De-volver









Él guarda todos sus tesoros en un cajón de paja, una canasta entonces, pero cuadrada. Una canasta que a él le gusta llamar cajón.


No todos los días puede traer tesoros, sobre todo los días de sol siempre escasean, porque se esconden. También se le hacen difíciles los días de lluvia, con sus paraguas y sombrillotas que amenazan con romper tan hermosos cristales. Por eso a veces sale de noche, como si fuera a cazar mariposas en el vuelo. Si eso fueran, si fueran mariposas, les dejaría apachurradas las alas y llenaría de colores sus manos. Pero no son, aunque tienen colores de árboles verdes, cielos azules, de café negro, a chocolate, color a miel, a verde oliva, manzana verde.


Le ha sucedido traerse a casa alguna mirada color azul y descubrir a última hora que se escondían otros colores. En esos casos, guarda el tesoro en otro cajón distinto que dice “farsa, todo mentira”. Y cuando pasa eso, se pone triste. Y se le llenan de agua sus agujeros negros. Así recuerda por qué le dio por coleccionar miradas. Es que una vez, le dijo a una: “vos sos mis ojos” y luego esa solo se fue y lo dejó solo. Y ahora las miradas son como un talismán. Es que el ladrón no sabe, que de sus ojos para adentro, él lo que quiere es que le regresen su mirada y no que regrese aquella una.

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