La industria que se suicida y nos culpa a nosotros

Esta entrada se publicó originalmente en mi blog en 89decibeles

¿Han entrado últimamente a una tienda de discos?

Yo lo hice el sábado, como ejercicio nada más. No pensaba comprar nada pero quise hacer un monitoreo para confirmar mis sospechas.

¿Cuales eran esas sospechas? La primera, que iba a encontrar puros discos viejos. Así fue: el único disco reciente que encontré es el …little broken hearts de Norah Jones. La segunda, que iba a encontrar pura música para señores mayores de 50 años. Así fue: de haberle buscado un regalo a mi papá hubiera salido con unos diez buenos discos. La tercera, que en la tienda no iba a suceder nada interesante. Sobre esa, aclaro que eran las 10 de la mañana y acababan de subir la cortina metálica. Les daremos el beneficio de la duda.

No creo que muchos lo recuerden, pero en Barrio La California (donde ahora hay un salón de belleza, en un local ubicado casi al frente del AM.PM) estaba Auco Disco. En Auco Disco había un mae especialista en rock (Mauricio Alice) y otro, especialista en jazz (su nombre no lo recuerdo). En esa tienda se podían encontrar discos extraños, pero si no estaban, al menos se podía encontrar a alguien que decía: “No, no lo tenemos, pero qué excelente disco, es lo mejor que han sacado los de [inserte grupo aquí] porque después de que cambiaron de guitarrista, habían decaído un poco pero con ese disco están volando. Pero no, no lo tenemos, pero te recomiendo este de [inserte otro grupo] porque tiene un solo de guitarra en la canción seis que es increíble“.

Sucedía algo más o menos así, lo que quiere decir, que una llegaba a Auco Disco a las diez de la mañana y salía como a las cinco de la tarde con tres discos nuevos después de haber escuchado una selección de música espectacular. ¿Qué pasó con esas tiendas? ¿Las mató The Pirate Bay? ¡Esa es la respuesta facilista de la industria discográfica! La respuesta es, que esas tiendas jamás recibieron nada de esa industria que no fuera una factura de cobro. La industria -sobre todo en mercados prescindibles como el nuestro- se limitó a contratar artistas, encargarse de que grabaran un producto comerciable, a producir el objeto llamado disco y listo. A las emisoras de radio más comerciales, les pagan  para que programen las canciones – porque no es casualidad que “Mosa, mosa sea el éxito del verano en toda América Latina ¿verdad? – pero ¿a las tiendas de discos? Nada.

Sigamos con esa idea: a las emisoras les pagan por programar cierta música. No debe esa idea hacernos creer que el mal gusto es culpa de las disqueras. No revelaré la fuente, pero sé que el éxito de la canción “Locura automática de La Secta fue un legítimo golazo. Nadie pagó por ella. Esa canción llegó a número uno por ¿méritos? propios (no saben el esfuerzo que fue buscar esa cosa, no se las recomiendo). Lo mismo sucede en otras emisoras que no ponen reggaetón, como la que intenta salvar a la especie y donde ponen lo que nos gusta. Pero resulta, que todo eso que nos gusta no está disponible en ninguna tienda de discos en este país. Entonces, aunque quisiéramos comprar un disco o regalárselo a alguien eso es imposible. Y no me digan que es lo mismo que nos regalen un link o un disco repleto de MP3 descargados que un disco con portadita y libro, envuelto en papel de regalo.

Tal vez soy de la vieja escuela, pero el objeto fetiche disco sigue existiendo, no solo por la portada, sino por el sonido. Un MP3 de tres megas es como tomar café chorreado en una bolsa que ha sido usada ocho veces con la misma broza. Ese formato es lo peor que le ha podido ocurrir a la música y si tuviéramos algo de dignidad jamás compraríamos archivos digitales en Amazon o iTunes que no sean MP3 con una compresión aceptable. Eso, si pudiéramos comprarlos, porque ni eso es permitido. Como la industria musical no tiene interés alguno en resolver SU problema (que no es nuestro, es de esas compañías) ni siquiera ha resuelto cómo cobrar una descarga de MP3 donde se incluya el impuesto de importación (¡válgame, si es que descargar desde aquí un MP3 de un servidor en EEUU es una importación de un bien a Costa Rica!!!) para que no tengamos que marearnos entrando a los noventas en Titi Online a descubrir que no hay nada de Muse, Andrew Bird, The Killers, Death Cab for Cutie, Paramore, Björk… (créanme, los busqué todos, incluso a Norah Jones y a La Secta. Tampoco estaban).

