La Luz de Alba

A don Pablo

Más allá de este camino
donde los lentos pasos de las vacas
nos maquillan la cara con el polvo
ya no le cortan las ramas a los árboles

Bajo este cielo
la lluvia hacía caer los helicópteros,
y le arrancaba las hojas a las biblias

Bajo esa sombra
hoy nos sentamos a escuchar
solo a uno de los muchos Pablos
que cuentan en las tardes
los hijos que perdieron
las hijas que lloraron
las fotos que jamás se tomarán

Bajo este cielo,
bajo este sombrero azul
la tierra
nunca se rinde

Upps

La delicia de colgar de golpe
dejando un tímpano sangrante
al otro lado de la línea

La magnitud del amor
almacenando un número
en la memoria propia

El grado de estupidez
evidenciado en la espera
sentada al lado del teléfono

Todo nos ha sido arrebatado

La radio en mi cabeza

Los domingos los molletes siguen ahí, en esos instantes que duran en el plato ante los ojos de algún perro que se resigna a esconderse debajo de la mesa.

Los organilleros hacen turnos sin ausencia, sin silencios, siempre de vuelta en vuelta a la manija que hace la música del hartazgo para algunos, mágica para otros.

El violinista, a veces sí y a veces no. Lo mismo, la ventana de empanadas argentinas, la vendedora de globos que espera el taxi a las cinco de la tarde y cumple todos los días con el mismo ritual: darle al chofer los hilos,  pasarlos bajo el techo, atarlos a la puerta y cerrarla con cuidado.

Siguen ahí los helados del cubano y sus piropos disfrazados de marketing. El aullido del carro de  camotes, la grabación lavada del que vende tamales.

Todo sigue tal cual lo dejé. ¿Como la habitación de un muerto en mi memoria? o ¿como la promesa refrescante del anonimato? ¿ser un alien acostumbrándose al sonido de la puerta del metro?

/

Hay días en los que se tropieza
la enorme tortuga que mueve el mundo.
Pero ya no me asusto;
tan solo me despeino.

6667

Si me cierran los puertos
me dan una ganas terribles
de escapar

y hasta imagino barcos
que pasan por la ventana
de la oficina

Remo

Hoy me salgo temprano

La otra (vida)

De vez en cuando
les da por hacer divisiones
por preguntarse qué hacer con el residuo

Después viene la culpa
porque residuo es una fea palabra
para decirle a alguien
que alguna vez se amó,
que aún se ama,
cuatro veces al mes
a ciertas horas del día
o apenas en la memoria

Y en el vértigo

Buscar un punto fijo
la mancha roja en la pared
como tributo al mosquito aplastado

Fijar la vista en el clavo vacío
imaginar cuando colguemos
la nueva foto de familia

Evitar el reloj y el calendario
porque cuentan las hojas de vida secas
o la elección de mi destino en mostradores de aerolíneas

Bajar la pierna de la cama
anclarme al piso
respirar hondo sin temor a envenenarme

Recordar en silencio
el arrullo que canta el vendedor de tamales
para nunca olvidar su omnipresencia en una cinta gastada

Volver a escribir como en el siglo dieciocho
mujer en medio de una sala llena de ojos
sin cuarto propio y sin dinero

Se vale todo menos pensar
en la distorsión generada por el vidrio
a través del cual te alucino

y en el vértigo

Ojos vendados

La última vez que te vi
estabas como siempre
detrás de tu escritorio

camisa blanca a rayas
una sonrisa
y ella atada a tu cuello

fue cuando te miré por fin
a vos, con mi reflejo

en el espejo
quitaba tu corbata
(que me da miedo)
y huíamos en un Mustang
sin saber hacia dónde,
sin que importara

del otro lado
no supe qué decir