Esto tiene un nombre

Está abierta la convocatoria para hacer observaciones al Plan de Acción Costa Rica 2013-2014 de la Alianza para el Gobierno Abierto. Costa Rica se incorporó a esta iniciativa en enero del 2012 pero no ha elaborado sus compromisos. Desde hace unos días y hasta el 8 de marzo, todos estamos invitados a enviar nuestros comentarios y sugerencias. La fecha límite no la indican claramente y ya solicité que la incorporen. La respuesta en twitter fue: «la incluiremos a la brevedad» (19 de febrero 11:00 a.m.). Ya veremos.

Por ahora, ¿qué he encontrado? No sé cómo llamarlo:

Captura del Plan de Acción Costa Rica 2013-2014

Entiendo que no se quiera inventar el agua tibia y que alguien dijera: ¿por qué no nos basamos en los planes de otros países? pero ya que Costa Rica no es una federación, encontrar la fuente de este párrafo no fue tan difícil:

Captura del Plan de Acción Nacional EEUU, 20 de setiembre de 2011

Ojo, no estoy criticando el plan completo porque aún no lo he revisado. No comprendo, eso sí, cómo es que coinciden los dos años y medio, ni dónde están todas esas iniciativas maravillosas equiparables a las de la administración Obama. Pero por ahora, tengamos esperanza.

Espero hacer algún otro reporte cuando lo analice a fondo. Por ahora, solo quería compartirles mi tristeza, frustración y estado de #PLOP.

La propiedad intelectual en el caso de la artesanía en Costa Rica

En Costa Rica, como en el resto del mundo, el sector artesano está siendo seriamente afectado por la importación de artículos de bajo costo que compiten con sus creaciones. Estos objetos en la mayoría de los casos no pueden ser considerados como imitaciones pero por ser vendidos a precios menores que los elaborados a mano en el país, muchas veces son preferidos por los turistas.

El caso más connotado es el de la Asociación de Artesanos Pura Vida en contra de Café Britt. Lo recordé el año pasado cuando entré a una de las tiendas Britt del Aeropuerto Juan Santamaría y escuché a una pareja de turistas conversar con tono molesto, acerca de los bajos precios de los artículos en contraste con los que habían comprado «afuera». «Debe ser que esta es una tienda subsidida por el gobierno», alcancé a escuchar. Y claro, tuve que meterme en la conversación para decirles que por favor leyeran la etiqueta de lo que estaban viendo y revisaran dónde estaba hecho. Me respondieron sorprendidos y hasta me regañaron: «¿Cómo ustedes permiten que esto suceda?». No tuve respuesta pero decidí realizar esta pequeña investigación que hoy pongo a disposición de ustedes.

Se relata en este trabajo el caso de esa Asociación en contra de Britt, para fundamentar si existe propiedad intelectual irrespetada en los hechos que se han denunciado. Por si no quieren leer, la respuesta corta es: no, no existen bases para demandar. Pero ojalá lean, porque a partir de ese caso, menciono brevemente una posibilidad de creación de una marca colectiva para algunos artículos de artesanía y diseño local en el país.

Se presenta además, una selección de mecanismos de regulación de la propiedad intelectual que se pueden aplicar a la artesanía. Se han seleccionado de acuerdo con un trabajo realizado por Koziner para el caso de la artesanía boliviana, en el cual esa autora se inclina por  las denominaciones de origen y marcas colectivas, como los más viables. De ahí que el diseño industrial (figura que podría utilizarse también para artesanías) no se profundice; algo que se fundamenta también en que el enfoque de este trabajo se dirige hacia la promoción de una alternativa colectiva, más que una protección individual de diseños.

Considero que las marcas colectivas y denominaciones de origen son alternativas válidas para evitar la apropiación con fines meramente comerciales, de las creaciones culturales y expresiones de las comunidades. Esto requiere de procesos colectivos bien realizados y de una cohesión social importante, pero también, de abandonar el discurso fácil sobre la propiedad intelectual como un demonio por erradicar. La cultura libre no se sostiene permitiendo que otros se apropien de lo que queremos compartir, sino protegiendo de la apropiación indebida y permitiendo que todos tengamos acceso a los bienes culturales. En medio de eso, los artistas deben recibir remuneración por su trabajo y por eso, considero que esas dos figuras son buenas opciones para empezar a cambiar nuestro abordaje en algunos casos.

 

 

El desarrollador Daniel Nicoletti necesita de tu ayuda

Reproduzco comunicado de Software Libre con Cristina

Daniel Nicoletti es un desarrollador brasileño, contribuyente de KDE (Apper, PackageKit, entre otros), casado con una argentina y padre de dos mellizos, un nene y una nena. Se mudaron en 2011 a Argentina, para que su esposa pudiera terminar sus estudios. En mayo de ese año van a Brasil y tienen un accidente con el auto a la altura de Crespo, provincia de Entre Ríos.
Tratando de esquivar un auto que frenó de golpe en medio de la ruta, terminan chocando contra la parte trasera de un camión. En el auto viajaba Daniel, su esposa Elizabeth y sus mellizos, un nena y una nena de 1 año y 4 meses. La hija sufre un golpe tan fuerte que termina falleciendo luego en el hospital [1][2]. Luego de unos meses, tratando de sobrellevar la terrible situación, deciden mudarse de vuelta a Brasil.
Mientras tanto, en Entre Ríos se inició una causa pena y la abogada que habían contratado se desentendió del caso sin avisarles. Se supone que el juzgado intentó contactar a Daniel y no pudo y entonces hizo un pedido de captura internacional.

Este jueves 11 Daniel viajó a Brno a un encuentro de desarrolladores, y en la escala en Munich lo capturó la policia alemana y lo dejaron a disposición para el pedido de extradición de la justicia argentina. Se enfrenta al menos a 6 meses de prisión mientras se tramita la causa.[3]

Nos parece desproporcionado el pedir la captura internacional y encarcelar (aunque más no sea mientras se tramita la extradición) a un padre que ya sufre por la muerte de su hija. Rogamos que prime el sentido común y no se someta a esta familia a más sufrimiento innecesario.