Todo esto me lleva a la pregunta, la cual formulo con todo respeto (NOT): ¿¿¿Qué putas esperan que hagamos??? Es indignante; sobre todo porque en el mejor de los casos nos van a vender una descarga de un café aguado que no nos permitirá escuchar todos los detalles que sí nos permitiría un acetato o una menor compresión. En el peor de los casos, los grupos post-MP3 terminarán grabando música que no tendrá armónicos ni sonidos ocultos porque ¿pa qué? ¿si nadie lo va a oír?. Ya hasta lo admiten: “Además, algunos músicos e ingenieros de audio dicen que el formato MP3 está cambiando la forma en la que los estudios mezclan las grabaciones. Ellos dicen que el formato MP3 “aplana” las dinámicas — las diferencias en tono y volumen — en una canción. Como resultado, mucha de la nueva música que sale de la industria tiene un sonido similar, y no hay nada como un enfoque en crear una experiencia de escucha dinámica. ¿Para qué trabajar tan duro creando sonido complejo si nadie puede detectarlo?” (Rolling Stone, The Death of High Fidelity, 26 de diciembre de 2007, tomado de aquí).

Por eso no me sorprende el post de Adrián sobre la venta de discos viejos. El precio no tiene nada que ver. Las causas tienen que ver con el objeto fetiche disco y lo que significa o no significa para la gente que jamás ha comprado uno. Adrián también pregunta si alguien aquí sigue comprando discos. Le respondo que yo lo haría si en las tiendas vendieran algo de lo que me gusta. Lo hago a pesar de la náusea que siento al leer: “Este fonograma es una obra intelectual protegida en favor de su productor… SE PROHIBE SU COPIA TOTAL O PARCIAL…” (así, en mayúsculas, gritándole a quien solo es culpable de haber comprado el disco y defendiendo al productor, no al artista). Pero tengo clarísimo que casi nadie compra discos porque comprar discos ya no es una experiencia gratificante; porque si comprar un disco es hacer clic para esperar quince días a que llegue a la casilla, mejor damos el clic en un enlace de descarga.

Pero hay otra razón por la cual la gente no compra discos. En una de mis charlas sobre la dictadura del todos los derechos reservados, pregunté a los 30 estudiantes veinteañeros si habían comprado un disco alguna vez. Uno respondió que sí, porque es cantautor y comprendía el esfuerzo que significa hacer un disco, para un músico local de un país como el nuestro. Los demás jamás lo habían hecho. ¿Será posible entonces que esos jóvenes jamás hayan escuchado música de verdad? ¿Será posible que si no es por conciertos, lo que ellos consideran música es un conjunto de deslavados MP3 a punto de llenar 1 TB en su computadora? ¿La gente no compra discos porque no diferencia un sonido del otro?

No tengo muy claro a dónde quiero llegar. La industria discográfica es aborrecible. Una industria que en lugar de innovar se dedica a demandar a adolescentes por descargar canciones, a tratar de pasar leyes que restringen nuestras libertades en Internet, a colocar DRMs que nos convierten en rehenes de nuestros aparatos* y nos obliga a escuchar apenas el aroma de la música, merece todo mi desprecio. Si a esto le sumamos, que esa industria tampoco nos permite descargar sus migajas de forma legal porque no ha comprendido que la Internet no necesita de un furgón que atraviese las fronteras, además de mi desprecio merece toda mi lástima y mi más sentido pésame.

Pero también el pésame es para la música, la de verdad, la que no está comprimida debajo del zapato de un pésimo formato. También es para los músicos independientes que aún no se dan cuenta de que rogándole un espacio a esa industria solo se suman a la etiqueta de despreciables, cuando lo que merecen es que los frutos de su trabajo ingresen a su cuenta bancaria.

Sin embargo, hay muchas cosas buenas que han salido de todo este absurdo. Bien por los que se han unido a proyectos como el de Autómata (aunque sea en mp3) y por sueños hechos realidad como Musopen (que ha logrado que la música que es de dominio público en la teoría, lo sea en la práctica). Bien por la Electronic Frontier Foundation y la lista de abogados dispuestos a defender a las personas acusadas de descargar ilegalmente la música en los Estados Unidos. Bien por las licencias Creative Commons que permiten compartir libremente.

