “algo que ver” porque a veces, nos llevará a un blog que está bajo alguna de esas licencias, pero eso no significa que el editor del blog tuviera necesariamente el lindo detalle de buscar fotos de autores que las querían compartir… así que siempre tendremos que usar nuestro criterio para cumplir el objetivo.

En todo caso, en flickr sí se detalla qué tipo de licencia tienen las fotos, así que es mejor que las fotos provengan de ahí. Hay fotos compartidas de tanta calidad, que se puede una pasar un buen rato sólo mirando.

copyleft

Esta imagen es un fondo de pantalla. En grande aquí.