Entretanto, la esposa de Daniel está juntando fondos para poder viajar a Munich a ayudar en la liberación de su esposo [4], y también está buscando un abogado en Argentina que la pueda ayudar con los trámites legales aquí. Pueden contactarnos a nosotros o dejar un mensaje directamente en su blog http://dantti.wordpress.com

[1] http://dantti.wordpress.com/2011/04/17/there-is-still-hope/
[2] http://www.elobservadordellitoral.com/2011/04/10/crespo-fallecio-una-bebe-producto-de-un-accidente-de-transito-en-ruta-131-y-acceso-peron/
[3] http://www.kdeblog.com/daniel-nicoletti-miembro-de-la-comunidad-kde-necesita-nuestra-ayuda.html
[4] http://pledgie.com/campaigns/186

¿Por qué no apoyo la reforma de «Fotocopiar para Estudiar»?

Para mucha gente ha sido una sorpresa, mi negativa a apoyar la reforma a la Ley de Derechos de Autor que pretende otorgar a los estudiantes, el derecho a sacar fotocopias de materiales que necesitan para estudiar. ¿Cómo, una defensora del conocimiento abierto, puede oponerse a algo así? La respuesta simple es: porque ese derecho ya existe y constituye una de las excepciones al derecho de autor que nuestra ley contempla. La respuesta complicada es: porque el conocimiento abierto, el software libre y la cultura libre dependen de que se respeten los derechos de autor. También, porque esta reforma de visión cortoplacista desperdicia la oportunidad de enmendar a profundidad las leyes nacionales sobre estos temas.

Sobre la respuesta simple: aunque la redacción sea confusa y desactualizada, nuestra ley de derechos de autor contempla la reproducción con fines académicos sin fines de lucro como una excepción, lo cual quiere decir, que es permitida bajo ciertas condiciones: 1. Debe ser sin fines de lucro; 2. No debe dañar el normal comercio de la obra (es decir, no puede clonarse ni copiarse un libro completo porque eso afecta los intereses de la editorial y del autor de la obra); 3. Debe indicar los créditos y otros datos de la obra (¿Quién no ha recibido una antología mal hecha que imposibilita saber quién es el autor del  capítulo? ¿Eso beneficia al autor? ¿Le respeta?).

Entonces ¿Por qué tanto alboroto?

1. La culpa es de las editoriales

Las casas editoriales se han dedicado a desinformar a la población y a perseguir a los negocios de fotocopias. Esto ha generado el malentendido de que se persigue a los estudiantes y aunque el efecto práctico lo parezca, es diferente. Pero ojo, que esta desinformación no es solo responsabilidad de las editoriales. ¿Qué mejor campaña de desinformación que la que estamos viendo en los medios? ¿Qué mejor manera de hacerle el favor «a enemigo» que decirle a la gente que sin esta reforma no tienen derecho a fotocopiar?

2. La culpa es de las editoriales y de la complacencia del aparato estatal

El precio de los libros en Costa Rica es absurdamente alto y el libro es un artículo de lujo que pocos podemos pagar. ¿Se ha hecho algo para mejorar esta situación? Nada. ¿Ha obligado la reforma actual a las editoriales a sentarse a la mesa de negociación? No. ¿Dónde están las editoriales, causantes de todo este embrollo? Ni idea. Calladitas y felices con la campaña gratuita de desinformación.

La complacencia del aparato estatal no termina con el precio de los libros, también pasa por haber permitido la persecución a los fotocopiadores sin intervenir para aclarar los malentendidos.

3. La culpa es del sistema legal que no se adapta a las nuevas realidades

Hasta antes de la aparición de la fotocopiadora y posteriormente, del formato digital, todas las personas dependíamos de las editoriales, casas disqueras y distribuidoras de productos culturales. Actualmente, muchos de nosotros podemos tener una imprenta en casa (llámese procesador de textos + impresora) o de plano, ni la necesitamos (leer en la pantalla, compartir un PDF, MP3, etcétera). Es cierto que el acceso a un equipo de cómputo no es la norma pero es claro que la tendencia hacia el formato digital no se va a detener. El debate de fondo entonces es, cómo diferenciar qué constituye un delito penal y qué no.

El problema que «resuelve» la reforma actual: fotocopiar con fines académicos es legal, pero cobrar por las fotocopias no lo es

Al incluir una ganancia, la actividad con fines académicos por parte del estudiante (a quien nadie puede perseguir por ese hecho) convierte esa actividad en una con fines de lucro por parte de la empresa de copiado. Es decir, el tema aquí es ¿cuántos estudiantes tienen acceso a una fotocopiadora que no les cobre más que el costo? Ninguno. ¿Y entonces, cómo ejercemos nuestro derecho a fotocopiar con fines académicos si no tenemos el aparato? Ese es precisamente el punto que la reforma pretende resolver, de una forma que yo llamaría, desafortunada.

No se mata un elefante con un matamoscas

El debate sobre derechos de autor y el acceso al conocimiento y la cultura es muy complejo (el elefante) y va mucho más allá de otorgar un permiso a los negocios de fotocopiado (el matamoscas). ¿Por qué debemos reformar la ley de derechos de autor para otorgar un permiso especial a un tipo específico de negocio? Que me respondan los legisladores, que para eso les pagamos. ¿Qué se resuelve con eso? El ingreso mensual del negocio de fotocopias. Si se resuelve algo más, les agradezco que dejen la idea en los comentarios.

Tampoco se mata una mosca con un elefante

Al defender un extraño y cuestionable derecho a lucrar haciendo copias de materiales protegidos por el derecho de autor (la mosca), la solución que encontraron los legisladores (porque el voto fue unánime y entonces la culpa no es solo del diputado Villalta) fue eliminar las penas de cárcel para todas las infracciones al derecho de autor de obras literarias, artísticas y científicas. Entiéndase, no solo el libro de química general de un autor que ya está pensionado y tal vez estará feliz de que su libro se siga multiplicando; se  eliminan las penas de cárcel contra organizaciones, empresas, individuos que lucren con las obras del sector creativo del país. ¿Nos parece excesiva una pena de cárcel en ciertos casos? Es un tema importantísimo, pero no se resuelve con un parche.