Todas esas son soluciones en crecimiento, aunque ninguna de ellas permite que yo pueda comprar el disco del panameño Carlos Méndez. Por suerte un amigo, que sabe que yo a Apple jamás le daré uno de mis cincos, me compró los archivos en iTunes. Se lo agradezco mucho, aunque hubiera preferido ir Auco Disco y que Mauricio me dijera que el EP del 2007 que tengo de Carlos, es mejor que el disco que grabó en el 2009.

* Mis aparatos no tienen DRM’s porque uso software libre. También uso el formato ogg.

La imagen es de verbeeldingskr8

Piratería y Software Libre

Traducción de “Piracy and Free Software” publicado por Mako Hill el 11 Oct 2010 en Copyrighteous

Este ensayo es un resumen de mi presentación en el taller Inlaws and Outlaws, realizado del 19-20 de agosto, 2010 en Split, Croacia. El taller reunió a defensores de la piratería, con participantes de los movimientos de cultura y software libres.

En Por qué el software no debe tener propietarios, Richard Stallman explica que, si un amigo le pide a usted un software y la licencia de ese software le limita compartirlo, usted tendrá que elegir entre ser una mal amigo o violar la licencia de ese software. Stallman sugiere que las personas usuarias deberán elegir el menor de dos males y elegirán violar la licencia. Él enfatiza que es injusto pedirle a una persona usuaria que haga una elección como esa.

En años recientes, los partidos piratas han crecido a lo largo de muchas partes del mundo desarrollado. Por supuesto, la piratería sigue siendo el medio primordial de distribución en la mayor parte del resto. Los defensores del acceso a la información se han reunido y organizado bajo la etiqueta de “piratas”, representando la elección de compartir por sobre el cumplimiento de los términos de la licencia.

Los movimientos de software libre y de código abierto (FLOSS) y de cultura libre parecen tener una reacción de confusión y conflicto ante todo esto. Por un lado, los mayores proponentes de varios partidos piratas son incondicionales hacia el software libre y varios partidos piratas han hecho de la defensa del FLOSS un componente de sus plataformas políticas. La oposición clara de los Partidos Piratas hacia las patentes de software y los DRM tienen resonancia en las comunidades, tanto de FLOSS como de cultura libre. Por otra parte, los líderes del FLOSS -incluyendo a Stallman- nos han advertido acerca de las políticas anti-copyright de los piratas. Líderes de culture libre, como Lawrence Lessig, repetidamente y vociferando ha denunciado la piratería, y han tratado como una afrenta cuando se les asocia con piratería, distanciando su trabajo y a ellos mismos de la piratería.

Las personas defensoras del FLOSS y la cultura libre ¿deben adoptar a los piratas como compañeros de lucha o condenarlos? ¿Debemos elegir entre estar con los piratas o estar contra ellos? Nuestras comunidades no parecen tener articulado un consenso claro y consistente.

Creo que, intuitivamente, si usted toma una posición firme basada en principios, en favor de la libertad de información y distingue entre principios y tácticas, es posible tener una respuesta matizada “a medio camino” hacia la piratería. A la luz de una creencia basada en principios, de que las personas usuarias deben tener la posibilidad de compartir información, podemos concluir que no hay nada éticamente incorrecto en la piratería. Las licencias tienen poder legal pero están protegidas por leyes de “propiedad intelectual” que son injustas. Habiendo dicho eso, los principios no son la única razón por la cual, las personas activistas deciden hacer las cosas. Muchos trucos políticos son malas ideas, no porque sean incorrectas, sino porque no funcionarían y tendrían efectos secundarios negativos. Las tácticas también importan. Aún cuando no exista nada éticamente incorrecto con la piratería desde la perspectiva del software libre y la cultura libre, ésta puede aún así ser una mala idea. Existen al menos tres razones tácticas que podrían motivar al software libre y la cultura libre a no apoyar la piratería o a no participar en movimientos o política favorable a la piratería.

Primero, un irrespeto sistemático por el copyright, mina el respeto por todas las licencias, las cuales han sido de un beneficio táctico enorme para el software libre y un factor de éxito cada vez más creciente para la cultura libre. Las licencias Copyleft como la GPL o la CC-BY-SA tienen poder sólo porque el copyroght lo tiene. Como ha sugerido Stallman, las acciones anti-piratería con acciones anti-copyleft. Eso no tiene que ser un argumento en contra de los intentos de limitar el copyright. De hecho, creo que nosotros debemos reducir el copyright. Pero debemos dar los pasos cuidadosamente. En el clima actual del copyright, creo que copyleft ofrece una nueva ventaja. ¿Por qué los demás deberían respetar nuestras licencias si nosotros no respetamos las suyas? Mirando a largo plazo, debemos sopesar los beneficios de promover la violación sistemática de licencias privativas con la adhesión a los movimientos de software y cultura libres.

Segundo, la piratería es fundamentalmente retrógrada. Parte de su resonancia como símbolo político proviene del hecho de que la piratería representa una manera en la que los consumidores de bienes mediáticos pueden pelear contra de un grupo de compañías que les ha atacado a ellos (con demandas, sistemas DRM y satanizaciín en la propaganda) por compartir de formas que la mayoría de consumidores creen, son naturales y socialmente positivas. Como resultado de eso, la mayoría de quienes defienden la piratería que hablan en contra de las DRM en los estarían tan felices de usar NetFlix para subir películas restringidas por las DRM por $5 al mes como estarían felices de descargarlas gratuitamente. Los mejores month as they were to download for free. Los mejores gritos de batalla no siempre se traducen en los más robustos movimientos.

Tercero, a través de su enfoque en la reacción, un diálogo acerca de la piratería evita el compromiso con las preguntas difíciles acerca de con qué vamos a reemplazar el actual sistema fracturado de copyright. Una posición basada en principios sugiere que es nuestra prerrogativa ética, el crear modelos alternativos. El movimiento de software libre ha sido exitoso porque ha creado esa prerrogativa y entonces, lentamente en el tiempo, ha brindado ejemplos de alternativas factibles. Una posición basada en principios para el software libre no requiere que se provean de nuevos sistemas factibles inmediatamente, pero hace del desarrollo de aproximaciones sustentables y creativas, una prioridad. Atacar el sistema sin siquiere intentar hablar acerca de modos alternativos de producción es insustentable. El software libre y la cultura libre hacen un llamado por una revolución. La piratería hace un llamado a un amotinamiento.

La piratería, en estos tres sentidos, puede verse como táticamente imprudente, sin que necesariamente sea antiética. Tomando una posición basada en principios, es posible construir y trascender, el comentario de RMS. En términos de la cultura libre y el software libre, podemos sugerir que la piratería no es éticamente incorrecta, pero que es una forma imprudente de intentar promover el compartir. Sin ser hipócrita, podemos decir: “No pienso que la piratería sea antiética. Pero no la apoyo”.

El caso de Joel Tenenbaum y lo que tod@s nos jugamos en este juicio

Es bastante complicado explicar por qué es importante seguir el caso de Joel Tenenbaum y defender su causa, sin que la gente crea que eso significa estar de acuerdo con que se irrespeten los derechos de Copyright. Es evidente que el modelo de Copyright actual es absurdo, está obsoleto y no corresponde a la realidad cultural (y que en la mayoría de los casos tampoco defiende los derechos de los autores sino el afán de lucro de las compañías que se aprovechan de los artistas), pero es el marco legal en el que estamos jugando y si no estamos dispuestos a hacer la lucha por cambiarlo, poco hacemos con “burlarnos” de él.

Pero en el juicio que comenzó ayer, de Sony contra Joel Tenenbaum no se juega el que se permita la descarga y el compartir libremente la música, las películas o el software. No se está defendiendo a Joel porque se considere que es legal lo que hizo. El tema es otro.

Joel es defendido por el “Profesor Charles Neeson de la Universidad de Harvard (y Co-fundador del Berkman Center for Internet & Society y abierto detractor de las tácticas judiciales de la RIAA)” pero tiene a todo un equipo de estudiantes detrás.

Su equipo defensor argumenta “que el caso en sí no es sobre el Derecho de Autor, sino que la RIAA ha estado abusando del sistema judicial para su beneficio y que el monto de la indemnización de perjuicios permitida por la Digital Theft Deterrence Act es inconstitucional”. Jurisprudentia

El post de Jurisprudentia es muy esclarecedor y muestra además, lo novedoso de la defensa. El caso es importante además para la causa del Software Libre y toca adoptar una posición que puede parecer contraproducente pero necesaria si colocamos la libertad por encima de otras causas menores. Hace un tiempo ya, traduje el artículo que explica por qué la Free Software Foundation apoya a Joel.