Como promotora del conocimiento abierto y la cultura libre, abogo porque los creadores compartan sus obras y comprendan que el conocimiento que construyen se basa en el de muchas otras personas que estuvieron antes que ellos. Sin embargo, defiendo por completo el derecho que tienen para decidir cómo quieren distribuir su obra. Quienes programan software libre, decidieron compartir ese programa y es el sistema legal el que defiende sus intereses y los de la colectividad que se beneficia de su trabajo. Pero aquellos inventores, artistas, académicos que no quieren dar acceso abierto a sus obras, también tienen derecho a hacerlo. La salvedad a eso sería, que esas obras se hayan realizado utilizando fondos públicos, un debate que lamentablemente este proyecto de ley tampoco resuelve ni toca.

Lo que sí hace la reforma, es despenalizar ambos casos y dejar en desprotección a la industria cultural, a los productores de programas de cómputo y a muchos otros creadores, sean éstos micro, pequeños, medianos, grandes y enormes. Tendemos a imaginarnos siempre a la malévola industria que nos llama ladrones antes de cada película en el cine o a cualquier intermediario que recibe la gran porción del pastel. Y aunque lamentablemente sí estoy defendiendo con mi oposición, los intereses de empresas que considero perversas en su modelo de negocio; no puedo dejar de hacerlo, porque estamos también desprotegiendo a esa pequeña y mediana empresa de profesionales de ingeniería, programación, diseño gráfico, producción audiovisual entre otros campos; y porque de paso, estamos promoviendo la mafia de la piratería que ya en otros países está ligada al narcotráfico y a las redes delictivas en general. Las películas de la Avenida Central no son hechas por un padre de familia sacando copias en su computadora Pentium II, sino por distribuidores masivos de contenidos que lucran con las creaciones de otros. Y claro, esos otros probablemente sean los abusivos estudios cinematográficos con sus precios elevados y sus políticas absurdas, pero un problema complejo no se resuelve con un parche y no puedo poner mis intereses individuales sobre los intereses de la colectividad.

¿Cuál sería mi propuesta?

1. Empezar a resolver el enorme desequilibrio existente respecto a la defensa de los intereses comerciales en materia de derecho de autor frente al derecho al acceso a la cultura y el conocimiento de la colectividad (ambos consagrados en la Declaración de los Derechos Humanos). Se debe  empezar por diferenciar al crimen organizado que lucra con las copias de películas, música y libros y que falsifica zapatos, champú y medicamentos; del adolescente que descarga una canción de forma no autorizada a través de la Internet o comparte un libro en PDF. En el primer caso sí corresponde al Estado perseguir eso como un delito. En el segundo caso no y debe tramitarse por la vía civil. Eso, mientras el movimiento de cultura libre, el acceso abierto y la realidad del formato digital, le abren los ojos a la industria cultural para que entienda que su modelo de negocios está obsoleto y que criminalizando a su público meta no va a sobrevivir.

2. Abrir el debate sobre el precio de los libros y la imposibilidad de conseguir material académico de calidad en este país. Si las editoriales y distribuidoras no quieren invertir en su negocio y pretenden mantener los precios prohibitivos, entonces debemos en conjunto pensar en una solución favorable al público.

3. Difundir que el derecho a fotocopiar para estudiar ya existe. Una reforma ideal a la ley, exigiría que las editoriales incluyan en su leyenda odiosa de «Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción total o parcial…» alguna nota que indique que dependiendo del país donde esa obra se distribuye, existen excepciones al derecho de autor que anularían esa prohibición.

4. Las instituciones académicas deben asumir su papel. Les corresponde a estas resolver cómo proveer a los estudiantes de esos materiales en formato digital (por ejemplo), volver a dotar a las bibliotecas de las obras que necesitamos y tener dentro de su marco los centros de fotocopiado trabajando al costo o con ganancias que se destinen a fines que no sean el lucro.

5. Aprovechar la oportunidad para hacer una reforma real. Se debe mejorar la redacción de las excepciones que contempla la ley e incluir las que nos faltan y sí se contemplan en países de la Unión Europea. Un ejemplo de esas es la excepción para poder convertir a Braille las obras literarias. Otro tema por debatir es el acceso público que deberíamos tener ala investigación realizada con fondos públicos e incluso, a los desarrollos de software que las instituciones estatales compran con nuestros impuestos.

6. El Estado debe asumir su papel y realizar campañas informativas sobre estos temas. En la sociedad de la información y el conocimiento, la propiedad intelectual constituye como nunca antes, una herramienta que todos debemos saber manejar. Estas campañas deben incluir por supuesto, los modelos alternativos que proponen el conocimiento abierto y la cultura libre, de manera que las personas podamos elegir cómo queremos compartir nuestras creaciones, cuáles son nuestras obligaciones y cuáles son nuestros derechos.

En síntesis

En el campo de los derechos de autor todos tenemos distintos roles como autores, consumidores y distribuidores pero ahora mismo tal parece que únicamente somos víctimas de un sistema legal que protege los derechos «sagrados» de los intermediarios y desprotege el interés de las mayorías. Por eso mismo, los proyectos de ley deben pasar del populismo y el cortoplacismo, a resolver los problemas de fondo que nos aquejan. Y no, en este caso, no se trata de un avance hacia ese objetivo. La reforma para «fotocopiar para estudiar» constituye definitivamente un retroceso y desperdicia una oportunidad de oro para sentarnos a la mesa de negociación y exigir una reforma integral a la ley de derechos de autor (6683), a la ley de observancia (8039) y sus respectivos reglamentos en Costa Rica.

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Notas para lectorxs del blog:

En los comentarios encontrarán varias aclaraciones de lectores. Ojalá los lean.