En twitter y en identi.ca se está mostrando al apoyo a Joel usando la etiqueta #JFB (de Joel Fights Back) y en el sitio del mismo nombre se pueden leer los reportes de cómo avanza el juicio http://joelfightsback.com/

Lo que se juega entonces es, si las compañías disqueras pueden imponer demandas desproporcionadas en contra de individuos que usualmente no pueden defenderse. No olvidemos que hay 39997 personas en Estados Unidos que están en la misma situación de Joel. Aquí, él mismo cuenta cómo ha sido esta experiencia de estar demandado por US$4 millones por descargar 7 canciones en un P2P.

PD:

Hace un mes, una mujer fue condenada a pagar casi 2 millones de dólares por descargar 24 canciones.

La Guerra contra el Compartir: ¿Por qué le importan a la FSF las demandas de la RIAA*?

Esta es una traducción propia del artículo llamado “The War on Sharing: Why the FSF Cares About RIAA Lawsuits” publicado en Torrent Freak el 13 de mayo de 2009. Las siglas RIAA se refieren a la Asociación Americana de la Industria Disquera, de Estados Unidos (Recording Industry Association of America). La nota de Lawrence Lessig la agregué yo.

El artículo fue escrito por John Sullivan de la Free Software Foundation.

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La Guerra contra el Compartir: ¿Por qué le importan a la FSF las demandas de la RIAA*?

Por John Sullivan Operations Manager, FSF. Traducción (libre): Carolina Flores

Aquí en la FSF nosotros no hacemos mucha música, así que es natural que la gente se pregunte por qué la FSF ha estado apoyando a individuos que han sido blanco de demandas iniciadas por la Asociación Americana de la Industria Disquera (RIAA). Más recientemente, nosotros abrimos un expediente *amicus curiae* en el caso de *Sony BMG Music Entertainment, et al. v. Joel Tenenbaum* mostrando que la teoría de la RIAA sobre el daño estatutario (ver nota 1) es inconstitucional.

Algunos preferirían que nos abstuviéramos de pelear estos asuntos, sugiriendo que son una distracción del capítulo central de la FSF. Pero el oponernos a eso es de hecho una parte importante de nuestra misión de apoyar el software libre. Primero, porque esas demandas representan un intento claro de reescribir la ley de derechos de reproducción (copyright) amenazando con dañar las metas más importantes del movimiento de software libre. Segundo, una minoría en la industria del entretenimiento usa estas demandas como garantías para justificar la tecnología DRM y otras medidas para controlar el flujo de información por medio de la Internet. Tercero, si no hay oposición, estas demandas crean una cultura en la que las personas tienen temor de compartir, tomando el compartir como hurto.

En su respuesta a nuestro escrito, la RIAA dice, “La FSF no es un amigo neutral de la Corte. Más bien, la FSF es una organización dedicada a eliminar restricciones al copiado, distribución y modificación de programas de computadoras, propiedad intelectual clásica, así como las grabaciones de sonido que son asunto de este caso”. No queda claro cuál es el objetivo legal que los abogados de la RIAA, de las firmas Holme Roberts & Owen and Dwyer & Collora creen que están logrando con este ataque. La razón por la cual las organizaciones envían esos escritos es porque tienen interés en las resoluciones de un caso. William Rehnquist definió el *amicus curiae* como, “una frase que literalmente significa “amigo de la corte” -alguien que no es parte del litigio, pero cree que la decisión de la corte puede afectar sus intereses”.

Pero aquí, es el interés público lo que estamos defendiendo, no el propio. Así como no estamos de acuerdo -como la RIAA argumenta- con que seamos más “virulentos” que una organización que intimida a todos, desde los más viejos, pasando por los estudiantes universitarios, hasta los severamente lisiados; para que entren a pagar su dinero o hacer frente a los gastos devastadores de defenderse contra procesamientos injustificables en jurisdicciones lejanas, la RIAA dice lo correcto cuando plantea que la FSF tiene una posición acerca del copyright. Aunque estamos preocupados principalmente, no por la música, sino por cómo el software puede ser elaborado y compartido para beneficiar y empoderar a todos, eso no significa que el impacto de las acciones de la RIAA se limiten a la distribución de música. Sus demandas son una campaña deliberada para reescribir las leyes de derechos de reproducción (copyright) usando las cortes. Están intentando sentar precendentes que afectarán todos los trabajos que estén bajo el régimen de las leyes de derechos de reproducción (copyright), incluyendo el software.

La RIAA, la cual en su campaña de litigio representa exclusivamente a EMI, Sony Music Entertainment, Universal Music Group, Warner Music Group, y sus afliadas, quisiera cambiar los derechos de reproducción (copyright) por un derecho ordinario de propiedad física. Por medio de estas demandas, busca establecer un control casi permanente sobre todos y cada uno de los usos de las grabaciones que sus miembros distribuyen, expandiendo el poder de los dueños de derechos de reproducción (copyright) para incluir cosas que no son parte del corpus existente de leyes y extraer penalidades financieras de la mayoría de individuos indefensos acusados de desobedecer.

Pero los derechos de reproducción (copyright) no son ni tuvieron la intención de ser así. De hecho, los derechos de copyright requieren que el público renuncie a algunos de sus derechos, tales como la libre expresión y la libre asociación, en aras de promover otro de sus intereses fundamentales -el progreso de las ciencias y las artes útiles. En el trabajo “Malinterpretando los Derechos Reservados” (Misinterpreting Copyright), Richard Stallman, presidente de la FSF, describe una analogía entre esta compensación y las adquisiciones del gobierno. Cuando se realiza cualquier tipo de compra para hacer obra pública, el gobierno busca (aún cuando no lo haga perfectamente) minimizar la cantidad de dinero de los contribuyentes que gastará para obtener los bienes que necesita. Esto significa que se pagará un precio que los proveedores encontrarán aceptable, al tiempo que se evitará ser amedrentado por aquellos proveedores que argumenten que los bienes valen más de lo que realmente cuestan. Cuando la marina de guerra estadounidense fue acusada de pagarle a Lockheed $640 por cada inodoro para algunos de sus aviones, es comprensible que la gente estuviera furiosa, porque el gobierno había despilfarrado los fondos públicos.

En el caso de los derechos de reproducción (copyright), lo que el gobierno está gastando es la libertad de la gente, para obtener réditos para los bienes públicos culturales y científicos. Ahora mismo, los gobiernos están despilfarrando esa libertad. Están gastando muchísimo y recibiendo muy poco como retribución. Muchos autores y artistas le están diciendo al gobierno que los trabajos pueden hacerse sin semejante gasto. El movimiento internacional de software libre ha estado proveyendo esto por varios años ya, habiendo producido exitosamente un sistema operativo completamente funcional en GNU/Linux, el cual puede ser usado, compartido y mejorado libremente, por cualquiera que quiera hacerlo; y más recientemente ha habido gente haciendo cosas similares en enciclopedias, libros de texto y el mundo de las artes (incluyendo la música).

Previamente, debido a que se requería equipo grande y caro, los lectores y escuchas normales no tenían los medios para hacer copias fácilmente. Los derechos de reproducción (copyright) restrictivos no les afectaban negativamente. Pero ahora, porque mucha gente tiene la posibilidad de ejercitar fácilmente su libertad, la carga impuesta por las restricciones de copyright en nuestra sociedad se ha vuelto inaceptablemente pesada. Así como estas restricciones han llegado a ser muy pesadas, se han vuelto menos necesarias (el costo de hacer publicaciones es mucho menor ahora, se requiere menos incentivos). En lugar de aceptar esto, el gobierno se ha colocado en el lugar de los que con avaricia, a la manera de los que vendieron los inodoros de $640, ven una oportunidad de congelar lo que se trata de una contingencia y una consecuencia del negocio, en un derecho permanente y natural para ellos mismos, expandiendo los poderes de propiedad bajo la ley de derechos de reproducción (copyright), más allá de sus fronteras actuales e históricas.

En los Estados Unidos, la nueva administración sigue parcializado en contra de la gente. El vice presidente Joe Biden recientemente habló en una actividad del MPAA (Motion Picture Association of America), adoptando el lenguaje de “piratería” de la industria cinematográfica, diciendo “Es hurto puro”. Biden también le aseguró a la MPAA que el Presidente Obama encontraría el zar apropiado para los derechos de reproducción (copyright). Su actitud no es sorprendente, dada su actitud impaciente como senador, para patrocinar y apoyar la legislación impulsada por la RIAA. Fue él, después de todo, uno de los senadores estadounidenses invitados a tomar la champaña de celebración de la Digital Millennium Copyright Act (DMCA) auspiciada por la MPAA, RIAA y la Business Software Alliance. Obama mismo ha llamado a Tom Perrelli y Donald Verrilli, ambos antinguos abogados de la RIAA, para que ocupen cargos en la Produraduría General de la República.