* En una versión anterior yo decía que «todos tenemos una imprenta en casa». Ahora suavicé esa afirmación. Esa frase la uso en realidad cuando hablo de cómo, por mucho tiempo, parecía una transacción razonable renunciar a algunos derechos y otorgárselos a un intermediario (por ejemplo, una imprenta) porque no teníamos los medios para acceder a ese conocimiento si ellos no imprimían los libros. Ahora esa relación de dependencia no existe en la mayoría de los casos. La frase sacada de contexto en efecto se interpreta como una postura elitista. No todos tenemos computadora en casa.

* Una versión anterior planteaba la ocurrencia de que las editoriales incluyeran la leyenda: «Esta prohibición es nula si se copia un fragmento de la obra bajo estas condiciones…». Luego, mi amigo Gunnar Wolf me recordó que por ejemplo en México, esa excepción no existe. De ahí que editara ese párrafo.

Valerie Aurora

Estaba leyendo un reportaje sobre héroes y heroínas del software libre y me encontré a Valerie Aurora. Habría mucho para decir. Yo solo conocía la Ada Initiative pero ahora he leído un poco más.

Pero he venido nada más a dejar registro de otra Matilde en la familia. Es la «Honeywell H316 Kitchen Computer«.

Happy Kitchen
Happy Kitchen

 

 

La industria que se suicida y nos culpa a nosotros

Esta entrada se publicó originalmente en mi blog en 89decibeles

¿Han entrado últimamente a una tienda de discos?

Yo lo hice el sábado, como ejercicio nada más. No pensaba comprar nada pero quise hacer un monitoreo para confirmar mis sospechas.

¿Cuales eran esas sospechas? La primera, que iba a encontrar puros discos viejos. Así fue: el único disco reciente que encontré es el …little broken hearts de Norah Jones. La segunda, que iba a encontrar pura música para señores mayores de 50 años. Así fue: de haberle buscado un regalo a mi papá hubiera salido con unos diez buenos discos. La tercera, que en la tienda no iba a suceder nada interesante. Sobre esa, aclaro que eran las 10 de la mañana y acababan de subir la cortina metálica. Les daremos el beneficio de la duda.

No creo que muchos lo recuerden, pero en Barrio La California (donde ahora hay un salón de belleza, en un local ubicado casi al frente del AM.PM) estaba Auco Disco. En Auco Disco había un mae especialista en rock (Mauricio Alice) y otro, especialista en jazz (su nombre no lo recuerdo). En esa tienda se podían encontrar discos extraños, pero si no estaban, al menos se podía encontrar a alguien que decía: «No, no lo tenemos, pero qué excelente disco, es lo mejor que han sacado los de [inserte grupo aquí] porque después de que cambiaron de guitarrista, habían decaído un poco pero con ese disco están volando. Pero no, no lo tenemos, pero te recomiendo este de [inserte otro grupo] porque tiene un solo de guitarra en la canción seis que es increíble«.

Sucedía algo más o menos así, lo que quiere decir, que una llegaba a Auco Disco a las diez de la mañana y salía como a las cinco de la tarde con tres discos nuevos después de haber escuchado una selección de música espectacular. ¿Qué pasó con esas tiendas? ¿Las mató The Pirate Bay? ¡Esa es la respuesta facilista de la industria discográfica! La respuesta es, que esas tiendas jamás recibieron nada de esa industria que no fuera una factura de cobro. La industria -sobre todo en mercados prescindibles como el nuestro- se limitó a contratar artistas, encargarse de que grabaran un producto comerciable, a producir el objeto llamado disco y listo. A las emisoras de radio más comerciales, les pagan  para que programen las canciones – porque no es casualidad que «Mosa, mosa« sea el éxito del verano en toda América Latina ¿verdad? – pero ¿a las tiendas de discos? Nada.

Sigamos con esa idea: a las emisoras les pagan por programar cierta música. No debe esa idea hacernos creer que el mal gusto es culpa de las disqueras. No revelaré la fuente, pero sé que el éxito de la canción «Locura automática« de La Secta fue un legítimo golazo. Nadie pagó por ella. Esa canción llegó a número uno por ¿méritos? propios (no saben el esfuerzo que fue buscar esa cosa, no se las recomiendo). Lo mismo sucede en otras emisoras que no ponen reggaetón, como la que intenta salvar a la especie y donde ponen lo que nos gusta. Pero resulta, que todo eso que nos gusta no está disponible en ninguna tienda de discos en este país. Entonces, aunque quisiéramos comprar un disco o regalárselo a alguien eso es imposible. Y no me digan que es lo mismo que nos regalen un link o un disco repleto de MP3 descargados que un disco con portadita y libro, envuelto en papel de regalo.

Tal vez soy de la vieja escuela, pero el objeto fetiche disco sigue existiendo, no solo por la portada, sino por el sonido. Un MP3 de tres megas es como tomar café chorreado en una bolsa que ha sido usada ocho veces con la misma broza. Ese formato es lo peor que le ha podido ocurrir a la música y si tuviéramos algo de dignidad jamás compraríamos archivos digitales en Amazon o iTunes que no sean MP3 con una compresión aceptable. Eso, si pudiéramos comprarlos, porque ni eso es permitido. Como la industria musical no tiene interés alguno en resolver SU problema (que no es nuestro, es de esas compañías) ni siquiera ha resuelto cómo cobrar una descarga de MP3 donde se incluya el impuesto de importación (¡válgame, si es que descargar desde aquí un MP3 de un servidor en EEUU es una importación de un bien a Costa Rica!!!) para que no tengamos que marearnos entrando a los noventas en Titi Online a descubrir que no hay nada de Muse, Andrew Bird, The Killers, Death Cab for Cutie, Paramore, Björk… (créanme, los busqué todos, incluso a Norah Jones y a La Secta. Tampoco estaban).