Si vamos a lograr leyes de derechos de reproducción (copyright) que sean sensatas, tenemos que evitar la confusión entre la institucionalización de la avaricia corporativa y las artes. De hecho, al parecer la mayoría de los artistas está en desacuerdo con la RIAA. Artistas de Sony han reportado gana apenas $0.045 por cada canción vendida en iTunes y la mayoría de ellos nunca recibirán ni siquiera eso de parte de Sony. Como un ejemplo dentro de muchos, la cantante Courtney Love responde a los cargos de piratería diciendo: “¿Qué es piratería? Piratería es el acto de robar el arte de un artista sin intención alguna de pagar por ello. No estoy hablando del software tipo Napster. Estoy hablando de los contratos de las compañías disqueras más importantes”.

La RIAA no cesa en manipular la ley de derechos de reproducción (copyright) para dañar a los artistas y al público. También usan sus demandas como palanca para argumentar por el control sobre cualquier tecnología que pueda ser usada para distribuir música. Por ejemplo, han presionado para que se requiera que todos los puntos de acceso de conexión inalámbrica a Internet sean cifrados y cerrados, para restringir tecnologías como BitTorrent y otras formas de distribución entre iguales (peer-to-peer), para imponer topes al ancho de banda a los usuarios domésticos de Internet y para monitorear el tráfico por medio de los proveedores de servicios. Esos esfuerzos dañan directamente al software libre. Porque los desarrolladores de software libre alrededor del mundo trabajan de forma colaborativa y dependen de las redes de libre distribución para mover el software, datos y sus conversaciones. En particular, la tecnología peer-to-peer hace que esto sea más sencillo y más barato para personas que tienen menos ancho de banda disponible, y por lo tanto, es un medio poderoso de impulsar la distribución del software libre y los esfuerzos por su amplio desarrollo.

La RIAA hace nuevos ataques al software libre cuando usan estos casos de compartir archivos como arma para defender la Digital Millennium Copyright Act (DMCA). Fue la RIAA la que atacó al científico de Princeton Ed Felten por querer publicar información matemática útil, porque su información de utilidad general podía ser usada para descifrar su esquema específico DRM. Sony no vio problema alguno en instalar secretamente herramientas en las computadoras de los usuarios, para permitir el espionaje entre ellos y bloquear ciertas actividades. Estos esfuerzos por volver a las computadoras en contra de sus usuarios y por restringir la información técnica son claramente incompatibles con el software libre. Si permitimos que la RIAA gane indignantes daños en estas demandas, estamos permitiéndoles que fabriquen evidencia de pérdidas debidas a copias illegales, las cuales después serán usadas para exigirle al Congreso, mayores controles sobre nuestra tecnología.

Entre el gobierno y el público, las demandas de la RIAA crean una cultura que enmarca estos asuntos en términos que hacen más difícil que el software libre tenga éxito, al crear una cultura que tenga temor de compartir. Esto lleva a la confusión como en el reciente caso de una maestra de escuela que asumió que un estudiante que estaba entregando discos de GNU/Linux en clase, estaba quebrantando la ley. Apenas se le puede culpar a ella por tener esta impresión, si las demandas de la RIAA y la propaganda constantemente permea los medios de comunicación, empujando a que todos asuman que compartir está mal a menos que se diga lo contrario.

El enfoque que la RIAA hace de este asunto como “propiedad intelectual” es otra forma clave de difundir este miedo. Citan nuestra oposición a este concepto en su respuesta a nuestro escrito, y están en lo correcto. El uso del lenguaje de “propiedad intelectual” amenaza con minar el movimiento de software libre. El término agrupa conceptos disparatados como derechos de reproducción (copyright), patentes y marcas registradas, las cuales, legalmente son distintas. La RIAA quisiera agruparlos porque haciendo eso aumenta el tamaño de extorsión que pueden obtener. Al dibujar una analogía con la propiedad física, borran las historias existentes detrás de esas áreas específicas de la ley y racionalizan los daños obsenos que están solicitando. Complica la discusión de estos temas de manera que no se encuentren buenas soluciones y si se usa en lugar de una discusión clara acerca de derechos de reproducción (copyright) en el terreno de la música, entonces la gente lo aceptará de igual manera cuando se discute de software.