Todo esto me lleva a la pregunta, la cual formulo con todo respeto (NOT): ¿¿¿Qué putas esperan que hagamos??? Es indignante; sobre todo porque en el mejor de los casos nos van a vender una descarga de un café aguado que no nos permitirá escuchar todos los detalles que sí nos permitiría un acetato o una menor compresión. En el peor de los casos, los grupos post-MP3 terminarán grabando música que no tendrá armónicos ni sonidos ocultos porque ¿pa qué? ¿si nadie lo va a oír?. Ya hasta lo admiten: «Además, algunos músicos e ingenieros de audio dicen que el formato MP3 está cambiando la forma en la que los estudios mezclan las grabaciones. Ellos dicen que el formato MP3 «aplana» las dinámicas — las diferencias en tono y volumen — en una canción. Como resultado, mucha de la nueva música que sale de la industria tiene un sonido similar, y no hay nada como un enfoque en crear una experiencia de escucha dinámica. ¿Para qué trabajar tan duro creando sonido complejo si nadie puede detectarlo?» (Rolling Stone, The Death of High Fidelity, 26 de diciembre de 2007, tomado de aquí).

Por eso no me sorprende el post de Adrián sobre la venta de discos viejos. El precio no tiene nada que ver. Las causas tienen que ver con el objeto fetiche disco y lo que significa o no significa para la gente que jamás ha comprado uno. Adrián también pregunta si alguien aquí sigue comprando discos. Le respondo que yo lo haría si en las tiendas vendieran algo de lo que me gusta. Lo hago a pesar de la náusea que siento al leer: «Este fonograma es una obra intelectual protegida en favor de su productor… SE PROHIBE SU COPIA TOTAL O PARCIAL…» (así, en mayúsculas, gritándole a quien solo es culpable de haber comprado el disco y defendiendo al productor, no al artista). Pero tengo clarísimo que casi nadie compra discos porque comprar discos ya no es una experiencia gratificante; porque si comprar un disco es hacer clic para esperar quince días a que llegue a la casilla, mejor damos el clic en un enlace de descarga.

Pero hay otra razón por la cual la gente no compra discos. En una de mis charlas sobre la dictadura del todos los derechos reservados, pregunté a los 30 estudiantes veinteañeros si habían comprado un disco alguna vez. Uno respondió que sí, porque es cantautor y comprendía el esfuerzo que significa hacer un disco, para un músico local de un país como el nuestro. Los demás jamás lo habían hecho. ¿Será posible entonces que esos jóvenes jamás hayan escuchado música de verdad? ¿Será posible que si no es por conciertos, lo que ellos consideran música es un conjunto de deslavados MP3 a punto de llenar 1 TB en su computadora? ¿La gente no compra discos porque no diferencia un sonido del otro?

No tengo muy claro a dónde quiero llegar. La industria discográfica es aborrecible. Una industria que en lugar de innovar se dedica a demandar a adolescentes por descargar canciones, a tratar de pasar leyes que restringen nuestras libertades en Internet, a colocar DRMs que nos convierten en rehenes de nuestros aparatos* y nos obliga a escuchar apenas el aroma de la música, merece todo mi desprecio. Si a esto le sumamos, que esa industria tampoco nos permite descargar sus migajas de forma legal porque no ha comprendido que la Internet no necesita de un furgón que atraviese las fronteras, además de mi desprecio merece toda mi lástima y mi más sentido pésame.

Pero también el pésame es para la música, la de verdad, la que no está comprimida debajo del zapato de un pésimo formato. También es para los músicos independientes que aún no se dan cuenta de que rogándole un espacio a esa industria solo se suman a la etiqueta de despreciables, cuando lo que merecen es que los frutos de su trabajo ingresen a su cuenta bancaria.

Sin embargo, hay muchas cosas buenas que han salido de todo este absurdo. Bien por los que se han unido a proyectos como el de Autómata (aunque sea en mp3) y por sueños hechos realidad como Musopen (que ha logrado que la música que es de dominio público en la teoría, lo sea en la práctica). Bien por la Electronic Frontier Foundation y la lista de abogados dispuestos a defender a las personas acusadas de descargar ilegalmente la música en los Estados Unidos. Bien por las licencias Creative Commons que permiten compartir libremente.

Todas esas son soluciones en crecimiento, aunque ninguna de ellas permite que yo pueda comprar el disco del panameño Carlos Méndez. Por suerte un amigo, que sabe que yo a Apple jamás le daré uno de mis cincos, me compró los archivos en iTunes. Se lo agradezco mucho, aunque hubiera preferido ir Auco Disco y que Mauricio me dijera que el EP del 2007 que tengo de Carlos, es mejor que el disco que grabó en el 2009.

* Mis aparatos no tienen DRM’s porque uso software libre. También uso el formato ogg.

La imagen es de verbeeldingskr8

Mars Curiosity

Había perdido valiosos minutos de mi tiempo, hecho berrinche en las redes sociales hasta que mi buen amigo Sergio (el-que-todo-lo-sabe) me dijo que era broma la entrada de Andy Borowitz sobre el CERN, la NASA y la pelea de niños. Lo dice ahí por todos lados pero estaba ya tan molesta con LF que ni leí. ¿Cómo se me ocurrió que semejantes científicos podían comportarse así? Tal vez porque he visto la actitud en las listas de correo y se ha señalado en los estudios sobre mujeres y ciencia… pero ese es duende de otro cuento.

El caso es que por eso la entrada se llamaba «Dear Cern people» y contenía una diatriba en contra de lo que consideré, el mayor irrespeto al público en los últimos siglos. Claramente perdí la fe en la humanidad, así que me alegro que fuera una broma y acepto haber pasado semejante color.

Pasamos entonces al tema…

Anoche, mientras celebraba y después de decir que Percival Lowell estaría muy decepcionado y que Carl Sagan estaría muy feliz si estuviera vivo, LF me contestó que en realidad el amartizaje (que no me da la gana llamarlo aterrizaje) del Curiosity no era un hito y que en realidad, no tenía un impacto ni similar al Bosón de Higgs. Dejé pendiente escribir algo sobre eso y cuando el mismo LF me pasó la nota me quedé con el hígado en la mano.

La carta entonces, es para quienes tienen la suerte de comprender profundamente el Bosón de Higgs, la Teoría de Cuerdas y todas esas cosas que muchos otros solo podemos apenas atisbar, mirar de lado y buscar videos en youtube para tratar de comprender. Es lo que hago yo, que solo soy una grupie de Carl Sagan y me he leído varias veces el capítulo de física cuántica de A Briefer History of Time no tanto por gusto, sino por difícil.

De anoche, no solo me maravilló el robot, las simulaciones… me fascinó que estábamos mirando. Me encantó la idea de sentir que formamos parte de esto y que a diferencia del Challenger y otros hechos importantes en la carrera espacial, esta vez no teníamos que conformarnos con lo que nos querían contar, podíamos buscar más.

Como comentamos en el primer Café Científico, existen razones para que ahora el Boson de Higgs (más allá de sus repercusiones importantísimas) y el Mars Curiosity ocupen las portadas de los medios de comunicación: la ciencia se está quedando sin financiamiento. De ahí que me parezca aún más hermoso que la gente común y silvestre como yo (que incluso cae en las redes de un comediante que escribe muy bien) se interese y trate de entender.

Por eso la frase de LF me chocó. Porque es elitismo puro pensar que el Higgs es importante y lo demás no. Porque entonces la ciencia que la gente sí puede comprender queda en segunda categoría y LA verdadera ciencia es la que es enigmática, cerrada y requiere de cuatro doctorados para alcanzarle sus talones.

Y el manejo que la NASA hizo ayer del espectáculo, fue una enorme lección. CERN people en Google + estaba haciendo una gran labor hasta el mes de julio, pero ahora están desparecidos. Ojalá a la NASA no le suceda lo mismo. Después de todo, tenemos dos años para acompañar a @marscuriosity en sus reportes.

Anoche dejé todo lo que estaba haciendo, participé del Google Hangout, discutí en twitter, defendí el financiamiento para la ciencia frente a quienes decían que es una lástima que se gaste dinero en estas cosas mientras hay gente que sigue muriendo de hambre. Y fue muy curioso para mí mirar desde el otro lado; ver a aquella que alguna vez fui (la que decía que no habíamos llegado a la luna y que aquello eran fotos de algún desierto) y sentirme feliz. ¿Qué es lo que ha cambiado? – me pregunté antes de dormir. Y la respuesta fue, que ahora ignoro menos o al menos sé cuánto ignoro (y a veces Sergio me lo dice). Mi acercamiento con la física y afines ha sido tardío pero apasionado y en parte aprendo para que mi sobrino disfrute de las noches de luna nueva con una tía que le pueda decir qué está viendo pero sobre todo, qué no está viendo.

Pero además, como me hizo ver Luis el otro día, cuando cambian los puntos de referencia, las cosas parecen estar en otro lugar. De pronto, la inmensidad del universo hace que cosas aparentemente importantes (como hacer una tormenta en un vaso de agua) se conviertan en un detalle sin importancia en medio de tan fascinante escenario en el que nos tocó vivir.

Por favor, no dejen de ver esto Carl Sagan: Blues for a red planet

Después de la sorpresa: sobre la Ley de Delitos Informáticos

La semana pasada, la aprobación de la Ley de Delitos Informáticos en Costa Rica desató una serie de reacciones que me despiertan muchas inquietudes y me preocupan como ciudadana, como ciberactivista, como investigadora en temas de uso de la tecnología de información y comunicación; y como interesada en el tema de los derechos en el mundo digital.

La primera preocupación, tiene que ver con la reacción manipuladora y ¿desinformada? de la prensa. La segunda, con la reacción de la ciudadanía que en unos casos explotó a partir de la desinformación de los medios de comunicación, sin detenerse siquiera a leer la ley, y por la otra desestimó los asuntos que verdaderamente nos afectarán en nuestra libertad de expresión en Internet. La tercera tiene que ver con el funcionamiento de nuestra Asamblea Legislativa, el trabajo de los legisladores y de sus asesores, quienes al parecer consideran que estos temas no requieren de los aportes de personas con el conocimiento del cual ellos carecen. En el caso de esta ley, es relativamente fácil para mí notar las fallas, porque aunque no soy abogada este es un tema del cual me ocupo. Pero ¿qué pasará en el caso de leyes sobre Banca de Desarrollo, Ley de Tránsito y tantas otras que requieren de otros conocimientos especializados? Lo que ya sabemos: mamarrachos de ley. Y la cuarta preocupación: la ignorancia de la ley a nivel general, lo poco o nada que sabemos sobre cómo se redactan, implementan y se interpretan y el escaso interés que le ponemos a disposiciones que nos afectan a todos pero ni siquiera leemos hasta que llegan el día en el que nos acusan de algo. Como muestra, léanse el post de Julio Córdoba sobre leyes friki en Costa Rica.

El grito al cielo: 42 años después

Radio Reloj fue el primer medio en pegar el grito con este titular: Nueva ley de delitos informáticos castigaría con cárcel investigación y publicación periodística. La Nación le siguió con su titular Nueva ley impone cárcel a quien obtenga ‘información secreta política’. En el programa radiofónico de Amelia Rueda según me dicen, los radioescuchas tuvieron que bajarle el volumen a su radio ante la furia de esta comunicadora (aunque no pude encontrar ninguna nota en su sitio, pero es difícil encontrar cualquier cosa ahí). En todas las notas publicadas entre el 11 y el 12 de julio (con excepción de este y otros blogs), se omite que la frase cuestionada del artículo 288 «informaciones secretas políticas» está en el Código Penal costarricense desde 1970 e incluso, la fuente especialista de al menos dos de las notas (el exjuez y especialista en derecho penal Ewald Acuña) no menciona -o no le publican que menciona- ese hecho.