La nota al pie es que por el arte, así como por el software, la ley sensate de derechos de reproducción (copyright) debe facilitar y promover el compartir, para que todos se puedan beneficiar de lo que se produce y participar de forma significativa en la producción. Para el software, la manera más sencilla de compartir, es poner el código en el dominio público y no requerir de ninguna licencia de usuario final (End User Licensing Agreement (EULA)) o patente. Cualquiera puede estudiar y usar el software, hacerle cambios al mismo y redistribuir las versiones que se cambiaron a quien se quiera. Sin embargo, esto deja la puerta abierta para que otra gente use el copyright para hacer algunos cambios a ese software y eliminar la libertad, redistribuyendo sus versiones sin las libertades que estaban originalmente ahí. La ley de derechos de reproducción (copyright) permite que la gente haga un rol de intermediario así, interceptando los trabajos que tenían la intención de ser libres y convirtiéndolos en programas propietarios para controlar a los usuarios.

Para asegurar que el software escrito para ser libre permanezca libre, la FSF usa una licencia de derechos de autor llamada la Licencia Pública General GNU (GNU General Public License (GPL)). La GPL dice que cualquier persona es libre de usar, copia, cambiar y distribuir las versiones modificadas del software al que está ligada la licencia, siempre y cuando traspase las mismas libertades a cualquiera que reciba el software. La GPL puede hacer esto porque la ley de derechos de autor le da a los poseedores del derecho reservado la autoridad de delinear esos términos. En lugar de usar esa autoridad para hacer ilegal el copiado, la FSF usa esa autoridad para hacer ilegal que sea ilegal hacer copias.

A pesar de esto, la FSF continúa trabajando para reducir el poder de las restricciones que imponen los derechos de reproducción (copyright), al pelear contra estas demandas, entregando escritos en casos específicos y recolectando contribuciones para el RIAA Expert Witness Fund (Fondo para Testigos Expertos sobre la RIAA). No tenemos la intención de dispararnos en nuestro propio pie apoyando propuestas para reducir el alcance de los derechos de reproducción (copyright), los cuales podrían debilitar la forma en la que la GPL protege la libertad, sin debilitar al mismo tiempo, la forma en la que compañías como Microsoft y Apple lo usan como un arma para arrebatar la libertad *. Pero tampoco vamos a apoyar el abordaje expansivo de la RIAA para dar más poder a los dueños de derechos de reproducción (copyright) a costa del público, con el argumento de que eso “fortalecería” la GPL. No aceptaremos perder la GPL como un escudo efectivo a menos que sea parte de un plan confiable que haría el software libre en general. Pero tampoco lo confundiremos con la meta final, que es lograr un mundo donde la gente no sea llamada criminal cuando quieren saber qué es lo que está haciendo el software ahora en su computadora, o por compartir una copia con sus vecinos, o para mejorarlo y compartir sus mejoras.

Ejecutivos como Rolf Schmidt-Holtz de Sony Music Entertainment deben recibir el mensaje y echarse para atrás. A pesar de que dijeron en diciembre, que detendrían las demandas contra indoviduos, la RIAA ha interpuesto 62 demandas más sólo en el mes de abril. Los ciudadanos están cansado de ver cómo sus gobiernos malgastan su libertad para enriquecer a estas millonarias corporaciones y están cansados de ser intimidados. Continuaremos nuestro trabajo para apoyar esta oposición a la Guerra contra el Compartir y para restablecer o reemplazar la ley de derechos de reproducción (copyright) para lo que se proponía, el progreso en la ciencia y las artes para todos.

CC-BY-ND

Nota:

1. Lawrence Lessig dice acerca del daño estatutario: “Para casos de “violaciones voluntarias” la Ley de Copyright especifica algo que los abogados llaman “daños estatutarios”. Estos daños permiten que el dueño de un copyright reclame 150.000 dólares por cada violación”.

* Esta sección fue especialmente difícil de traducir. El texto original dice: “We do not intend to shoot ourselves in the foot by supporting proposals to reduce the scope of copyright that would weaken the way the GPL protects freedom without simultaneously weakening the way companies like Microsoft and Apple use it as a weapon to take away freedom”. Si usted piensa que ka traducción tiene fallos, por favor deje un comentario para que podamos mejorarla colectivamente.