Los artículos que la prensa llama «mordaza»

Los artículos que los representantes de medios de comunicación, del Colegio de Periodistas y el Instituto de Prensa y Libertad de Expresión cuestionan, son los siguientes:

“Artículo 196.- Violación de correspondencia o comunicaciones
Será reprimido con pena de prisión de tres a seis años quien, con peligro o daño para la intimidad o privacidad de un tercero, y sin su autorización, se apodere, accese, modifique, altere, suprima, intervenga, intercepte, utilice, abra, difunda o desvíe de su destino documentos o comunicaciones dirigidos a otra persona.

La pena será de cuatro a ocho años de prisión si las conductas descritas son realizadas por:
a) Las personas encargadas de la recolección, entrega o salvaguarda de los documentos o comunicaciones.
b) Las personas encargadas de administrar o dar soporte al sistema o red informática o telemática, o bien, que en razón de sus funciones tengan acceso a dicho sistema o red, o a los contenedores electrónicos, ópticos o magnéticos.

Para el artículo 196, es incomprensible la sorpresa por parte de la prensa. La violación de correspondencia constituye un delito desde hace décadas y la violación de comunicaciones electrónicas está tipificada desde el año 2001, como explicó José Medrano en su blog. # Olviden el nombre del blog y tomen en serio lo que escribe sobre nuestra legislación relacionada con el entorno digital.

Sorprende entonces que una nota publicada por el Semanario Universidad señale que esta nueva disposición inhibiría la publicación de documentos como el memorando del miedo publicado por ese medio en el 2007, pues desde el 2001 está vigente el mismo artículo, el cual ya no señala únicamente a quien abriera la documentación sino también a quien la hubiera extraído (es decir, al informante) y a quien la difundiera*. De hecho, el artículo 196 parece más bien proteger a los medios de comunicación en estos casos, incluyendo las condiciones «con peligro o daño para la intimidad o privacidad de un tercero», algo que definitivamente no es lo que se vulneró en el caso del memorando Casas-Sánchez, pues la publicación de ese documento se daba en el marco del interés público y no puede señalarse como un daño a la intimidad de un tercero.

Continuar leyendo «Después de la sorpresa: sobre la Ley de Delitos Informáticos»

Ley de delitos informáticos: más preguntas que respuestas

No tengo respuestas, solo dudas. Y no soy abogada así que pongo esto aquí para que tratemos de responder las preguntas.

Aquí pueden leer el proyecto original y de aquí pueden ver la ley que está en vigencia. La ley nueva está aquí y el Código Penal está aquí.

Artículo 1, reforma al artículo 167 del código penal:

Incluye redes sociales o cualquier otro medio informático o telemático en casos de corrupción de menores o personas «incapaces» (sic). No le veo problema más allá de que mencione a personas incapaces.

Reforma al artículo 196: Violación de correspondencia o comunicaciones

Penas de cuatro a ocho años por violación de correspondencia o comunicaciones a:

a) Las personas encargadas de la recolección, entrega o salvaguarda de los documentos o comunicaciones.

b) Las personas encargadas de administrar o dar soporte al sistema o red informática o telemática, o bien, que en razón de sus funciones tengan acceso a dicho sistema o red, o a los contenedores electrónicos, ópticos o magnéticos.


1. Violar correspondencia siempre ha sido prohibido. Lo que la prensa cuestiona ¿es el aumento de las penas de cárcel? (pasan de entre uno a tres años a penas de cuatro a ocho años) o ¿es porque se añade la publicación? ¿consideran que están en su derecho de interceptar correspondencia y publicarla? Una cosa es interceptarla y otra, recibirla de un informante. El informante es el que en este caso se vería afectado y sí, no parece haber intención alguna de hacer salvedades cuando lo que se informa es de interés nacional. La diferencia central con la reforma del 2001 es que ahora se incluyen las palabras «publique y difunda».

2. Me parece que deja por fuera a las personas que podrían dar la orden para que eso se ejecute. La responsabilidad recae en el funcionario de soporte o departamento de informática únicamente. Desconozco si se contempla eso en general como incitar a alguien a delinquir. Si yo administrara una red, estaría muy preocupada de ser el chivo expiatorio.

Artículo 196 bis.- Violación de datos personales
Será sancionado con pena de prisión de tres a seis años quien en beneficio propio o de un tercero, con peligro o daño para la intimidad o privacidad y sin la autorización del titular de los datos, se apodere, modifique, interfiera, acceda, copie, transmita, publique, difunda, recopile, inutilice, intercepte, retenga, venda, compre, desvíe para un fin distinto para el que fueron recolectados o dé un tratamiento no autorizado a las imágenes o datos de una persona física o jurídica almacenados en sistemas o redes informáticas o telemáticas, o en contenedores electrónicos, ópticos o magnéticos.

Quisiera saber a qué le llaman datos personales en la ley. ¿Son datos privados o cualquier tipo de dato personal, sea sensible o no sensible?

Por otro lado, este artículo parece tener la intención de protegernos de empresas como Datum si no fuera porque ahora los bancos nos hacen firmar una hoja donde damos autorización para usar nuestros datos personales. Entonces, el vacío da suficiente espacio porque la única condición es el consentimiento sin que existan niveles para por ejemplo, autorizar el uso de los datos pero no la venta de los mismos. O sea, es un saludo a la bandera.

Lo que sigue es incomprensible:

La pena será de cuatro a ocho años de prisión cuando las conductas descritas en esta norma:

a) Sean realizadas por personas encargadas de administrar o dar soporte al sistema o red informática o telemática, o bien, que en razón de sus funciones tengan acceso a dicho sistema o red, o a los contenedores electrónicos, ópticos o magnéticos.

b) Cuando los datos sean de carácter público o estén contenidos en bases de datos públicas.

De nuevo la responsabilidad es de los funcionarios de mandos medios o bajos.

¿A qué le llaman datos públicos? Si los datos son públicos es obligación del Estado ponerlos a disposición de la ciudadanía. Este debería ser el artículo criticado por la prensa, digo yo.

Artículo 288.- Espionaje

Será reprimido con prisión de cuatro a ocho años al que procure u obtenga indebidamente informaciones secretas políticas o de los cuerpos de policía nacionales o de seguridad concernientes a los medios de defensa o a las relaciones exteriores de la nación, o afecte la lucha contra el narcotráfico o el crimen organizado.

La pena será de cinco a diez años de prisión cuando la conducta se realice mediante manipulación informática, programas informáticos maliciosos o por el uso de tecnologías de la información y la comunicación.”

Lo primero que diré, es que lo cuestionable de este artículo ya está en el Código Penal actual. No comprendo la sorpresa de la prensa, aunque sí la nuestra porque es una aberración. En principio, parecería que es un asunto de resguardar la seguridad nacional pero:

1. ¿Qué son «informaciones secretas políticas»? Este detalle está hecho a la medida del Memorándum del Miedo, evidentemente. Y como no parece haber intención alguna de transparencia, toda la información pública que no se nos brinda aunque tengamos derecho a ella, ¿es secreta?

2. ¿A qué se refieren con «las relaciones exteriores» de la nación? ¿Pedir las actas de la comisión fantasma de la trocha es afectar las relaciones exteriores?

Artículo 229 ter.- Sabotaje informático

Se impondrá pena de prisión de tres a seis años al que, en provecho propio o de un tercero, destruya, altere, entorpezca o inutilice la información contenida en una base de datos, o bien, impida, altere, obstaculice o modifique sin autorización el funcionamiento de un sistema de tratamiento de información, sus partes o componentes físicos o lógicos, o un sistema informático.

«altere (…) modifique sin autorización» ¿autorización de quién? Ojo. Que no nos salgan luego con que modificar un software Open Source es sabotaje informático.

ARTÍCULO 3.- Modifícase la sección VIII del título VII de la Ley N.o 4573, Código Penal, de 4 de mayo de 1970, y sus reformas; se corre la numeración de los artículos subsiguientes. El texto dirá (…)

En Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Canadá, Jamaica entre otros países se protege la figura del whistleblower (o «soplón») pero en Costa Rica, estamos muy lejos de eso y vamos para atrás. La ley parece estar hecha a la medida de los revoltosos en Internet y de los funcionarios del Ministerio de Hacienda que filtraron información. El verdadero gol de la Ley de Delitos Informáticos es este:

«Artículo 230.- Suplantación de identidad
Será sancionado con pena de prisión de tres a seis años quien
suplante la identidad de una persona en cualquier red social, sitio de Internet, medio electrónico o tecnológico de información. La misma pena se le impondrá a quien, utilizando una identidad falsa o inexistente, cause perjuicio a un tercero.
La pena será de cuatro a ocho años de prisión si con las conductas anteriores se causa un perjuicio a una persona menor de edad o incapaz».

Identidad falsa es El Infierno en Costa Rica, El Chamuco o mi nick de twitter, mi blog de blogger del 2004. Y perjuicio ¿qué es?

Artículo 231.- Espionaje informático

Se impondrá prisión de tres a seis años al que, sin autorización del titular o responsable, valiéndose de cualquier manipulación informática o tecnológica, se apodere, transmita, copie, modifique, destruya, utilice, bloquee o recicle información de valor para el tráfico económico de la industria y el comercio.

¿Esto o está regulado ya como secreto comercial? ¿Qué es lo que cabe como «información de valor»?

Artículo 232.- Instalación o propagación de programas informáticos maliciosos

Será sancionado con prisión de uno a seis años quien sin autorización, y por cualquier medio, instale programas informáticos maliciosos en un sistema o red informática o telemática, o en los contenedores electrónicos, ópticos o magnéticos.

Quien redactó eso no sabe que el spyware y otros tipos de software malicioso es instalado por la persona usuaria sin saberlo. Recomiendo una vez más pasarse a software libre porque si no, van todos para la cárcel.

La pena será de tres a nueve años de prisión cuando el programa informático malicioso:

i) Afecte a una entidad bancaria, financiera, cooperativa de ahorro y crédito, asociación solidarista o ente estatal.

¿Y como por qué las asociaciones solidaristas y no los sindicatos, las cooperativas de otro tipo, las organizaciones no gubernamentales en general?

Artículo 236.- Difusión de información falsa

Será sancionado con pena de tres a seis años de prisión quien, a través de medios electrónicos, informáticos, o mediante un sistema de telecomunicaciones, propague o difunda noticias o hechos falsos capaces de distorsionar o causar perjuicio a la seguridad y estabilidad del sistema financiero o de sus usuarios.

Ver el caso Jeanfer en Guatemala. Ya saben, nada de trollear a los bancos.

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Los problemas de la ley no se resuelven con redactarla mejor. Hay que empujar una ley de transparencia y rendición de cuentas que convierta los datos públicos en datos públicos (ahora no lo son) y elimine el adjetivo «secreto» a la información política. Así resolvemos el problema de una vez y dejamos de hacer parches.

Tenemos que resolver también la definición de Secreto de Estado.

Además, el Colegio de Profesionales en Informática y Computación, las universidades e incluso CAMTIC deberían pronunciarse. Esto pone en peligro la profesión.

Las mejores noticias

Un extracto de lo que publica Linux News Here en Google+ hoy.

«De acuerdo con Zacchiroli, las razones para conseguir que Debian sea apoyado por la FSF son varias: desde la prevención de duplicación de esfuerzos en muchas distribuciones derivadas de Debian hasta los problemas en las relaciones públicas que el proyecto está experimentando porque la distribución original no está incluida en la lista de la FSF (…) Para completar sus planes, Zacchiroli dice que está buscando personas voluntarias para que clasifiquen los problemas relacionados con esta situación. Su meta es lograr que Debian sea incluida en la lista de la FSF o preparar documentación que establezca claramente por qué la distribución no está incluida. En este último caso, espera que Debian al menos se deshaga de la confusión que experimentan potenciales personas usuarias cuando descubren que el proyecto – a la vez que claramente se adhiere a los ideales del software libre- no está apoyado oficialmente por la FSF»